Hablamos con Ana Bujaldón Solana, empresaria y presidenta de FEDEPE, la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias, creada en 1987. La institución sin ánimo de lucro vela por el reconocimiento laboral de la mujer en las posiciones de liderazgo desde su nacimiento, fruto del entusiasmo de un grupo de mujeres pioneras por hacer resonar su voz y su poder. Hoy, Bujaldón recoge ese importante testigo y ha hablado con Mujerhoy para ilustrarnos acerca de la historia de la entidad y el camino que tomará en el futuro más cercano. El camino hacia el fin de la exclusión femenina , para que ninguna mujer tenga que abandonar su trabajo .
¿Cuál es el papel de FEDEPE a la hora de situar a la figura femenina en el lugar que le corresponde, laboralmente hablando?
Desde nuestro nacimiento, en 1987, hemos sido una federación comprometida con el desarrollo profesional de las mujeres. Nuestro propósito es visibilizar el talento y liderazgo de las mujeres en el ámbito laboral y empresarial, combatiendo los estereotipos y las barreras que frenan nuestro ascenso a puestos de decisión. Hoy en día FEDEPE es la organización más representativa e importante del liderazgo femenino, con más de 26.000 mujeres en toda España. Somos una federación plural e independiente.
Con la crisis generada por la pandemia, ¿cómo se han visto afectadas las condiciones y la situación laboral femenina?
El impacto ha sido especialmente importante sobre las mujeres, que hemos sufrido mayores niveles de desempleo y precariedad laboral. Nosotras acumulamos el grueso de los contratos temporales y con jornada parcial en España. La pandemia nos ha ocasionado, además, una carga de trabajo adicional –por la asunción de un mayor protagonismo, si cabe, en el cuidado de familiares– en detrimento de la salud física y mental.
La ministra de trabajo, Yolanda Díaz, ha luchado por mejorar esas condiciones y la conciliación ¿ha resultado efectiva su actuación? ¿qué más haría falta?
El gobierno ha articulado herramientas importantes como los ERTE y medidas específicas para autónomos, pero hemos echado en falta una protección específica a las mujeres en los sectores más afectados por la crisis y al emprendimiento femenino. Muchos negocios liderados por mujeres han tenido que echar el cierre por falta de ayudas directas y medidas específicas de apoyo.
Ana Bujaldón junto a la ministra de igualdad, Irene Montero, y a la reina Letizia. /
Muchas mujeres retrasan o descartan la idea de tener hijos por la mala conciliación laboral, ¿existe una solución? ¿por qué es invisible la maternidad?
La solución es asumir que los hijos son responsabilidad de madres y padres por igual. No se puede seguir penalizando profesionalmente a la mujer ni considerando que este es un problema nuestro que tenemos que resolver nosotras. La sociedad y la empresa deben proteger la maternidad y la paternidad, y avanzar en corresponsabilidad y conciliación. En este asunto, como en otros muchos, necesitamos la implicación activa de los hombres.
La maternidad y la paternidad debe abordarse como un activo económico y un compromiso de las personas con la sociedad, que hay que proteger. No olvidemos que uno de los principales problemas que en la actualidad tiene nuestro país es la baja tasa de natalidad (en los últimos 10 años se ha reducido un 27% y, el año pasado, con la pandemia, aún más) y el envejecimiento de la población. Todo esto tiene una enorme repercusión sobre nuestra sociedad y nuestra economía.
¿Cómo es el feminismo con el que actúa FEDEPE para acabar con la violencia machista en el ámbito laboral?
Siempre hemos estado comprometidas contra la violencia machista en todos los ámbitos. Específicamente en el ámbito laboral, a través de la implantación de los planes de igualdad que prevén la detección y sanción de este tipo de comportamientos inadmisibles. Aún hay que seguir trabajando para acabar con el acoso sexual, la sexualización de las mujeres o el paternalismo que seguimos sufriendo en ciertos ámbitos laborales. Es un asunto que hemos abordado en distintas ocasiones, una de ellas en 2018 en una mesa redonda que organizamos en el marco de la asamblea anual de ONU Mujeres, en Nueva York, titulada «El acoso a la mujer en el ámbito profesional: poder y silencio».
Parece que la cultura empresarial ha dictado tradicionalmente que los directivos deben ser hombres, ¿se está invirtiendo la tendencia? ¿cómo se consigue?
La cultura empresarial ha estado dominada tradicionalmente por los hombres, entre otras cosas por la tardía incorporación de las mujeres a la fuerza laboral. Desde entonces ha llovido mucho, aunque quedan temas pendientes, como terminar con el techo de cristal. Todavía, según sube el escalafón directivo, van desapareciendo las mujeres. El poder, y por lo tanto la posibilidad de cambiar las cosas, sigue estando en manos de los hombres. Por eso reivindicamos la presencia de las mujeres en los ámbitos de poder y decisión.
Es importante una mayor presencia de las mujeres en los Consejos de Administración de las grandes empresas donde aún hay 14 empresas con menos del 30% de mujeres consejeras (un porcentaje fijado como objetivo para 2020). Incluso hay empresas que aún tienen menos del 20% y 10 empresas del mercado continuo que no tienen ni una sola mujer en sus consejos de administración.
Todo empieza por una educación en igualdad y un compromiso social y empresarial activo para alcanzar la igualdad real de oportunidades.
Hablando sobre paridad, ¿son efectivas las cuotas de paridad o es más instructivo, a la larga, educar a la sociedad para que la igualdad llegue de forma natural?
Creo que son compatibles ambas cosas. Las cuotas han demostrado allí donde se han utilizado, en algunos países europeos como Noruega, Francia o Alemania, y en algunas organizaciones, que funcionan y son buenas para las empresas.
Hay que acabar con las reticencias hacia las cuotas y verlas como una oportunidad de propiciar el cambio. Así ha sucedido en el ámbito político, donde gracias a las cuotas se ha impulsado la presencia de mujeres en partidos y parlamentos.
Paralelamente, debemos educar en igualdad desde etapas bien tempranas, en el colegio y en el ámbito familiar.
La ministra Nadia Calviño posando con Ana Bujaldón. /
¿Es la educación en los niños de ahora para que en el futuro no se repitan los errores machistas que siguen sucediendo? ¿Cómo debe ser?
Sí, como apuntaba antes, la educación de los niños y niñas es clave para conseguir una sociedad igualitaria. Debemos garantizar una educación sin sesgos, sin limitaciones, que no dirija a las personas hacia determinadas disciplinas en función de su género. Que no atribuya un papel a la mujer por el hecho de ser mujer. Hay iniciativas en este sentido muy interesantes, como Think Equal, una iniciativa internacional en la que FEDEPE colabora junto a la Fundación Gomaspemuma para que los más pequeños crezcan y aprendan en igualdad.
Tenemos que ser capaces de ver y apreciar el talento, proceda de quien proceda. Y acabar con creencias populares extendidas, que aseguran, por ejemplo, que las mujeres somos malas en matemáticas o que nos comprometemos menos con la empresa. Sencillamente son falsas.
Sobre el síndrome de la impostora ¿por qué se da? ¿y por qué más en mujeres?
Porque estamos educadas en la desigualdad y en el reconocimiento profesional a los hombres, por pequeña que sea su acción. Por eso las mujeres nos auto exigimos más. Tenemos que ser doblemente brillantes, y demostrar mucho más que nos merecemos el reconocimiento. No es fácil desprenderse de esas etiquetas, pero tenemos que creérnoslo más. Tenemos el talento y el derecho de ser lideresas, protagonistas de pleno derecho de nuestra vida, a todos los niveles. Es un mensaje que han trasladado al mundo mujeres tan relevantes como la vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris, al tomar posesión de su cargo.
Entonces, dijo: «A las niñas y mujeres de todo el mundo: sueñen con ambición y sepan que no hay límites para lo que pueden ser.»
Debemos sentirnos orgullosas de lo que somos y de nuestros éxitos, porque son muchos e importantes. Nos hace falta una mayor confianza y poder para cambiar un mundo que ha silenciado nuestros logros.
El 2020 fue un año especial para FEDEPE, el del XXX Aniversario de sus Premios. ¿Qué ha supuesto 2021 para su federación?
2021 fue un año de celebración y grandes retos, inmersas como estábamos en un complicado periodo de reactivación económica. En septiembre celebramos la entrega de nuestros premios en el estadio Wanda Metropolitano de Madrid, y en este marco del 30 Aniversario, dos cumbres, una en Madrid y otra en Bilbao, que nos sirvieron para poner en valor el papel de las mujeres en la crisis. Para FEDEPE, organización impulsora de cambios, ha sido un año especial donde hemos intentado trasladar esperanza y tenemos confianza en este 2022.
Además, han publicado un barómetro para evaluar el impacto de esta crisis entre las mujeres…
Sí, teníamos la necesidad, y creo que la obligación, de saber cómo se habían enfrentado las mujeres a la crisis y cuáles habían sido sus principales dificultades. Es una encuesta muy completa, pero si tengo que destacar alguna de sus conclusiones, diría que el hecho de que el 85% de las mujeres considere necesario impulsar políticas en materia de teletrabajo y conciliación familiar y que el 63% afirme que su salud empeoró durante la pandemia.
En el mes de mayo presentamos los resultados de nuestro primer barómetro a Su Majestad la Reina que ha ostentado la presidencia de honor del XXX Aniversario de nuestros premios.
¿Un deseo para 2022?
Más empresas valientes y comprometidas con el talento de las mujeres. Más hombres activos en su compromiso con la igualdad. Más perspectiva de género en estudios y políticas que impulsen la empleabilidad y formación de las mujeres, para conseguir una sociedad diversa, inclusiva, innovadora y sostenible. Más mujeres en puestos de decisión y poder para dar respuesta a todos los retos que debe afrontar la sociedad del futuro.