Estás de luto porque tu relación se ha terminado y ahora mismo no te encuentras en tu mejor momento. Es normal. Una relación amorosa que fracasa es un duro golpe, especialmente si hay dependencia emocional por medio, y asumir todos esos sentimientos de tristeza y rabia puede ser duro… y desestabilizador. Consejos sobre cómo superar una ruptura hay muchos, ¿pero qué hay sobre lo que NO debemos hacer para sanar nuestro corazón herido? ¿Tenemos claro qué comportamientos nos pueden desestabilizar aún más en este momento? Vamos a hacer un repaso de todos los errores que debes evitar para superar tu ruptura con el corazón un poco menos herido y la cabeza muy alta.
Ni Instagram, ni Facebook, ni Twitter, ni TikTok ni ningún otro medio virtual en el que tu ex pueda volcar imágenes o actualizaciones de qué hace y lo que desayuna por las mañanas te favorecen. Y no lo decimos nosotras, lo dice la ciencia con estudios como el publicado en la revista Cyberpsychology, Behavior and Social Networking centrado en personas que chequeaban a sus ex o compartían amigos vía Facebook.
El estudio quería descubrir si continuar con este “contacto” indirecto con la expareja perjudicaba el proceso de curación tras la ruptura y concluyó que así era. Estar pendiente del Facebook del ex se asoció con un incremento de los síntomas de ansiedad por la ruptura así como con la experimentación de más sentimientos negativos, anhelo por la expareja y un menor crecimiento personal. ¿Sabes eso de “quedamos como amigos”? Pues no, no quedes como amiga suya de Facebook.
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Como lo has dejado tú crees que todo va a ser muy sencillo y que no te va a doler una vez has comunicado tu decisión de no seguir adelante con la relación. Error. Asumir el fracaso de un vínculo amoroso duele y más vale que te lo reconozcas a ti misma.
No hace falta que vayas llorando por los rincones, pero si no dejas que tus emociones negativas fluyan, se van a estancar y, lo que es peor, van a manifestarse con reacciones igual de incómodas pero que nada tienen que ver con las lágrimas, como los cambios bruscos de humor, el insomnio, los atracones de comida, los dolores de cabeza, el aumento de consumo de tabaco... Cuanto más pospongas el duelo, más se va alargar y desentrañar la maraña de emociones que estás reprimiendo va a ser más difícil. Si tienes que llorar, llora, aunque sea en privado.
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Reflexionar sobre lo que ha pasado y tu parte de culpa en lo sucedido está bien. Regodearte en ello, no. Si eres de las personas que posee un cerebro “rumiante”, de esos que una vez que cogen un tema le da vueltas y vueltas, cuidado con las decisiones que tomar para manejar el dolor de este momento vital.
Quizá un amigo con buenas intenciones te aconseje hacer un diario donde plasmar tu dolor y aprovechar así las virtudes de la escritura expresiva. Pero a no ser que seas Taylor Swift y tengas que sacar un nuevo disco escribir una balada sobre vuestra relación fallida no te va a ayudar en nada. Un estudio de la Universidad de Arizona comprobó que las personas con tendencia a “rumiar” las ideas sentían más angustia incluso ocho meses después de la ruptura si dedicaban su tiempo a actividades como escribir un diario sobre cómo se sentían. Si esa es la forma en la que funciona tu mente, mejor dedícate a hacer ejercicio y deja la moleskine para otro momento.