La reina doña Sofía es uno de los personajes más queridos y con mejor imagen de la casa real española. La reconocemos como una abuela y una madre devota y una reina muy profesional e increíblemente responsable… aunque eso le cueste morderse la lengua o pasar un mal rato. La peor de esas ocasiones fue, sin duda, cuando la relación de Corinna Larsen y el rey Juan Carlos I explotó en los medios. Ya ha pasado casi un año desde aquellas polémicas declaraciones de la ex princesa alemana en la BBC en las que hablaba con todo lujo de detalles de su “amistad entrañable” con el rey emérito y la reina ha tenido que hacer frente a otros escándalos protagonizados por su esposo que han culminado con el “autoexilio” del rey en Abu Dabi. Pero ahora que oficialmente y a todos los efectos los reyes ya no están juntos y ostentan si cargo sólo de manera honorífica desde la abdicación de 2014, nos planteamos, ¿por qué no se divorcian?
Por muy sorprendidos que nos quedáramos todos la realidad es que lo sucedido con Corinna Larsen no fue, ni mucho menos, algo original en el currículum amoroso del rey Juan Carlos I. Ya en la década de los 90 el rey prometió a otra “amiga entrañable” lo mismo de lo que hablaba con la empresaria alemana: matrimonio.
Los en aquel momento príncipes Juan Carlos y Sofía se casaron el 14 de mayor de 1962. /
Según relatan en El Español (y parece confirmar la biógrafa de la reina Sofía, Pilar Urbano), en 1990 Juan Carlos de Borbón mantenía una relación extramatrimonial con la mallorquina Marta Gayá y se planteó dejar su matrimonio para estar con ella de forma oficial. En aquel momento fue José Joaquín Puig de la Bellacasa, secretario general de la Casa del Rey, el encargado de decirle en un trayecto de coche camino del aeropuerto a Juan Carlos de Borbón algo que haría que el monarca se replanteara su actitud (al menos de cara a la galería): que tratara bien a la reina delante de los niños porque al fin y al cabo era la madre de sus hijos.
El consejo del secretario cristalizó en una secuencia de hechos confusos: el rey fue fotografiado besando a la reina cuando esta bajó del avión, la imagen fue portada del Diario de Mallorca, Marta Gayá no debió quedar contenta con lo que vió, y el secretario de la Casa del Rey fue despedido ese mismo año.
Aunque la situación acabó en despido para el consejero, el rey, al final, no se comprometió oficialmente con Marta Gayá con la que, eso sí, continuó relacionado durante 20 años y que a fecha de hoy sigue siendo su amiga. Pero este mismo modus operandi del monarca parece ser que se repitió décadas después con Corinna Larsen según ella misma confesó en la entrevista exclusiva que mantuvo en la BBC en agosto del año pasado.
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Corinna Larsen y el rey Juan Carlos I se conocieron cazando en 2004 y mantuvieron una relación estable e íntima durante ocho intensos años. Él la llamaba por teléfono hasta 10 veces al día, se iban de viaje juntos, se hacían fotos de familia… cuando Corinna Larsen le planteó al rey el papel de la reina Sofía en todo aquello él le contestó que no se preocupara: “ Dijo que tenían un acuerdo para representar a la Corona, pero que tenían vidas totalmente diferentes e independientes. Y el rey acababa de salir de una relación de casi 20 años con otra mujer que también ocupó un lugar muy importante en su corazón y su vida”, explicó Corinna Larsen en la BBC.
Las tornas cambiaron con el tiempo, el rey, de nuevo, quiso divorciarse de la reina para estar oficialmente con otra mujer. Tanto es así que en 2012 planteó la cuestión a sus hijos en una cena en un restaurante madrileño comparando su caso con el del príncipe Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles. En esa cena puso en palabras un deseo del rey que ya se intuía en palacio desde 2010.
Según la periodista Pilar Eyre, aquel año el rey Juan Carlos I fue intervenido del pulmón y en el hospital Corinna Larsen y doña Sofía coincidieron: el rey pidió a la reina que se fuera y que se quedara su amante, lo que motivó el famoso "pobre mamá" que por lo visto dijo su hijo, Felipe VI. No sabemos qué dijeron ni Felipe VI ni las infantas Elena y Cristina en la famosa cena madrileña, pero sí quién desaconsejó al rey que se divorciara de la reina: el entonces presidente del gobierno Mariano Rajoy.
Por su parte, la única vez que la reina Sofía ha mostrado en público deseos de divorciarse del rey fue hace mucho tiempo. Como si fuera una película de sobremesa la reina se dirigió al palacio de La Encomienda de Mudela para darle una sorpresa a su marido… y la sorpresa, para mal, se la llevó ella ante el espectáculo que descubrió allí.
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En aquel momento la reacción de al reina fue coger a sus hijos y huir con ellos hasta la India, país en el que residía su madre la reina Federica, para contarle lo que había hecho "Juanito el de Barcelona". Si lo que buscaba era consuelo y comprensión, no fue precisamente lo que encontró. Mientras por un lado su madre la recordaba que su deber era volver junto a su marido y que una reina no debe abandonar su puesto bajo ninguna circunstancia, por el otro Elías Bredimas, uno de los diputados del Congreso, presionó a la reina recordándole que si quería dejar a su marido debería devolver la dote de su boda que ascendía a nueve millones de dracmas. Con este panorama, la reina regresó a Zarzuela.
No solo la falta de apoyo pudo haber motivado la incapacidad de la reina para decidirse a buscar el divorcio. Además, como apuntó la periodista Pilar Urbano, especialista en la Casa Real, “la reina ni reina, ni gobierna, ni pinta nada. En la Constitución no pinta nada, no puede tener ningún cargo institucional, es una consorte”. Quizá a la reina Sofía le haya sucedido como a Carolina de Mónaco con Ernesto de Hannover durante años: que el permanecer casadas con un hombre con el que no conviven puede ser para ellas un mal menor y la manera de no perder su papel ante la sociedad. Pero ahora que tanto ella como el rey sólo ostentan el título de manera honorífica, y aprovechando que el rey parece que visita España a final de mes, ¿podemos fantasear con la idea de que la reina le reciba con los papeles del divorcio preparados?