Flaco favor

Una semana más, nuestra colaboradora Anne Igartiburu reflexiona para nosotros.

Anne Igartiburu
Anne Igartiburu

Una decepción más. Ante el estupor de los que durante años han ayudado a una familia necesitada que, ahora, parece tener a alguien que no hacía bien las cosas. No es la primera vez que vemos en los medios una noticias así. Incluso conocemos casos cercanos de personas que han utilizado de manera fraudulenta los donativos. Ni que decir tienen aquellos casos en los que instituciones 'respetables' han engordado sus cuentas bancarias y reputación amparándose en su trabajo por un futuro mejor para los más desfavorecidos. Instituciones con grandes logos y mucha repercusión que han visto cómo un miembro del equipo estaba actuando de manera fraudulenta.

Tocar la sensibilidad de todos y hacernos partícipes de la posibilidad de ayudar, darle dignidad a las personas que más lo necesitan hablando en los medios y redes, comunicando e informando sobre la situación que atraviesan sus familias de manera creíble, fidedigna y honesta. Eso es lo que hacen familiares, amigos, instituciones y voluntarios de las buenas causas.

Flaco favor le hacen personas que en nombre de los menos favorecidos 'despistan' su actitud más ética y cabal para que su bolsillo engorde a costa de los que se entregan para recaudar lo inimaginable. Lo aportado se transforma de sacrificio en satisfacción inmensa. Y nada llena más que saber que lo donado cambiará la vida a alguien. Nuestro país puede estar orgulloso de su capacidad de comprometerse en causas pequeñas y grandes catástrofes.

La picaresca cuando se ejerce en asuntos solidarios huele a podrido

Quizá por eso nos sorprendemos cuando alguien se aprovecha de los más débiles y nos engaña con estrategias emotivas. Nos sorprende que nos roben y utilicen, dándonos donde más nos duele: nuestro deseo de sentirnos útiles y considerados con quienes necesitan ayuda urgente. Jugar con el futuro de quien ni siquiera puede escribirlo o imaginarlo es demasiado triste. Pero sucede. Con poca o ninguna transparencia y, muchas veces, sin auditar sus cuentas. La picaresca cuando se ejerce en asuntos solidarios huele a podrido.

No dejemos que estas trampas nos desanimen a colaborar, sobre todo en estas fechas que la mayoría de las instituciones doblan esfuerzos para dar el último tirón y convencernos de la importancia de colaborar. Dejemos que la honestidad y el buen hacer venza a cuatro impresentables que violan la esencia del principio de solidaridad.

Sigamos creyendo en la fuerza que hacemos juntos, pero incluso en ser implacables con los ruines que juegan con enfermos o afectados de cualquier modo al mismo tiempo que con nosotros. Seamos implacables en el rechazo público cuando confirmemos que algo así sucede. No nos avergoncemos de ello ni lo encubramos sintiéndonos utilizados. Todo pasa por algo, y esto también nos enseña la grandeza de nuestro compromiso, puro y desinteresado.