Diana Krall (Nanaimo, British Columbia, Canada, 1964) ha transitado del pop al jazz sin perder nunca su identidad, su personal manera de hablar de sí misma o de reinterpretar el jazz clásico. Esta vez vuelve con un disco de versiones de grandes clásicos del jazz norteamericano, que forman parte de la memoria colectiva de generaciones enteras.
Turn up the quiet, a la venta el 5 de mayo, es un disco grabado en un momento de plenitud artística y personal, aunque su salida coincide con una gran tristeza para la cantante, por el reciente fallecimiento, a los 80 años, del productor, y gran amigo durante 25 años, Tommy LiPuma, una figura clave en el mundo del jazz y del pop, que vendió más de 75 millones de discos y trabajó con figuras como Barbra Streisand, Miles Davis o Paul McCartney.
La cantante habla de cómo fue trabajar juntos por última vez, reprimiendo apenas los sollozos, y reflexiona sobre el verdadero significado del éxito, del arte y de su emotiva relación con España, donde terminará su gira de cinco meses, por Estados Unidos y Europa, el próximo 17 de octubre, en Barcelona.