El anuncio del embarazo de Telma Ortiz a sus 47 años expuso un hecho excepcional: si a los 20 años de edad, las probabilidades de conseguir un embarazo son de un 25% cada mes, a los 45 años se reducen a menos del 1%. Pero la hermana de Letizia lo ha conseguido y en unos meses tendrá su segundo hijo. Pero esta vez tendrá que asumir los riesgos propios de quedarse embarazada a edad madura: posibilidad de desarrollar diabetes, placenta previa, subida de la presión arterial y más.
El término de «embarazo geriátrico» no es ninguna exageración periodística, sino que así se le conoce entre los propios profesionales sanitarios a la realidad de tener niños a edades cada vez más tardías. Según el Informe Europeo de Salud Perinatal, España es el país europeo en el que la maternidad más se ha retrasado en los últimos años. Así, cerca del 40% de las mujeres españolas tienen su primer bebé después de los 35 años.
«Pero es cierto que lo de Telma Ortiz es sin duda algo muy fuera de lo normal y tampoco es lo mejor, aunque cada vez estemos más acostumbradas a pasar consulta a mujeres embarazadas cada vez más mayores», advierte la ginecóloga Marina Antón Marazuela, del Centro Médico Quirónsalud Tres Cantos.
Pocas mujeres logran quedar embarazadas después de los 45 años y la realidad es que tanto para ellas como para sus bebés existe un mayor riesgo de complicaciones. Por ejemplo, las mujeres mayores tienen el triple de probabilidades de experimentar diabetes y presión arterial alta durante sus embarazos respecto a las más jóvenes, según una investigación publicada en el American Journal of Obstetrics & Gynecology.
Las mujeres maduras también tienen tasas más altas de partos prematuros y placenta previa, como se conoce a una evolución singular de la placenta que puede llegar a bloquear la abertura del canal de parto. «Es lógico asumir que con la edad perdemos facultades físicas y somos menos sanas, con lo cual aumentan los riesgos durante el embarazo», corrobora la doctora Marina Antón Marazuela
La diabetes gestacional puede aparecer a partir del tercer mes y puede ocasionar varios problemas, desde un bebé demasiado grandes hasta la necesidad de cesárea. «Y otro gran factor de riesgo, una presión arterial alta, también conocida como preeclampsia. Puede provocar un nacimiento prematuro del bebé y accidentes cerebrovasculares durante el parto», añade la especialista.
Un embarazo tardío aumenta el riesgo de que el bebé tenga alteraciones cromosómicas como la trisomía (un cromosoma adicional). La amniocentesis y otras pruebas de menor riesgo ayudan a detectar estos problemas.
Por otra parte, la edad avanzada también acorta los embarazos y propicia partos prematuros. Más de una de cada cinco de las madres mayores dan a luz con menos de 37 semanas de embarazo (un embarazo normal dura 40 semanas), en comparación con solo una de cada 10 de todas las mujeres en edades jóvenes.
Además, las madres mayores tienen más probabilidades de experimentar fiebre y sangrado severo después del nacimiento junto con la necesidad de más tiempo estancia hospitalaria tanto para ella como para su bebé.
No es que la edad de la mujer sea el problema en sí, sino que a medida que se envejece es más probable que se desarrollan otras enfermedades subyacentes que pueden complicar el embarazo. Para tener un bebé, muchas mujeres maduras suelen acudir a la tecnología de reproducción asistida, como óvulos de donantes, algo que también pueden conllevar riesgos. Pero dado que las donantes de óvulos suelen ser mujeres jóvenes, esos embarazos en realidad suelen ser más sencillos que aquellos en los intervienen los propios óvulos, que probablemente presenten más anomalías genéticas.
Una de las principales claves para propiciar un buen embarazo y parto a una edad como la de Telma Ortiz está en los cuidados especiales que se adopten durante el periodo de gestación. «Es fundamental una dieta saludable. Comer bien, incluir esos alimentos propios de dietas para diabéticos como verduras, frutas, arroz integral o proteínas. Y también hacer ejercicios adecuados de forma regular», aconseja la doctora Marina Antón Marazuela.