Cómo Isabel Preysler se enamoró de Miguel Boyer: divorcio con Carlos Falcó, una sociedad atónita y un matrimonio muy duro marcado por la enfermedad que duró casi 30 años

Isabel Preysler y Miguel Boyer protagonizaron una de las historias de amor más sorprendentes de la sociedad española. Pocos apostaban por su duración pero estuvieron casi tres décadas juntos.

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Elena Castelló
Elena Castelló

Estuvieron casi tres décadas juntos, hasta la muerte de él, en septiembre de 2014, casi dos años después de sufrir un derrame cerebral, el 27 de febrero de 2012. Protagonizaron una de las historias de amor más sorprendentes de la sociedad española y pocos apostaban por su duración. Isabel Preysler (uno de los amores incondicionales de la vida de Carlos Falcó , además de Esther Doña ) era la «socialité» más reclamada, Miguel Boyer , uno de los ministros más importantes del primer gobierno de izquierdas de la democracia, hasta el punto de que le pusieron el sobrenombre de «superministro».

Los primeros rumores de una relación entre ellos empezaron a circular en 1982, apenas dos años después de que Isabel se casara con Carlos Falcó, marqués de Griñón y padre de su hija Tamara , tras divorciarse de Julio Iglesias. Él también estaba casado, con la ginecóloga Elena Arnedo, con quien tenía dos hijos adolescentes, Elena y Miguel. Él era ministro de Economía y Hacienda del primer gobierno socialista. Poca gente dio crédito a los comentarios –entre ellos, el marido de Isabel, Carlos–, pero los rumores pronto se convirtieron en un secreto a voces y en una cuestión de Estado, aunque, con el tiempo, pasaron a ser una las parejas más sólidas del panorama social.

Las primeras revelaciones aparecieron en la revista «Interviú». Al parecer, se habían conocido, en la primavera de 1982, en una de las conocidas comidas que convocaba la periodista peruana Mona Jiménez, en torno a un plato de lentejas y a la que acudían políticos de todas las tendencias, empresarios y alguna «socialité». Isabel acudía por primera vez con su esposo, Miguel estaba allí con su mujer.

Se dice que, al principio se forjó una buena amistad entre ambas parejas, que llegaron a compartir vacaciones juntas y fines de semana en la finca del marqués de Griñón, en Malpica de Tajo, Toledo. Pero lo que habían sentido Isabel y Miguel al conocerse aquella primavera fue un flechazo. Miguel Boyer todavía no era ministro, pero ese mes de octubre el Partido Socialista ganó las elecciones por mayoría absoluta y Boyer fue nombrado ministro de Economía y Hacienda. Nadie sabía entonces, ni Felipe González, que el «superministro» había iniciado una relación adúltera con una mujer muy conocida del panorama social, también casada.

Se veían en secreto. A Isabel la reconocía mucha gente por la calle y a Boyer empezaron a conocerlo en los meses siguientes. La situación era peligrosa para ambos. Se cuenta que él salía escondido en la parte trasera del coche de Isabel o que quedaban a varias calles de distancia para no ser identificados. Sin embargo, parece que Elena Arnedo, la mujer de Miguel, sí se dio cuenta pronto de lo que ocurría. No así el marqués de Griñón, que estaba convencido de que solo eran habladurías mal intencionadas.

Carlos Falcó y su esposa Isabel Preysler forjaron buena amistad con Miguel Boyer y su mujer. / ABC

La pareja se veía en un piso del centro de Madrid, que pertenecía a una amiga común, o en París, con la complicidad de Carmen Martínez Bordiú, amiga de Isabel. También se veían en Marbella, cuando las dos familias coincidían en vacaciones. Los rumores eran tan fuertes, que Carlos Falcó convenció a Isabel para que hicieran público un comunicado negándolos. En la primavera de 1984, las dos parejas coincidieron en los premios periodísticos Naranja y Limón. Les otorgaron a ambos los Limón por lo esquivos que eran con la prensa. Todos los periodistas sabían lo que pasaba, pero nadie decía nada, por temor al poder del «superministro». Cuando Carlos falcó lo supo, lo dejó pasar, convencido de que ambos tenían intereses muy opuestos y de que aquello no duraría. Y es que había pocas parejas tan opuestas.

Miguel, licenciado en Físicas y Economía, militante del PSOE desde los años sesenta, había pasado seis meses en la cárcel de Carabanchel, estaba casado con una compañera del Liceo Francés, en que había estudiado, Elena Arnedo, feminista, con la que compartía unos mismos intereses e ideales políticos, aunque parece que su matrimonio lo era más de nombre que de realidad. Isabel encarnaba para esta clase social todo lo que rechazaban: la frivolidad, el conservadurismo, el lujo. Un hombre intelectual, con fama de serio y una mujer de la alta sociedad, reina de las revistas del corazón.

Pero en el verano de 1985 se precipitaron los acontecimientos. Carlos, por fin, aceptó lo que estaba sucediendo. La situación propició una crisis de Gobierno. Boyer planteó su dimisión irrevocable a Felipe González. Salió del ministerio el 3 de julio. A la mañana siguiente, rompía definitivamente con su esposa. Él lo dejó todo por ella: su familia, su matrimonio, su carrera política… Aunque Isabel, todavía hoy asegura que su dimisión fue una decisión que él tomó con independencia de su relación.

Unos días más tarde, El 14 de julio, Isabel y Carlos hicieron pública su ruptura. La propia Isabel estaba asustada con las dimensiones que estaba tomando el escándalo. A finales de mes, Carlos dejaba el domicilio de la calle Arga, donde vivía con Isabel, en el acomodado barrio de El Viso, y dos días después se instalaba en él Boyer. Ella se divorció del marqués de Griñón y redujo al mínimo sus apariciones públicas, para acomodarse a la vida más discreta que Boyer prefería.

Se casaron casi en secreto, el 2 de enero de 1988, a las 9 de la mañana, solo con dos testigos – Margarita Vega Penichet y el abogado José María Amusátegui– por lo civil, en un juzgado de la calle Pradillo, en Madrid. No asistió ningún familiar. Ella tenía 36 años y él, entonces presidente del Banco Exterior de España, 48. Isabel escogió para la ocasión un conjunto que hizo historia: un traje de chaqueta gris marengo con vivos en visón y mangas de farol y unos pendientes de perlas y diamantes, que destacaban con su melena recogida. Su hija Ana nació un año después.

Pero, la prensa no les dejaba en paz. A principios de los noventa, se mudaron a una gran casa con jardín en el exclusivo barrio de Puerta de Hierro, donde todavía hoy vive Isabel, ahora con su nueva pareja, el escritor Mario Vargas Llosa. Las críticas sobre el lujo de la casa alimentaron una gran persecución periodística, incluso burlas sobre el gran número de cuartos de baño de la vivienda. Con los años, todo se calmó y tanto Miguel como Isabel demostraron que estaban hechos el uno para el otro. Llevaban una vida tranquila y discreta. Cuando Miguel sufrió un ictus, en febrero de 2013, Isabel estuvo a su lado incondicionalmente y no se separó ni un minuto de él, cuidando de su recuperación.

A pesar de la persecución de los medios, tanto Carlos Falcó como Elena Arnedo fueron extremadamente discretos, aunque posteriormente la relación de Miguel Boyer con sus hijos adolescentes se estropeó, y su hijo Miguel hizo hirientes declaraciones a la prensa acusándolo de egoísmo y abandono. Elena rehízo su vida y se casó con el arquitecto Fernando de Terán. Inició una discreta carrera política y fue concejala del PSOE en el ayuntamiento de Madrid en 2003. Siempre siguió con su compromiso social, especialmente con el feminismo. Murió de un cáncer de pulmón en 2015. Carlos Falcó, se casó tiempo después de su separación de Isabel con Fátima de la Cierva, con la que tuvo dos hijos, Duarte y Aldara.