Ana Obregón no tiene apenas fuerzas. Así lo dejaba ver ayer en ese escueto mensaje de despedida a su hijo, Álex Lequio: "Se apagó mi vida" . Acaba de perder lo más importante que tenía en la vida y el dolor irreparable se pudo observar en esas fotos en la tarde del jueves llegando al tanatorio y, posteriormente, a ese apartamento barcelonés en el que ha pasado estas últimas semanas.
Ana era sujetada en todo momento por Alessandro Lequio, también devastado, pero aún con algo de fuelle para servirle de apoyo a su exmujer. Porque, a pesar de que la relación de pareja se rompió hace muchos años, siempre ha tenido palabras amables el uno hacia la otra (y viceversa) en sus intervenciones en los medios de comunicación. Principalmente porque Álex lo ha propiciado.
Precisamente era a esos medios a los que se dirigía Ana a su llegada al apartamento junto a Alessandro . La actriz, que es un auténtico estandarte de la prensa rosa desde hace más de tres décadas, sacaba el único hilo de voz que le permitía su congoja para dar las gracias a todos los que la esperaban allí, para hacer ese trabajo que se ha realizado con el mayor de los respetos hacia ella y su hijo desde que todo este infierno comenzara hace dos años.
Ana agradecía las condolencias. El cariño. El respaldo. Ya lo hizo meses atrás, cuando concedió aquella entrevista para relatar el calvario que es para una madre ver sufrir de esa manera a un hijo. Un camino tortuoso que ha terminado con el peor de todos los desenlaces. Y, a pesar de todo, ha tenido unas fuerzas sacadas desde el fondo para dar las gracias a la prensa.