
Historia de la moda
Historia de la moda
Cada una de las grandes firmas de lujo tiene adscrita una prenda que la diferencia y lleva 'su apellido'. Del traje de tweed de Chanel al LBD de Givenchy; del New Look de Dior al esmoquin de Yves Saint Laurent, todas estas obras maestras de la moda son indisociables del artista que las creó y las convirtió en piezas clave de los armarios cápsula de las mujeres con más estilo del mundo.
Entendemos por fondo de armario o armario cápsula el conjunto de prendas atemporales que se adaptan a todo tipo de ocasiones y que nos ayudan a resolver con éxito asegurado cualquier situación sartorial, por mucho que sea imprevista. Todas tenemos más o menos claro cuáles son esos básicos imprescindibles pero, ¿sabemos cuál es su origen?
1947 está considerado el año en el que se inició la nueva Alta Costura, su edad dorada, gracias al primer desfile de Christian Dior. En aquel show, el modisto revolucionó la industria al presentar a la mujer con su silueta 'corolle', una propuesta que abogaba por la feminidad en su máxima expresión, con cinturas marcadísimas y faldas con volumen en forma de flor. Había nacido el New Look y con él, se plantaba cara a los años de austeridad a los que había obligado la II Guerra Mundial.
Monsieur Dior presentó su 'mujer flor' para reivindicar el glamour y el lujo que se habían abandonado en aras de la funcionalidad y la escasez a las que obligó el gran conflicto bélico. Durante décadas, esta silueta New Look ha sido el emblema indiscutible de la maison, una propuesta que han mantenido sus posteriores directores creativos (de Galliano a Raf Simons) y que este otoño-invierno, además, vuelve a las tendencias reinventada y con más fuerza que nunca.
Frente a la ultrafeminidad encorsetada del New Look de Dior, Gabriel Chanel propuso en 1954 su propia revolución creando uno de los emblemas atemporales de la maison: su traje de chaqueta de tweed. Un dos piezas de silueta recta y minimalista que buscaba dotar de libertad de movimiento a la mujer con una prenda originalmente masculina «adaptada a la realidad» del momento.
El conjunto de tweed, un material que había adoptado en sus viajes por Escocia con el duque de Westminster, estaba formado por una falda con largo a la rodilla y su icónica chaqueta recta, fluida, sin entretelas, adornada por cuatro bolsillos, ribete y botones con la doble C, emblema de la casa Chanel. Siete décadas después, la veste noir de Chanel sigue de plena tendencia, confirmando la sentencia de Karl Lagerfeld: «En la moda hay cosas que nunca pasan de moda: el vaquero, la camisa blanca y la chaqueta de Chanel».
El LBD es otra de las creaciones revolucionarias de Coco Chanel, una prenda que contravino las convenciones sociales de la época y dio un nuevo arma a las mujeres para elegir cómo vestir. En la década de los años 20, la diseñadora se puso un sencillo petit robe noir para ir a la ópera y desafiar así a la alta sociedad parisina. Y desde ese momento, el negro dejó de ser un color reservado al luto o a las sirvientas.
Eso sí, aunque su creadora fuera Coco Chanel, fue Hubert de Givenchy quien lo encumbró en el cine gracias a Audrey Hepburn y su papel de Holly Golightly en Desayuno con diamantes. Ahora, si pensamos en los básicos del armario cápsula perfecto, probablemente una de las primeras prendas que nos venga a la cabeza sea un vestido negro de esos que sirven para todo y que te solucionan cualquier imprevisto sartorial.
La década de los 60 del siglo XX fue una época de cambios y liberación, sobre todo, para las mujeres. Y ningún modisto supo captar la esencia de esos nuevos aires tan bien como hizo Yves Saint Laurent. Su conjungación perfecta entre los códigos del armario masculino y femenino se materializó en una de las propuestas más impecables de la historia de la moda: el esmoquin.
La mujer ya había incluido el pantalón en sus looks diarios, pero faltaba dar el paso definitivo a los estilismos de fiesta. Y fue Saint Laurent, con un histórico desfile de Alta Costura en 1966 quien encumbró el tuxedo femenino al olimpo del glamour. El diseñador lo presentó, a lo largo de su carrera, en todas sus versiones, convirtiendo este dos piezas en un básico del armario de las mujeres más elegantes, de Catherine Deneuve a Claudia Schiffer.
Si el New Look de Dior nació para romper las normas de vestimenta impuestas por la posguerra, el trench coat se inventó, precisamente, como una necesidad en tiempos de guerra. En 1912, Thomas Burberry recibió el encargo de crear un abrigo resistente, impermeable y que dotara de libertad de movimiento a los soldados en el campo de batalla.
Tal fue el éxito de esta gabardina versátil y resistente al agua, que su uso se popularizó entre los londinenses y, de ahí, se convirtió en uno de los iconos del brit style y un símbolo de estatus y buen gusto. El cine, de la mano de Humprey Bogart o Meryl Streep, hizo su magia y hoy el trench de Burberry, cuyo nombre viene de las trincheras, se ha convertido en un básico en cualquier buen fondo de armario.
Aunque su creación está disputada con André Courrèges , la minifalda está íntimamente ligada a la figura de la diseñadora Mary Quant. Que la británica la inventara o no (antes ya habían sacado diseños por encima de la rodilla Balenciaga o Saint Laurent) no importa, porque hizo algo mucho más importante: la popularizó y la sacó al mercado de masas.
Sin duda, la minifalda ha sido la prenda más rupturista de las últimas décadas, porque su revolución fue mucho más que estética. Sus escasos centímetros eran un grito de libertad, rebeldía y empoderamiento femeninos cuyos ecos aún resuenan cada vez que vuelve a reinar en las tendencias. Y eso ocurre temporada tras temporada.
Encontrar nuestros vaqueros perfectos es lo más parecido a encontrar a nuestra media naranja sartorial. Básicos en cualquier fondo de armario, estos pantalones de mezclilla de sarga de algodón con remaches de cobre en los bolsillos que creó Levi Strauss a finales del siglo XIX como respuesta a una necesidad de los trabajadores estadounidenses se han convertido en la prenda más versátil y popular de todos los tiempos.
Los jeans conquistaron Hollywood, pusieron de acuerdo a las grandes estrellas con los hippies y han subido a la pasarela de la mano de las mejores firmas de lujo. Los vaqueros podrían considerarse los grandes reyes de la moda porque, como dijo Yves Saint Laurent, «me gustaría haber inventado los pantalones vaqueros porque poseen expresión, modestia, atractivo sexual y simplicidad, todo lo que yo quiero para mi ropa».
Cerramos capítulo de historia de la moda con otro imprescindible en el armario cápsula de cualquier mujer elegante: la camisa blanca. Otra pieza que rescatamos del vestuario masculino y adaptamos y adoptamos sus códigos a la estética de las mujeres más sofisticadas. Aunque hay ejemplos de retratos de María Antonieta en los que aparece posando con esta prenda (entonces, considerada interior), no fue hasta mediados del siglo XX cuando comenzó a considerarse un básico en la vestimenta femenina.
De Grace Kelly en Mogambo a Laurent Bacall en Cayo Largo o Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma, la camisa blanca femenina se coló en la gran pantalla y, de ahí, saltó al estrellato. Las grandes diseñadoras la reinventaron, Rei Kawakubo para Comme des garçons y la convirtieron en un símbolo de identidad, como Carolina Herrera. Y nosotras no podemos más que amarla.