LA DOLCE VITA EN VITORIA
LA DOLCE VITA EN VITORIA
Hace tiempo que Iñaki Urdangarin optó por un perfil bajo, bajísimo, para su nueva vida en Vitoria. Se terminaron las noticias virales semana sí semana también, con fotos impactantes como la del ex duque de Palma saliendo de la cárcel de Brieva, paseando por la playa de Bidart con una mujer (Ainhoa Armentia) que no era la oficial o llorando en un coche. Todo ha cambiado desde que firmara su divorcio de la infanta Cristina, en diciembre de 2023.
Dos circunstancias se confirmaron en los hechos mismos poco después de la salida de la cárcel de Iñaki Urdangarin. Una, la más aplastante, fue su decisión de iniciar una nueva vida totalmente alejado de la familia Borbón, pese a que la infanta Cristina hubiera estado en todo momento a su lado, incluso distanciándose de la familia real para apuntalar la solidez de su matrimonio. Fue en vano, evidentemente.
La otra circunstancia, mucho más silenciosa pero tremendamente humillante, tuvo que ver con el futuro laboral de Iñaki Urdangarin. En 2022, supimos que el ex duque de Palma quiso reciclarse como entrenador deportivo y, a tal efecto, realizó un curso con prácticas incluidas en el FC Barcelona. Recordemos, el club en el que hizo la parte más sustancial de su carrera deportiva, con el que jugó 14 temporadas y ganó 53 títulos, incluidas seis Copas de Europa de Balonmano y diez Ligas.
Desafortunadamente, el club de sus amores no quiso saber nada de él y, pese a mover cuidadosamente sus hilos, las esperanzas de colocarse en el Barcelona o sus alrededores deportivos no pudo ser. Muy pronto, Iñaki Urdangarin y todo el mundo advertimos que lo iba a tener más que difícil para desarrollar una carrera profesional, a no ser que alguien muy poderoso pidiera muchos favores. Algo que, como hoy sabemos, no se produjo, ya que el ex duque de Palma jamás logró trabajo.
El asunto del futuro laboral de Iñaki Urdangarin adquirió la consistencia de tragedia, dada la crueldad de una humillación que se producía frente a todos. Se comentó que no tenía dinero, que su madre le ayudaba o que era su nueva novia, Ainhoa Armentia, la que sufragaba sus escapadas de vacaciones. Sea como fuere, sus dificultades económicas debieron terminar con la firma del divorcio. Desde entonces, la cuestión laboral del olímpico balonmanista ha pasado a tercer plano.
Hace ya años que no vemos a Iñaki Urdangarin con el preceptivo traje de ejecutivo. /
Del trabajo ya no hablamos porque, efectivamente, no existe tal. Sí continúan las escapadas de vacaciones, las últimas, en San Valentín, en Palma de Mallorca. Iñaki Urdangarin y Ainhoa Armentia pasearon de la mano, cenaron y se amartelaron en Puerto Portals, territorio cien por cien Borbón y no precisamente barato. Se hospedaron en un hotel cercano a Marivent y jugaron al pádel, deporte en el que se inició durante su matrimonio con la infanta Cristina.
No era la primera vez que los destinos vacacionales de Iñaki Urdangarin incomodaban a la familia real. En febrero de 2023, la pareja Urdangarin Armentia viajaron a Baqueira, otro enclave significado en la biografía de la familia real. Más aún: se publicó que el ex duque de Palma se alojó con su novia en el mismo chalé de la urbanización La Pleta que se cede a la familia real. Fue todo un escándalo, hasta el punto que el rey Felipe viajó poco después a Baqueira, probablemente para aclarar términos.
Esta versión desafiante y disfrutona de Iñaki Urdangarin no encaja demasiado bien en la tragedia sentimental y laboral que llegó a trazarse a propósito de su figura. Sin embargo, sí encaja con lo que sabemos de su actual vida, absolutamente despreocupada ya de su destino laboral. El deportista ya no parece preocupado por no tener trabajo y, de hecho, tiene todo el tiempo del mundo para hacerle compañía a su madre, disfrutar de su relación y jugar al pádel o al tenis en el club al que pertenece.
Lo diremos sin rodeos: Iñaki Urdangarin lleva una vida de nini millonario. Tras liquidar todos sus bienes para hacer frente a las responsabilidades derivadas del caso Nóos, solo posee un local que acaba de heredar en Urretxu, el pueblo de su familia, cuya propiedad comparte con siete personas más. Aún así, no parece que le falte liquidez, diríamos por sus frecuentes vacaciones. Y, además, tampoco expresa ya deseo alguno de trabajar. Un nini, pero sin preocupaciones.