Demma Gvasalia. /
Hace tiempo que la conversación se produce en ' petit comité', pero es ahora cuando pasa al primer plano gracias a las declaraciones de Demna Gvasalia , director creativo de Balenciaga y diseñador de Vetements, la firma que abandera la vanguardia de la creación de moda desde que debutara en la Semana de la Moda de París en 2014. Gvasalia ha anunciado que su firma abandona las pasarelas: no volverá a presentar sus diseños bajo el formato clásico.
“ Me he aburrido”, ha confesado a la edición estadounidense de la revista Vogue desde su residencia de Zurich. “Creo que Vetements necesita entrar en un nuevo capítulo. Los desfiles no son la mejor herramienta. Hemos desfilado en un club erótico, un restaurante, una iglesia... Hicimos desfilar las colecciones de hombre y mujer a la vez. Se ha convertido en algo repetitivo y agotador. Haremos algo cuando sea el momento y haya necesidad. Será más como una sorpresa”.
Esta renuncia no coge de sorpresa a los seguidores de Gvasalia, siempre muy crítico con la cerrazón de la alta costura a cambiar sus rutinas, decelerar el inasumible ritmo creativo que requiere la actual demanda de colecciones o abrirse a nuevas ideas y colaboraciones. Sin embargo, su decisión puede ir esta vez un poco más allá de la voluntad de un 'enfant terrible' y manifestar una percepción que ya está siendo discutida por los profesionales: ¿ siguen mereciendo la pena los desfiles?
Lo cierto es que la irrupción de las redes sociales como nueva pasarela digital de la moda ha cambiado para siempre la manera en que se concibe la presentación de los diseños en pasarela. Incluso los diseños mismos. Hoy, todo ha de quedar bonito en Instagram, y la luz y las piezas deben fotografiarse bien para luego ejercer su poder de seducción desde la pequeña pantalla del smartphone. El espectáculo, lo quieran o no la marcas, es ya más digital y menos material.
Además, la saturación del calendario de desfiles debido a la acumulación de colecciones, Prêt-à-porter, Alta Costura, Pre Fall y Resort, y las 'fashion weeks' que se solapan, disminuyen la intensidad y duración del impacto publicitario de las imágenes, cada vez menos impactantes a pesar de los ímprobos esfuerzos de los diseñadores por innovar y sorprender. No es extraño que, ante la situación, cada vez más modistos decidan bajarse del tren de las grandes marcas debido al cansancio creativo y el estrés laboral. ¿Tiene sentido desgastar a los genios que soportan todo el negocio de la moda para seguir alimentando unos espectáculos cada vez menos trascendentales?