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Leonor Watling o cómo mantenerse serena ante el éxito y más ahora, que estrena La Templanza en Amazon Prime

La actriz y cantante de Marlango vive un momento dorado: conciertos, películas, audiolibros... y una serie, La Templanza, de la que es protagonista absoluta.

Leonor lleva camisa pijama de Wafflie Wear, falda de Nina Ricci y sandalias de Aquazurra. Pincha para ver las mejores series de televisión de Marzo./Fotografía: Félix Valiente, Estilismo: Gervasio Pérez / Maquillaje: Pedro Cedeño (NS Management) para @diormakeup / Peluqueria :Pedro Cedeño para L’Oréal / Agradecimientos: Hotel Orfila (www.hotelorfila.com)

Leonor lleva camisa pijama de Wafflie Wear, falda de Nina Ricci y sandalias de Aquazurra. Pincha para ver las mejores series de televisión de Marzo. / Fotografía: Félix Valiente, Estilismo: Gervasio Pérez / Maquillaje: Pedro Cedeño (NS Management) para @diormakeup / Peluqueria :Pedro Cedeño para L’Oréal / Agradecimientos: Hotel Orfila (www.hotelorfila.com)

Rosa Gil
Rosa Gil

En persona, Leonor Watling (Madrid, 1975) parece más guapa y menos famosa – no la reconocen por la calle, confesará dentro de un rato–; tal vez porque carece de esa épica de la celebridad que envuelve a muchas actrices y luce, en cambio, una sonrisa afable y un poco tímida, de persona que no acaba de entender el excesivo bombo que se da a todo esto de la fama. Comenta, de hecho, que a veces se aburre de dar las mismas respuestas en las entrevistas y prueba con algo diferente. “Luego veo los titulares y me espanto, claro”, ríe mientras se sirve un café.

"Lo mío con el cine ha sido complicado: por Marlango y por cómo quería vivir la crianza de mis hijos. Ahora que no son tan chiquititos, estoy feliz de sumergirme en proyectos que me absorben."

A lo mejor son las tablas que da toda una vida en la profesión –desde que dio sus primeros pasos en Hermanos de leche o Farmacia de guardia, hasta que llegaron Bigas Luna, Almodóvar, Coixet y De la Iglesia–, pero parece demasiado tranquila para todo lo que se le viene encima. El 26 de marzo se estrena La Templanza (Amazon Prime Video), la esperadísima serie basada en la novela homónima de María Dueñas (El tiempo entre costuras) que Watling protagoniza: una superproducción de época ambientada en cuatro países diferentes con una bodega jerezana como punto de encuentro; participa en la miniserie Besos al aire (Star), un homenaje en clave de comedia a los sanitarios; está grabando los audiolibros de Harry Potter y se encuentra en pleno rodaje de Desde la sombra, la adaptación de la novela de Juan José Millás (“adaptar a Millás es la fantasía: ¡entrar en esa cabeza!”, dice entusiasmada). Para que no falte nada, su grupo, Marlango, vuelve a subirse a los escenarios en esta primavera atípica. Aburrirse es, al parecer, lo único que no está entre sus planes inmediatos.

Vídeo. Leonor Watling para mujerhoy

Vestido de Silvia Tcherassi y mules planas con plumas, de Aquazurra. Fotografía: Félix Valiente y Estilismo: Gervasio Pérez. / Fotografía: Félix Valiente y Estilismo: Gervasio Pérez

Mujerhoy. Hablemos de La Templanza. ¿Cómo se decidió por este proyecto?

Leonor Watling. Cuando me llamaron no sabía muy bien qué hacer, porque ya estaba embarcada en Nasdrovia [la serie que estrenó en noviembre], y estos proyectos tan grandes requieren mucho compromiso. Pero Guillem Morales, el director, me contó lo que quería hacer con la historia y me enganchó. Mi personaje, Sol, es una mujer que consigue empoderarse, sin resultar inverosímil para la época en que está ambientada, el siglo XIX.

Mujerhoy..El núcleo de la historia sucede cuando los protagonistas tienen ya cuarenta y tantos años. ¿Supone eso una diferencia?

Leonor Watling. Sí, les han pasado muchas cosas y saben lo que pesan las consecuencias de un error. Pero también nos vienen a decir que, cuando te enamoras, da igual la edad que tengas: se te escapa el andamio y punto. Porque por dentro no tienes edad, te sientes como cuando tenías 20, no te despiertas un día pensando: “Espera, me voy a comportar como alguien de 45”.

Mujerhoy. Ah, ¿es que cumplir años no da otro empaque, otra seguridad?

Leonor Watling. No mucha, creo yo. Pero sí que miro fotos mías de hace años y pienso en lo monísima que estaba y lo horrible que me veía. Qué tonta, ¿verdad? Ahora intento pensar que, cuando tenga 60, me veré guapísima a los 45. Pero claro, eso solo funciona en retrospectiva.

Mujerhoy. La Templanza llega a la pantalla con el precedente de El tiempo entre costuras, otra adaptación de María Dueñas que se convirtió en todo un fenómeno. ¿Eso impone?

Leonor Watling. No, es muy bonito. Y la autora está totalmente involucrada en el proceso: ha visitado el rodaje, los cambios que se han hecho han sido con su aprobación... Cuando los escritores se mezclan con el audiovisual, los más felices son los que entienden que se trata de otro medio. Tienes cinco páginas de descripción minuciosa, y en pantalla eso es un plano de dos segundos que parpadeas y ya ha pasado. Pero te deja con la misma sensación, que es lo que importa. Toda adaptación, incluso la más fiel, es ya una versión, pero convive con el original, no lo borra.

Camisa de Karl Lagerfeld.Fotografía: Félix Valiente y Estilismo: Gervasio Pérez. / Fotografía: Félix Valiente y Estilismo: Gervasio Pérez

Mujerhoy. La mayor parte de su carrera como actriz se debe a personajes secundarios, pero este año es cabeza de cartel en todo: Nasdrovia, La Templanza, Desde la sombra... ¿Por qué?

Leonor Watling. Pues no lo sé, pero muchas gracias a quien corresponda [ríe]. Lo mío con el cine ha sido complicado, tanto por mis decisiones vitales –por cómo quería vivir la crianza de mis hijos, sobre todo– y porque tengo otra carrera, que es Marlango. Ahora todo eso ha cambiado un poco: mis hijos son algo mayores y estoy feliz de sumergirme en proyectos que me absorben, en los que no me veía cuando eran más chiquititos. Y además he tenido mucha suerte, eso es absurdo negarlo: cuando he podido, me han recibido, he encontrado oportunidades... Y he ido a cumplir 45 años en una época en la que hay protagonistas de esa edad.

Mujerhoy. Dice usted que la gente no suele reconocerla con la calle. ¿Y si tanta visibilidad cambia eso que le gusta tanto?

Leonor Watling. No creo que cambie. Yo tengo una cara... Cómo te diría... Me parezco a mí misma, es un superpoder. Cuando grabábamos La Templanza en Jerez, que es una ciudad pequeña, me quitaba el corsé, la peluca y el maquillaje, y me iba a tomar un café por ahí. Y la camarera me miraba y me decía: “Tú te pareces... te pareces... a alguien”. Y se iba. Y yo pensaba: “Pues qué guay”.

Leonor posa con camisa de Karl Lagerfeld, falda de Silvia Tcherassi y zapatos de Versace, en el jardín del Hotel Orfila (Madrid). Fotografía: Félix Valiente y Estilismo: Gervasio Pérez / Fotografía: Félix Valiente y Estilismo: Gervasio Pérez

Mujerhoy. Su padre era gaditano y su madre, británica; en La Templanza encarna usted a una jerezana que se casa con un inglés y se va a vivir a Londres. Qué coincidencia, ¿verdad?

Leonor Watling. Ha sido un regalo el poder usar todas las referencias que tengo (si lo hubiera hecho otra actriz, igual la parte inglesa habría sido más “española”). Y cuando Sol, tras toda una vida en Inglaterra, vuelve a Jerez, ¡es todo tan heavy! Es lo que les pasa a los expatriados: que, aunque vuelvan, nunca vuelven, porque la patria que ellos recuerdan ya no existe. Mi madre lo intentó una vez; pero tras unas semanas allí, se dio cuenta de que, sin ser española, era ya mucho más española que inglesa.

Mujerhoy. Como actriz y cantante, ¿hay afinidad entre la música y la interpretación? ¿Son vocaciones que se alimentan entre sí?

Leonor Watling. En las dos estás interpretando, dejando de ser tú, ya sea durante todo un rodaje o durante los tres minutos de una canción. Pero sí que se alimentan, no tanto para cantar como para escribir. Alejandro [Pelayo, el otro componente de Marlango], cuando me voy a rodar, me dice: “Genial, letras nuevas”. Porque escribo mucho cuando ruedo. Y es algo que te da mucho aire, porque cualquier trabajo tiene un punto repetitivo y, al poder cambiar, disfrutas. Tienes que haber estado cantando en un concierto el sábado para que el lunes te salga: “Uy, qué bien, hoy me ponen otra vez el corsé”.

Mujerhoy. ¿Marlango no ha dejado los escenarios durante la pandemia?

Leonor Watling. Estuvimos tocando el verano pasado. Pero porque tenemos mucha suerte y podemos ir en un formato muy pequeño, de piano y voz, que es algo que muy pocas bandas pueden hacer. Como músicos, anímicamente es muy importante el directo, así que se hace muy duro no poder hacer conciertos. La verdad es que es trágico lo que está pasando con la música, con todos los espectáculos. El ecosistema de la cultura es muy delicado.

Mujerhoy. ¿Tiene usted síndrome de la impostora en lo que se refiere a la interpretación? Siempre da a entender que va más insegura a los rodajes que a los conciertos.

Leonor Watling. ¡Que va! A los conciertos también voy insegura [ríe]. Pero sí, tal vez me siento más dueña cuando canto. Un rodaje es la entrega total, la sumisión en todo: el vestuario, lo que dices, dónde te colocas, cómo lo montan, todo. Y eso es lo bonito, que das todo lo que puedes para ser una pieza de algo muy complejo. No es tanto síndrome de la impostora como respeto al equipo. En La Templanza, a Sol la hemos hecho entre 30 personas. Las canciones de Marlango, en cambio, las hacemos Alejandro y yo. Eso también significa que si una canción no gusta, lo siento, es culpa mía, la he hecho yo. Si una película no gusta puede ser por muchas razones.

Traje de americana y shorts, de Versace; y sandalias de Aquazurra.Fotografía: Félix Valiente y Estilismo: Gervasio Pérez. / Fotografía: Félix Valiente y Estilismo: Gervasio Pérez

Mujerhoy. Pasemos revista a sus proyectos: está haciendo también los audiolibros de Harry Potter. ¿Es para que sus hijos puedan escucharlos con su voz?

Leonor Watling. ¡Claro! ¡Mis hijos y mis nietos, como me dijo la directora del proyecto! Yo llegué, toda ingenua, creyendo que serían unas horas... y ha sido un proyecto durísimo (y precioso).

Mujerhoy. Y ha estrenado la miniserie Besos al aire.

Leonor Watling. Me llamó Aitor Gabilondo, con el que ya había hecho Vivir sin permiso. Y mira, aprovecho para decir que yo a Aitor le debo mucho por Vivir sin permiso, porque entonces yo estaba... Bueno, nunca he dejado de trabajar, pero estaba en un momento valle, y aquel papel fue una maravilla. Cuando me envió el guion de Besos al aire pensé: “Uf, una historia del coronavirus en tono positivo, qué difícil”. Pero creo que lo han logrado, sin borrar ni idealizar nada. Y es bonito poder contar un cuento de algo tan tremendo que nos ha pasado a todos.

Mujerhoy. ¿Cómo vivió usted el año de la pandemia?

"Un rodaje es la entrega total; eres una pieza de algo muy complejo, y eso es lo bonito"

Leonor Watling. Pues en lo fundamental muy bien. Tengo la suerte de vivir en una casa bonita, con unos hijos en una edad fácil, con un buen año de trabajo a mis espaldas, con lo que no sufrí terror laboral, y con toda la gente cercana bien. Fíjate que para nosotros cuatro [su pareja, el cantante Jorge Drexler, y sus dos hijos, Lea y Luca] es algo inaudito pasar un año entero juntos. De esa parte he disfrutado un montón. Pero no sé cómo nos va a afectar a largo plazo. Me preocupa notar que nos hemos acostumbrado a la distancia, a la falta de contacto. ¿Cuánta gente olíamos a diario antes? ¿A cuánta gente saludábamos, tocábamos...? Creo que, dentro de 20 años, habrá estudios psicológicos sobre todo esto que hemos vivido.

Mujerhoy. ¿Creativamente fue un estímulo, al menos?

Leonor Watling. No, me quedé seca, paralizada: no he escrito nada y me costó mucho leer en esos meses. La soledad es buena para crear cuando es elegida.

Mujerhoy. Todavía le siguen preguntando por aquella etiqueta que le puso Bigas Luna, la de mito erótico intelectual.

Leonor Watling. Hombre, puestos a tener una etiqueta, esa mola [ríe]. Ahora me lo tomo con humor, pero entonces me pareció mucha presión. Porque, sinceramente, yo no he leído tanto. Conozco a gente que lee mucho y sé que no estoy en esa liga. Pero a los 30 años quieres estar a la altura de la etiqueta y piensas: ni erótico, ni intelectual, ni mito, mejor me meto debajo de una piedra. Y ahora me río y digo: lo siento, esto es lo que hay, esto es lo que soy.