La fiesta más surrealista de los Rothschild que reunió a Dalí y a Audrey Hepburn en un castillo francés

El castillo francés de Ferrières, propiedad de la familia Rothschild acogió la celebración a la que no faltó ningún miembro de la alta sociedad del momento.

La baronesa Marie-Hélène de Rothschild con cuernos de ciervo en la cabeza. / D.R.

Paula Peña
Paula Peña

La baronesa Marie-Hélène y el barón Guy de Rothschild fueron famosos durante la segunda mitad del siglo XX por las fastuosas fiestas que daban en su castillo francés, el château Ferrières, situado a las afueras de París. Toda la alta sociedad parisina del momento deseaba asistir a sus celebraciones, pero hubo una que pasó a la historia por sus peculiaridades. Bajo el nombre de Diner de Têtes Surrealiste (Cena de cabezas surrealistas), acogió un sinfín de invitados de gala que llevaron tocados extravagantes y, en ocasiones, siniestros. Entre ellos estuvieron Audrey Hepburn o Dalí , quien se encargó de diseñar muchos de los surrealistas tocados que se pudieron ver en la fiesta. El encuentro terminó siendo tan siniestro, que es digno de recordar ahora que se acerca Halloween .

Los anfitriones quisieron darle un punto de dramatismo e intriga a este gran baile surrealista, celebrado el martes 12 de diciembre de 1972, desde el primer momento. Por esa razón mandaron intrigantes invitaciones tan solo a las personalidades más destacadas de la esfera parisina, rogándoles una respuesta para confirmar su asistencia. Una obra de arte en sí misma que hacía gala de la estética surrealista de algunos cuadros de René Magritte, con un fondo azul sobre el que destacaban nubes blancas. Sin embargo, el detalle que indicaba que iba a ser una fiesta lúgubre era el hecho de que la inscripción de la tarjeta estuviera escrita al revés: para leerla, había que colocar el mensaje frente a un espejo.

«Corbata negra, vestidos largos y cabezas surrealistas», rezaba la carta manuscrita. Y los invitados se tomaron al pie de la letra este dress code tan específico. La anfitriona del evento escogió una cabeza de ciervo, de cuyos ojos emanaban unas lágrimas que no eran nada menos que diamantes. Además, parecían salir de su propia cabeza unos enormes cuernos que mantuvo una vez quitada la máscara y que le daban un aire de cuento de hadas, combinados con su vestido largo de puños y bajo de pelo. 

Los huespédes tampoco se quedaron cortos en imaginación y lucieron auténticas obras de arte inspiradas en cuadros de Magritte –una invitada lució un sombrero del que colgaba una manzana verde tapándole la cara, como homenaje al cuadro El hijo del hombre, que hace referencia al momento en el que Eva prueba el fruto prohibido del Edén– u otras confeccionadas por Salvador Dalí, como el tocado en forma de jaula de pájaro dorada que lució Audrey Hepburn. También hubo otros inspirados en La Gioconda, tocados de flores, con gramófono en la cabeza, estética de mimo… se atrevieron con todo.

A ellos les acompañó la forma de ambientar el fastuoso castillo del siglo XIX del que hizo gala la adinerada familia. Desde lejos podía verse una inquietante fachada enrojecida como el fuego gracias a la iluminación, que el diario Le Figaro describió en su momento. Para recibir a los invitados, los empleados de la casa se vistieron de gatos e imitaron a estos animales en la escalera principal de la construcción, que se presentaba ante ellos de forma tenebrosa y con una tenue iluminació.

El excentricismo llegó a tal punto en el interior del castillo que no faltó un solo detalle en la decoración, cuidadosamente perturbadora. Para llegar al salón comedor en el que tendría lugar la velada, los huéspedes tenían que sortear un laberinto de telarañas creadas con tela negra y, si se perdían, los ayudantes felinos les indicaban el camino correcto.

Pero la gran sorpresa estaba en los comedores principales, ornamentados con bebés de juguete y maniquíes rotos por encima de las mesas o en los rincones más inesperados. Encima de uno de los maniquíes se servía comida, que terminaba en platos recubiertos de piel negra y acompañados de tortugas disecadas como centros de mesa. El menú tampoco se quedó corto en asuntos no terrenales: «Sopa extra lúcida», «Embrollo de cadáver exquisito», «Lady y Sir-Lomo» o «Tubérculos en locura», eran los nombres de los platos, según la carta que guardaron algunos de los invitados para la posteridad.

Todo un despliegue de medios para decorar el que es considerado como uno de los castillos más imponentes de Francia construidos durante el siglo XIX. Lo mandó levantar el bisabuelo de Guy de Rothschild y fundador de la banca francesa familiar en 1850, James Mayer de Rothschild. Decorada con columnas de cariátides y atlas diseñadas por Charles Cordier, la construcción contaba con 30 kilómetros cuadrados de bosques, 80 habitaciones para invitados y hasta 100 plazas de servicio. La cocina estaba construida en un edificio a parte, que se comunicaba con el principal mediante túneles ideados para evitar que se enfriaran los platos.

Sin embargo, la propiedad no estuvo demasiado tiempo en manos de la familia. Durante ambas Guerras Mundiales, fue ocupada por los alemanes, creando en la II un refugio nazi que permaneció activo hasta que Alemania se retiró de Francia. El matrimonio formado por Marie-Hélène y Guy (que eran primos), restauró el castillo para volver a darle la majestuosidad de antaño y acoger las mejores fiestas de la alta sociedad.

A pesar de los esfuerzos de la familia –con los que consiguió que Grace Kelly, Yves Saint Laurent o Brigitte Bardot fueran asiduos– la familia terminó donando la construcción a la Universidad de París tan solo tres años después de la histórica fiesta. Hoy continúa siendo de dominio público y está abierto para excursiones y visitas guiadas en las que imaginar las grandes veladas familiares.

Todos los detalles de la fiesta surrealista dieron lugar a un sinfín de teorías de la conspiración sobre la misma, que fueron acentuadas por los Illuminati Balls de Nueva York, inspirados en la celebración de 1972, pero con tintes más oscuros. Las teorías sobre el control del orden mundial y rituales satánicos Illuminati también han azotado siempre a la familia Rothschild, pero siempre han sido desmentidas por historiadores. Por otro lado, el videoclip de Save your tears, de The Weekend, también tiene una estética inspirada en esta fiesta. Y no es una mala idea como temática para este Halloween.