santander women now
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Oleksandra Matviichuck (Boyarka, 1984) tiene el rostro cansado, pero se ha acostumbrado a sacar fuerzas de donde no las hay. Su organización, Center for Civil Liberties, que se creó para velar por la democracia en su país, Ucrania, se ha consagrado a documentar los crímenes de guerra de las tropas rusas desde el inicio de la invasión. La ganadora del Nobel de la Paz 2022 será una de las ponentes en Santander WomenNow.
¿Cuál es la situación de Ucrania? ¿Se ha cronificado la guerra?
Estamos en el segundo año de una invasión a gran escala, pero esta guerra llevaba ya nueve años activa. Junto a mi equipo, he estado documentando crímenes de guerra desde el inicio, porque todo esto comenzó cuando Rusia ocupó Crimea y parte de Lugansk en 2014. La diferencia este año ha sido la destrucción total en todo el país y el increíble dolor humano que se ha causado para doblegar a la población civil. Putin parará solo cuando se le detenga. Los ucranianos no tenemos alternativa: si dejamos de luchar, no quedaremos ninguno. No abandonar al pueblo de Ucrania, condenado a la tortura y la muerte, es una obligación moral.
¿Podía imaginar en 2007, cuando nació la organización que preside, el Center for Civil Liberties, que su tarea consistiría en documentar crímenes de guerra?
En ese momento Ucrania era una excepción dentro de la tendencia general de esta región. Nuestro país manifestaba una vocación democrática, una voluntad real de respetar la ley y los derechos humanos tras la Revolución Naranja. En ese contexto nació nuestra organización. Era inimaginable que nos dedicaríamos a documentar estas horribles atrocidades y establecer mecanismos para demostrar su autoría. Hay que acabar con la impunidad si queremos juzgar los crímenes de guerra.
¿Es posible la paz negociada que proponen líderes como el presidente de Brasil?
He oído decir que Ucrania tiene que hacer algunas concesiones para que se acabe el conflicto, aceptar la cesión de algunos territorios. Por supuesto que queremos la paz. Nosotros más que nadie. Pero la paz no es posible cuando te están invadiendo. Ante esta situación, la neutralidad es realmente indiferencia.
¿Confía en que Vladimir Putin sea juzgado por crímenes de guerra?
No tengo la menor duda. Tenemos la obligación histórica en acabar con la impunidad de la que Putin ha disfrutado. Lo que está pasando en Ucrania es el resultado de lo que se le permitió hacer en Chechenia, Moldavia, Georgia, Malí, Siria, Libia... Muchos rusos ya creen que su ejército puede actuar así, sin dar explicaciones. ¿Qué propósito militar tiene meter a civiles en un sótano, obligarles a elegir voluntarios y sacarlos a la calle para matarlos? ¿Por qué se viola a una mujer con su hijo de nueve años delante? ¿Para qué se dispara a quemarropa a un crío de 14 que estaba jugando con la pelota? El ejercito de Rusia comete estos actos simplemente porque puede.
¿Cree que su labor podría rebelar al pueblo ruso contra Putin?
Es un asunto más complejo. Putin no conserva el poder sólo por la represión y la cen- sura, sino porque existe un contrato social con la gran mayoría de los rusos basado en una idea imperialista de la gloria. La victoria de Ucrania es la única posibilidad real de que Rusia se democratice, necesita entender que ha sido derrotada para replantearse su cultura imperialista. Cuando pregunto a mis colegas rusos, perseguidos, vilipendiados, condenados, cómo puedo ayudarles siempre me dicen lo mismo: «Por favor, venced».
¿Por qué el gabinete de Zelenski no celebró su Nobel de la Paz?
En mi organización trabajan personas de Ucrania y Bielorrusia, dos países que Rusia convirtió forzosamente en «naciones hermanas». Algo totalmente falso, porque sólo éramos dos naciones dominadas por otra. Hay quien ve en esa relación una referencia a nuestro pasado soviético común, pero yo me quedo con el vínculo entre dos pueblos que luchan por su propia democracia.
¿Qué hará si ganan la guerra?
Para mí, la victoria no consiste sólo en echar a las tropas rusas; es necesario completar una transición democrática en nuestro país. Ahí sentiré que lo hemos conseguido. Las circunstancias de mi país me obligaron a una elección difícil: dedicarme al teatro o defender los derechos humanos. De haber nacido en España o en otra democracia habría sido artista, pero tuve que emplear mi tiempo y mis capacidades para un bien público. Espero que aún tenga la oportunidad de producir la obra de mis sueños.
¿Y cuál sería?
Uy, no lo pensé... Una sobre la humanidad. El arte sigue siendo la mejor manera de expresarla.