Hace ya unas cuantas décadas que las normas en el vestir han saltado por lo aires y hoy es habitual ver a gente que va al teatro en chándal, que acude al Congreso de los Diputados en camiseta y que pasea por la ciudad hasta en traje de baño.
Cuando yo era pequeña, había que seguir determinados códigos a la hora de vestir. No vestías igual si ibas a jugar que si se trataba de visitar a unas tías, acudir a la fiesta de fin de curso del colegio, ir al cine o comer en un restaurante con tus abuelos. Hoy da lo mismo donde uno vaya, porque ya digo que el personal se viste sin seguir otro código que el de su gusto personal. Sin embargo, yo creo que vestirse es algo más que cubrirse el cuerpo. Vestirse, además de una necesidad para evitar el frío o el calor, tiene sus propios ritos. Te vistes con lo que te sientes bien y te gusta, pero también pensando en los demás, porque lo que te pones tiene su propio simbolismo y, a través de él, también te comunicas con los otros.
Es evidente que uno debe vestirse de acuerdo con lo que tenga que hacer. Para estar trabajando en el campo, se necesita ropa cómoda; pero para trabajar, pongo por caso, en una tienda o atendiendo al publico, la ropa amén de cómoda debe de tener en cuenta a los demás. Es una cuestión, si me apuran, de respeto además de estética. También me soliviantan esos dictadores de la moda que imponen tacones de 20 centímetros sin tener en cuenta que son inhumanos. No se puede estar subida a unos taconazos desde las ocho de la mañana hasta la noche. Pero no subirse a unos tacones de esa altura no significa ir desarreglada.
Y eso de ir de cualquier manera ha llevado a muchos hombres a enfundarse pantalones cortos y chanclas, pero no para ir a la playa, que es lo razonable, sino para ir por la ciudad. Les confieso que yo jamás podría sentir interés por un hombre que saliera por Madrid, pongo por caso, con pantalones cortos y chanclas. Ya sé que en verano el calor aprieta, pero verlos de esta guisa me deja helada. Algunos incluso lucen piernas depiladas cual pollos desplumados, lo que me provoca aún más repelús.
Yo creo que, a la hora de vestirse, uno debe tener en cuenta dónde está y dónde va, amén de qué edad tiene. Ver a chicos jóvenes en pantalón corto y deportivas es una cosa, pero ver a hombres hechos y derechos, a veces con barriga incluida, enfundados en un short y calzados con unas chanclas para pasear por la ciudad es otro cantar. Quién sabe, a lo mejor cunde el ejemplo de Christopher Nolan.
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