Ya lo dice el villancio: «oh, ¡dulce Navidad!». Y es que estas Fiestas, mucho más allá de las celebraciones en familia (cuando se puede), las tradiciones (religiosas o no) y la decoración de nuestras casas a base de brillos y luces, son la mejor excusa del año para comer dulce mucho y bien. Porque sí, los mariscos, el besugo y el asado están muy bien, pero aquí hemos venido a jugar, y lo que esperamos todos en las reuniones navideñas es el momento en el que se sacan las bandejas repletas de turrones, mazapanes, mantecados, polvorones y demás delicias con altas dosis de azúcar. Después de probar los mejores roscones de Reyes y los panettone más exquisitos , hoy hacemos un viaje gastronónmico por Espaa para repasar los dulces típicos navideños de cada región. ¡Qué empiece la fiesta!
La primera parada en este dulce viaje navideño la hacemos en la Comunidad Valenciana, donde encontramos los mejores turrones del mundo (y no aceptamos discusión): el de Jijona, esa deliciosa pasta semiblanda con sabor a almendras tostadas, miel, clara de huevo y azúcar, que te pringa los dedos y te alegra el corazón; y el de Alicante, duro y exquisito, con sus trozos de almendras tostadas envueltas en miel y huevo, y recubiertas con obleas. Dos delicias artesanas con sabor a Mediterráneo que no pueden faltar en ninguna mesa de Navidad.
Y si los turrones son imprescindibles, no lo es menos el mazapán de Toledo, esas figuritas que no podrás parar de comer por su mezcla inmejorable y suave de almendras, azúcar, miel y huevos. De herencia árabe (recordemos que Toledo era la ciudad de las tres culturas), la leyenda cuenta que los boticarios del Hospital de Santiago de los Caballeros para los enfermos de la Guerra de Granada eran los encargados de elaborar estos dulces para los pacientes y es que no dudamos ni un momento en su capacidad para hacer 'milagros' cuando los pruebas. ¿Los mejores? Los del Obrador de Santo Tomé, que lleva elaborándolos al modo tradicional desde mediados del siglo XIX.
Los que prefieren bocados más contundentes, necesitan dejar hueco después de la cena para probar los polvorones de Estepa, las mantecadas de Astorga (harina, huevo, azúcar y grasa, todo bien horneado), los cortadillos de cidra que llevan preparando en La Campana, de Sevilla, desde 1885, o los hojaldres de Torrelavega (y demás delicias dulces de la Confitería Blanco, también desde finales del siglo XIX).
La sopa de almendras, una suerte de gachas de leche caliente infusionada con limón o naranja y canela a la que se añade almendras machacadas en el mortero, es un postre típico que se suele tomar en Nochebuena y Navidad en diferentes zonas de Castilla; mientras que el guirlache, tradicional de Aragón y de herencia árabe, nos seduce con su increíble combinación de almendra, miel y azúcar con anises. En Cataluña, el dulce típico de estas Fiestas son los neules, unos barquillos horneados de harina, azúcar, clara de huevo, raspadura de limón, esencia de vainilla y mantequilla, que 'echa' el Tió a los niños la noche del 24 de diciembre y que, según reza la tradición, formaba parte de la celebración de la Misa del Gallo en la región desde mediados del siglo XV.
Sin duda, la Navidad en nuestro país no puede ser más dulce, y desde luego, los que no quieran (solo) roscón de Reyes o panettone, tienen una gran variedad entre la que elegir en estas fechas. ¡Felices Fiestas!