ingresado y en peligro
ingresado y en peligro
El papa Francisco, que permanece estos días hospitalizado en Roma en estado crítico, nació en el seno de una familia de inmigrantes italianos de hondas convicciones católicas, en el barrio porteño de Flores, en Buenos Aires, Argentina. Era el mayor de cinco hermanos –Alberto Horacio, Oscar Adrían, Marta Regina y María Elena, que es la única que sobrevive. Su padre, Mario José, había nacido en la provincia de Asti, y era empleado del ferrocarril. Llegó a Argentina huyendo del fascismo. Su madre, Regina María, era ama de casa y nació ya en Buenos Aires, en el seno de una familia que procedía de Génova y El Piamonte.
Jorge Mario Bergoglio, verdadero nombre del papa Francisco, nació el 17 de diciembre de 1936. Fue bautizado el día de Navidad, en la Basílica María Auxiliadora y San Carlos, en Buenos Aires. Tuvo problemas de salud durante su juventud y fue operado para extirparle una parte del pulmón, aunque los médicos siempre han insistido en que su salud no se ha visto afectada en su vida diaria. El único problema es que padezca una infección respiratoria que es lo que hoy le mantiene ingresado bajo estrecha vigilancia.
Francisco estudió en el colegio salesiano Wildrid Barón de los Santos Ángeles y luego en la escuela secundaria industrial Hipólito Irigoyen, donde se graduó como técnico químico. Trabajó durante un tiempo en un laboratorio, realizando análisis para controlar la salubridad de los alimentos, pero ya en aquella época, sentía una fuerte vocación religiosa.
Fue después de la escuela secundaria cuando decidió ser sacerdote, y entró en el seminario Diocesano de Villa Devoto. A finales de los años cincuenta, ingresó en el noviciado de la Sociedad de Jesús. Estudió humanidades y se graduó en filosofía en el Colegio de San José. Durante varios años, impartió clases de literatura y psicología.
Se ordenó sacerdote en 1969 e hizo su profesión final con los Jesuitas, en 1973. Más tarde ese mismo año, fue nombrado Provincial de los Jesuitas en Argentina y ocupó ese cargo durante seis años. Fue en mayo de 1992, cuando Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires y, en 2001, cardenal. Fue elegido Sumo Pontífice el 13 de marzo de 2013, en un cónclave que necesitó cinco votaciones. Ha sido el primer jesuita y de origen americano que se ha sentado en la silla de Pedro. Antes de eso, vivía en un apartamento religioso y viajaba en transporte público por Roma.
La reina Letizia junto al papa Francisco. Foto: Gtres
Cuando no está ingresado, el papa Francisco reside en la Casa de Santa María, donde se alojan obispos y cardenales en sus visitas al Vaticano, y no en el Palacio Apostólico, que ha reservado a las ceremonias protocolarias. Suele levantase sobre la cinco menos cuarto de la mañana, se afeita él mismo, medita y lee.
A las siete, comienza la misa y luego acude a desayunar en el comedor de la residencia. No tiene una mesa reservada y su desayuno es frugal: galletas, yogur y una taza de café. Le gusta conversar con quien se sienta con él. Los días de descanso suelen ser los martes, cuando prepara sus discursos. Las comidas también las hace en la Casa Santa María: pasta y sopa. No tiene mayordomos ni sirvientes.
Francisco ha destacado durante su pontificado por la sencillez y la espontaneidad de sus palabras, aunque estas le han llevado, en ocasiones, a provocar alguna polémica, como cuando aseguró que las suegras debían aprender a «tener cuidado» con sus lenguas. Su idea como papa es que son los pobres los que deben estar en el centro y que la Iglesia debe orientarse hacia ellos, dejando al margen privilegios casi milenarios. De ahí su compromiso con los inmigrantes, a los que él compara con la situación de su propia familia, que tuvo que labrarse una nueva vida en Argentina.
Tiene una gran curiosidad intelectual, aunque sus aficiones también le han acercado al hombre común. Le encanta el fútbol –su equipo es el San Lorenzo, de Buenos Aires–, pero es también un gran lector de Borges y un gran aficionado a la música y al tango, que bailaba con pasión antes de ser ordenado sacerdote. Ama el arte –su pintura favorita es La crucifixión blanca de Marc Chagall– y el cine. También es un gran cocinero.
Le encanta, además de Carlos Gardel, la música clásica. No ha olvidado el dialecto piamontés que le enseñó su madre. Su hermana María Elena, que tiene diez años menos que él, ha contado que nunca tuvo novia, «porque en su corazón siempre estaba Jesús». Era, según ella, un niño de temperamento cariñoso y dulce, muy unido a su familia, y fue un joven con gran sentido del humor, pero, al mismo tiempo, discreto y reservado, centrado en el servicio a los pobres. Tiene un sobrino, José Luis Narvaja, que también es sacerdote, con los jesuitas.