Así fue la vida de la primera duquesa roja, Luisa María Narváez: combativa, monárquica, antifranquista y con una vida llena de tragedias y penurias

A pesar de haber apoyado en un primer momento la sublevación franquista, Luisa María Narváez y Macías, V Duquesa de Valencia, se convirtió, con el tiempo, en una de las aristócratas más combativas contra el Franquismo. La razón: la de muchos nobles decepcionados por la actitud del Régimen, que no restauró la Monarquía, como esperaban. Luisa María se convirtió así en la primera Duquesa Roja, antes de Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia.

Luis María pasó en varias ocasiones por la cárcel por su acerada actitud crítica contra el Franquismo. / ABC

Elena Castelló
Elena Castelló

Luisa María, mujer de fuerte personalidad, pasó en varias ocasiones por la cárcel por su acerada actitud crítica contra el Franquismo. Fue también II marquesa de Cartago y vizcondesa de Aliatar. A quien admiraba por encima de todo era a su antepasado, el general Luis Narváez, siete veces presidente del gobierno entre 1844 y 1868, y uno de los políticos más influyentes del reinado de Isabel II. Fue la reina quien le concedió el Ducado de Valencia con Grandeza de España.

Luisa María Narváez y Macías nació en Madrid en 1912. Era la primogénita del IV Duque de Valencia, José María Narváez y Pérez de Guzmán el Bueno, y de María del Carmen Macías y Ramírez de Arellano. Su padre descendía de un hermano del general Narváez. La joven aristócrata tuvo una infancia y primera juventud convencionales para una aristócrata de la época. Acudía a cacerías y puestas de largo, y se educó entre institutrices y escapadas a París y Londres.

Durante la guerra civil, fue ayudante de campo del General Kindelán. Pero la Duquesa, profundamente monárquica, se dio cuenta rápidamente, como muchos aristócratas españoles, de que Franco no cumpliría su promesa de restaurar la monarquía, a pesar de haberse opuesto a la República, y ella, independiente y de fuerte carácter, hizo todo lo posible para revertir la situación.

Ya en 1948 fue a prisión por organizar un grupo denominado Avanzadillas Monárquicas. Los encarcelamientos se repitieron durante los años sesenta. En otros momentos le impusieron cuantiosas multas que tuvo que pagar vendiendo fincas familiares. Según relata Vanity Fair, en una ocasión en la que Luisa María fue arrestada la llevaron a una celda llena de cucarachas, pero ella no se arredró: escribió pequeñas notas con comentarios insultantes hacia el Caudillo y las adhirió a las cucarachas, que acabaron recorriendo los pasillos de la prisión con estos insultos andantes para escándalo de los guardias y las celadoras.

Pero la situación era muy peligrosa y no apta para el sentido del humor. En 1948, falleció en la cárcel un joven monárquico, Carlos Méndez González, en la prisión de Carabanchel, por repartir octavillas en colaboración con las Avanzadillas Monárquicas en las que militaba. Fue incomunicado y privado de la medicación que necesitaba para el corazón, lo que le provocó la muerte. Su fallecimiento se supo el mismo día que llegó a España el joven Don Juan Carlos por primera vez, aunque la censura prohibió que la muerte del joven se publicara en los periódicos. Solo apareció una convocatoria para su funeral, al que acudieron más de mil monárquicos.

La Duquesa de Valencia no cuestionaba su clase social, como sí hicieron otros nobles, por ejemplo, la Duquesa de Medina Sidonia. Tampoco exhibía una ideología de izquierdas. Era fiel a don Juan de Borbón. A pesar de todo, se hizo conocida en los ambientes universitarios antifranquistas por repartir octavillas y apoyar a los jóvenes que huían de la policía en las manifestaciones. Estuvo casada con el X barón de Carondelet, Antonio Cavero y Goicoechea, padre del exministro Iñigo Cavero fruto de un matrimonio anterior. Por su parte la duquesa de Valencia y el barón no tuvieron hijos y de hecho ella se divorció al cabo de unos años.

La Duquesa de Valencia pasó los últimos años de su vida en el palacio abulense de Los Águila, un caserón de estilo renacentista que pertenecía a los Narváez desde hacía varias generaciones y que legó al Estado al morir. Vivió rodeada de una importante colección de porcelana compuesta por unas 3.000 piezas. Y se dice que convivía con multitud de perros y con varias fieras amaestradas.

Con la llegada de la democracia se retiró de la vida pública y recibía a importantes personajes literarios y políticos al tiempo que organizaba bailes. Falleció en 1983, a los 72 años. El título pasó a su hermana, Josefa Narváez y Macías, que falleció en 1994, después al hijo de ésta, Juan José Narváez Díaz y, finalmente, a la hija de éste, la pintora Abigail Narváez, Rodríguez-Arias, que es su actual poseedora.