Antes que el yuzu , que el ácido mandélico o que el ácido tranexámico , ya habías oído hablar de la vitamina C, el antioxidante por excelencia que se ha ganado su fama a pulso gracias a sus eficaces resultados si verdaderamente sabes cuando y cómo aplicarlo. Sobre todo ahora que uno de los mitos más comunes es creer que este ácido L-ascórbico (AA) no se puede aplicar en verano. Así para completar un manual de uso con el que poder introducir sin ningún tipo de dudas este ingrediente en cualquier rutina de cuidados faciales, hemos tirado el cable y lo hemos recogido con la palabra experta.
«Hay que tener en cuenta que la vitamina C es todo un salvavidas para nuestra piel. Activa la síntesis de colágeno y elastina, es antiinflamatoria, previene y ayuda a disminuir las hiperpigmentaciones cutáneas... y es un poderoso antioxidante, una propiedad fundamental para poder luchar contra los radicales libres (producidos por la exposición solar, la contaminación, etcétera…) que son los principales responsables del envejecimiento cutáneo acelerado y de que nuestra piel deje de lucir sana y jugosa«, nos cuenta el farmaceutico y experto en dermocosmética Eduardo Senante, dueño de la farmacia Senante , en Zaragoza.
Ahora bien, ¿a qué edad está recomendado empezar a utilizar vitamina C? Eduardo lo tiene claro: cuando empiecen a aparecer los primeros signos en la piel de los que se puede encargar este tipo de ingrediente.
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«Aunque cada vez recomendamos empezar un sérum (con vitamina C) a edades más tempranas, a nivel generalista yo recomiendo usarlo cuando empecemos a ver los siguientes signos en nuestra piel: aparición de hiperpigmentaciones, cuando veamos que nuestra piel va perdiendo su brillo natural y cuando las marcas rojas (pigmentaciones post inflamatorias) que quedan tras la aparición de los dichosos granitos no se curen tan rápido como solían hacerlo», confirma el experto.
El farmacéutico hace especial hincapié a la hora de desmontar otro mito muy común, que no se puede mezclar con otras fórmulas. « Empezaremos con el mito cosmético de que no se debe mezclar la vitamina C con la niacinamida. Repetid conmigo: ¡Sí se puede! Este mito viene de un estudio publicado en los años 60 donde se mostraba que su uso conjunto podía dar lugar potencialmente a la formación de ácido nicotínico que irritaba la piel. Pero dicho estudio se hizo utilizando unas formas muy poco estables de vitamina C y de niacinamida (que afortunadamente ya no se usan en la actualidad) y calentando dicha mezcla a unas altísimas temperaturas, la cual obviamente no es la temperatura a la que aplicamos nuestros productos cosméticos», explica rotundo.
Los demás bienvenidos son, el ácido azelaico, alfahidroxiacidos como el glicólico, betahidroxiacidos como el salicílico, el retinol... Eso sí, no es cuestión de utilizarlos todos al mismo tiempo. «Mi recomendación es ir introduciendo los activos poco a poco en nuestra rutina cosmética. No estamos ante un sprint, sino en una carrera de fondo».
«Las personas con piel sensible pueden tener alergias o enrojecimiento, normalmente con el uso de la vitamina C pura. En estos casos recomiendo empezar usando derivados de la vitamina C (ésteres de vitamina C como el ascorbil glucósido, el magnesium ascorbil fosfato o el ascorbil tetraisopalmitato) que al poder ir formulados a un ph más neutro a priori van a ser mejor tolerados por la piel«, explica Eduardo.
Para empezar a utilizarlo con total seguridad, el objetivo es siempre hacer una prueba e ir introduciendolo de forma gradual «Con una piel sensible es mejor primero probar en un área limitada ( patch test) y ver qué tal lo tolera. Empezaremos siempre empleando no mucha cantidad de producto e iremos subiendo poco a poco la frecuencia de aplicación y la cantidad del mismo. Se trata de espaciar frecuencia y concentración para que nuestra piel se vaya aclimantando a mi querida vitamina C«, sentencia. ¿Lista para empezar a utilizarla?