Andrea Arnold, «La mitad de la humanidad somos mujeres, eso quiere decir que hay experiencias femeninas y masculinas»

No lo llama documental, pero tampoco es ficción. En su nueva película, la directora de culto ha pasado de dirigir a estrellas como Nicole Kidman o Meryl Streep a convertir en protagonista a una vaca lechera llamada Luma.

Andrea Arnold ganó un Oscar en 2004 por su película Wasp. / RON & VALERIE TAYLOR.

Irene Crespo

El cine de Andrea Arnold (Dartford, Reino Unido, 1961) es socialmente comprometido, realista, naturalista. Le han comparado con Ken Loach y Alan Clarke. Ella siempre ha defendido su manera de rodar y los temas que le interesan por el mundo en el que creció: un suburbio rural de Inglaterra, con una madre que antes de cumplir 22 años ya tenía cuatro hijos. Ella se marchó de casa antes de los 18, sin acabar los estudios, para probar suerte como bailarina o actriz. Fue presentadora de un programa juvenil en televisión hasta que se encontró con su vocación como directora.

En 2004, ganó un Óscar por su corto Wasp. (competía con, entre otros, Nacho Vigalondo). Y en 2006 estrenó el primero de sus cinco largometrajes, Red road. Aunque fue el segundo, Fish tank con Michael Fassbender, el que le dio fama mundial. Su asalto a EE.UU. comenzó estudiando muy de cerca su juventud perdida en American honey, gracias a la cual empezaron a encargarle grandes series. De la última, la segunda temporada de Big little lies, se niega a comentar por qué le quitaron el control creativo en la sala de montaje. Prefiere hablar de la recién estrenada Vaca, su último largometraje, de no ficción, en el que siguió a una vaca lechera durante cuatro años. El resultado: su película más personal y feminista.

Cartel de la película Vaca de Andrea Arnold.

Mujerhoy. Una lee la sinopsis de Vaca y piensa en una bonita película sobre vacas y naturaleza, pero ha asegurado que es el trabajo en el que más hay de usted misma.

Andrea Arnold. Me llevó mucho tiempo hacerla y ya antes de que se me ocurriera seguir a una vaca y encontrar su conciencia, llevaba años pensando en un filme sobre animales de granja. Luma, la vaca, es parte de mí.

La película va más allá del debate vegano, animalista o de la industria ganadera.

Creo de verdad en el cine. También en que el público se involucra cuando enseñas y no les explicas todo para que su imaginación trabaje. Veo el cine como una forma de arte, y creo en el valor de la pantalla grande. Los ojos de Luma dicen tanto. Con los animales no hay artificio posible, yo solo muestro los comportamientos o reacciones a lo que le pasa (cuando le quitan sus terneros nada más nacer, cuando la cruzan, cuando la ordeñan). He oído todo tipo de reacciones al ver la película: desmayos, ataques de pánico... A unos les transmite soledad, muchos dicen que es una película muy feminista porque habla de maternidad, fertilidad, de sentir que tu cuerpo no te pertenece. Este tipo de diálogo con el público es lo que me hace comprometerme con mi cine.

¿Por eso pasó de ser bailarina, presentadora y actriz a directora?

Cuando empecé a dirigir, pensé que todo lo que había hecho en mi vida daba sentido a ese momento y podía usarlo. Aún bailo, creo en la cámara como una coreografía con los actores; y haber actuado me hace respetarlos y entenderlos. Lo único que no disfruto es escribiendo, es una experiencia solitaria y miserable.

«La mitad de la humanidad somos mujeres, eso quiere decir que hay experiencias femeninas y masculinas. ¿Por qué solo vemos las masculinas?»

¿También ser mujer puede resultar solitario en esta industria?

No me he sentido sola porque siempre me he rodeado de mujeres. Pero cuando vas a festivales, ves que no hay ni una película dirigida por mujeres, piensas que cómo es posible. La mitad de la humanidad somos mujeres, eso quiere decir que hay experiencias femeninas y masculinas. En cambio, ¿por qué solo vemos las de los hombres?

Usted llegó a reclamar discriminación positiva para las mujeres en el cine. ¿Ha advertido cambios en la industria?

Desde luego, siento que el ambiente es diferente. Incluso en producciones inmensas como Big little lies, había muchas mujeres en departamentos técnicos. Estuve en los últimos BAFTA, Jane Campion ganó y había más mujeres presentes. Aún nos queda la barrera de las grandes películas tipo James Bond, pero, mira, al menos esta vez la guionista era una mujer.

Andrea en 2004 ganó un Oscar por su cortot Wasp.

¿Siente que ha tenido que esforzarse más por ser una mujer con una visión tan única, de autora?

No lo sé, no puedo comparar. Pero sí pienso que venir de un entorno de clase obrera y sin educación fue un problema. Cuando empecé, todos tenían sus títulos de Oxford o Cambridge, habían conseguido relacionarse con gente de la industria. Estudiar en este tipo de escuelas ricas creo que te da confianza y abre puertas. Yo tuve las cosas un poco más difíciles. Y ahora que estoy en este lugar me siento privilegiada, tengo la misión de mostrar los mundos que conozco y entiendo.

¿Qué recuerda de su primer rodaje?

En Milk, el corto que dirigí en 1999, recuerdo que el día que íbamos a rodar la última escena rompí a llorar, sobrepasada. Y de pronto pensé: ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Que haga una película mala? [Se ríe] Pues no pasa nada. Ahí aprendí que lo importante de la creación artística es arriesgarse. Y también que está bien fracasar. Yo me sigo arriesgando, como con Vaca, nunca sé si la gente va a conectar con mis películas, pero hasta ahora he tenido suerte. Ya veremos qué pasa con mi próximo guion, me está dando tanta guerra que creo que será un desastre, pero tampoco pasa nada [se ríe].

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