Se cumple un año de la muerte de la infanta Doña Pilar: confidente y consuelo de su hermano el rey Juan Carlos, era impulsiva, clara y no se llevaba bien con la reina Sofía

Este mes de enero, el día 8, se cumple un año del fallecimiento de la infanta Doña Pilar. Su muerte agravó, sin duda, la soledad de Don Juan Carlos, y probablemente su desorientación a la hora de tomar decisiones, como la de exiliarse en Abu Dabhi, algo que hizo en agosto de ese año. Pilar era una de las únicas personas en las que pudo confiar totalmente y que llamaba a las cosas por su nombre.

Pincha en la foto para ver de Verónica Forqué a la voz de Il Divo (sin dejarnos a Octavio Aceves ni a Ágata Lys): todos los famosos que nos han dicho adiós para siempre en 2021./

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Elena Castelló
Elena Castelló

Los cinco hijos de Doña Pilar –Simoneta (52 años), Juan (51), Bruno (49), Beltrán (47) y Fernando (46), a los que tuvo que criar sola tras la muerte de su marido–, la echarán sin duda de menos, pero hay alguien que es posible que se siga sintiendo perdido sin su presencia: el rey emérito . Se llevaban tres años –ella era la mayor y él, el segundo de cuatro hermanos– y Doña Pilar fue siempre la confidente de don Juan Carlos . Se dice que a ella le contó todas sus idas y venidas, incluso sus secretos de amor.

Ella era una de las pocas personas que le decía las cosas como eran. Era una mujer inteligente, con instinto político, que sabía aconsejar a su hermano. Siempre fue clara en sus afirmaciones, y no se arredraba ante las polémicas, ni ante los periodistas, a los que respondía con firmeza. Destacó siempre por su fortaleza: no abandonó la vida pública durante el tratamiento del cáncer de colón, que finalmente le causó la muerte.

La Infanta –a la que muchos amigos llamaban Doña Pi– y don Juan Carlos tenían una enorme complicidad y se tenían un enorme afecto, aunque no se les viera mucho juntos en público. «El siempre se ha ocupado de nosotras», afirmó Doña Pilar en una ocasión. Juan Carlos fue un gran apoyo para ella cuando falleció su marido, el abogado madrileño Luis Gómez-Acebo, de un cáncer linfático. Y él estuvo muy pendiente de ella, hasta el final, cuando, a su vez, enfermó, de un cáncer de colon. El rey emérito solía acudir a menudo a la casa de su hermana, en Puerta de Hierro, a comer junto a sus hijos. Siempre dijo que aquella era la mejor cocina de Madrid. Doña Pi era el centro de la familia.

Pilar y Margarita, jugaron un papel esencial en la dinámica familiar, en los momentos de tragedia. / getty images

Ella contó siempre anécdotas de don Juan Carlos, como que fue él quien le regaló su primer móvil, en 1998. Tanto ella como Margarita, vivieron con mucho dolor el exilio de don Juan Carlos en Abu Dabhi y la entrada de Iñaki Urdangarín en prisión . Ella apoyó al marido de su sobrina desde el principio y le abrió las puertas de su casa de Palma cuando tenía que ir a declarar.

Doña Pilar siempre representó el sentido común y el anhelo de comprensión en una familia a la que rompieron numerosos escándalos y desavenencias. Era mujer de gran sentido del humor y fortaleza psicológica. En numerosas ocasiones, los periodistas fueron testigos de su ironía, como cuando afirmó «de menuda se ha librado España» al preguntarle si no echaba de menos haber sido reina, por ser la mayor.

Siempre fue una persona muy abierta y generosa y con una fuerte personalidad, a veces impulsiva. Al igual que su hermana, trabajó siempre fuera de casa, en una época en la que eso no se llevaba. Ella nació en Cannes, a diferencia de sus hermanos, que lo hicieron en Roma. Se puso de largo en 1954, a los 18 años, en una celebración en Villa Giralda, la mansión familiar de Estoril, a la que acudieron todos los monárquicos fieles a Don Juan. Sus padres habían querido casarla con Balduino de Bélgica, pero su elegido fue el empresario madrileño Luis Gómez-Acebo.

Las dos infantas renunciaron a sus derechos sucesorios al casarse, porque ambas realizaron matrimonios morganáticos –fuera de la realeza–. No recibieron educación académica, pero supieron ser independientes y, sobre todo, buscar la forma de servir a España, un lema que sus padres les habían grabado a fuego. Pero, su dedicación a la Corona no fue a cambio de ninguna retribución económica, simplemente las habían educado a sí. Aprendieron idiomas y cultura general. Doña Pilar no terminó el bachillerato y luego se matriculo en la Escuela de Enfermería, aunque sus padres tuvieron que mediar para que la admitieran.

El rey emérito sintió mucho la muerte de su hermana. / getty images

Ambas, Pilar y Margarita, jugaron un papel esencial en la dinámica familiar, en los momentos de tragedia, como la muerte de su hermano Alfonsito, por un disparo accidental de una pistola que manejaba Don Juan Carlos, o la depresión que sumergió a su madre, doña María de las Mercedes , por culpa de este incidente. Según explica la periodista Marina Pina en su libro «Pilar y Margarita. Las hermanas del Rey Juan Carlos», jugaron, a demás, un papel de mediadoras entre el emérito y su padre, Don Juan, que le echó la culpa de este desgraciado accidente. Fue un momento especialmente difícil para la infanta Pilar, que se quedó sola en Estoril con su padre, mientras su madre estaba ingresada por depresión y sus hermanos en España: Margarita, interna en Madrid, y Don Juan Carlos, en la Academia Militar de Zaragoza.

La relación con la Reina Sofía no fue fácil. En los últimos años era muy buena, pero, al principio de su matrimonio, doña Sofía vivió como una intrusión la presencia de sus cuñadas en el Palacio de la Zarzuela, al que llegaban sin avisar. Además, sabía que ellas estaban al tanto de cosas que ella desconocía de su marido. Hoy, lejos de Madrid y de su familia, en Abu Dabhi, Don Juan Carlos, -que ha cumplido 84 años -, sin duda echará de menos el calor y la confianza de su hermana y sus consejos.