Carissa Véliz, experta en privacidad tecnológica. /
Cuando a Carissa Véliz se le ocurrió ponerse a investigar la historia de su familia, que había emigrado de España a México después de la guerra civil, se dio cuenta de algo con lo que no había contado. «Mientras buscaba en los archivos, encontré cosas sobre mi familia que nadie me había explicado. Aquello me hizo preguntarme si tenía derecho a saberlas. Siendo filósofa, busqué respuestas en la filosofía y me sentí muy insatisfecha con lo que encontré. Me pareció que había una laguna importante en la literatura acerca de la privacidad», explica. Esa fue la semilla de una investigación que ahora ha germinado en un libro: Privacy is power ('La privacidad es poder'). Profesora del Instituto de Ética en Inteligencia Artificial de la universidad de Oxford, Véliz es experta en privacidad y ética digital y su libro es un viaje a las entraсas de la llamada economía de datos y las reglas (salvajes) del capitalismo de vigilancia. Pero también un apasionado manifiesto que persigue terminar con ambas y que llama a la resistencia contra las prácticas abusivas de las grandes tecnológicas en un momento en el que referentes del sector, como Apple y Facebook, han iniciado una guerra pública sobre la protección de la privacidad de sus usuarios.
MUJERHOY. Desde el título de su libro sostiene que la privacidad es poder. ¿Poder para qué?
CARRISA VÉLIZ. Poder sobre tu propia vida. O lo que en filosofía llamamos autonomía. Mientras más sepan otras personas sobre ti, más vulnerable eres a su influencia, a que vayan un paso por delante tuyo. Poder para protegerte de la discriminación, de la humillación pública, del robo de identidad…
Deme un ejemplo escalofriante sobre lo que una empresa puede llegar a saber de nosotros.
Pueden saber, por ejemplo, si estás teniendo una aventura, si estás pensando en dejar a tu pareja o si tu marido te está mintiendo. O si estás embarazada o sufres una enfermedad.
¿Cómo funciona la economía de datos y el llamado capitalismo de vigilancia?
Tú usas la tecnología, o la tecnología te usa a ti, y esa interacción genera datos que se recolectan, se analizan y, a menudo, se venden. Esos datos, que a menudo no han sido corroborados, se usan para tomar decisiones sobre ti.
¿Qué tipo de decisiones?
Por ejemplo, si te van a dar un trabajo o un préstamo, pero también cuánto tiempo vas a estar en una lista de espera o cuánto pagarás por un producto.
¿Quiénes son los llamados 'data brokers'?
Son empresas que buscan tener un perfil sobre todos los usuarios de Internet. Tu perfil puede incluir tu historial de navegación, tus datos financieros, tu historial médico, si tienes antecedentes penales, tus compras... Esos perfiles se venden al mejor postor: aseguradoras, bancos, empresas...
¿Los gobiernos participan de este negocio?
Sí. Hay una cooperación muy estrecha entre empresas y gobiernos. A veces, los gobiernos venden datos, y otras veces, los compran. Por poner un ejemplo, cuando el Tribunal Supremo le negó al gobierno de Estados Unidos la posibilidad de recolectar datos de localización para resolver delitos menores, el gobierno empezó a comprárselos a los 'data brokers'.
Asegura que la falta de privacidad puede llegar a costar vidas humanas.
Los datos han facilitado varios genocidios. Facilitaron, por ejemplo, que los nazis localizaran a la población judía. Los países que más datos tenían sobre su población sufrieron más asesinatos. También se utilizaron en el genocidio de Ruanda.
¿Qué otros efectos directos puede tener sobre nuestras vidas?
Es muy probable que hayas sido víctima de alguna injusticia algorítmica, pero no lo sepas porque, hoy por hoy, nadie tiene que avisarte cuando usa tus datos. Si te han denegado un prйéstamo o un trabajo, muy probablemente tiene que ver con tus datos. Puedes sufrir un robo de identidad y tener que pagar por crímenes que otros cometieron en tu nombre. O puede que quienes sufran las consecuencias sean tus hijos o tus nietos.
¿Corren peligro nuestras democracias?
Como ya vimos con Cambridge Analytica, la democracia se puede hackear. Hay una relación muy íntima entre vigilancia y autoritarismo. No hay más que leer un poco sobre la Stasi, la policía de Alemania del Este, o mirar hacia China para saber adónde lleva la vigilancia en masa. Los seres humanos no estamos hechos para ser observados todo el tiempo. Nos lleva al conformismo y al miedo.
¿Qué podemos hacer para blindar nuestra privacidad? ¿Qué hace usted, por ejemplo?
Yo no soy el mejor ejemplo. Para hacer que este mensaje llegue lejos, he tenido que escoger una vida más pública de lo deseable. Hay que escoger móviles y ordenadores respetuosos, que no están fabricados por una empresa que gane dinero a través de los datos. En vez de Google, usa el buscador DuckDuckGo. En vez de Gmail, ProtonMail. En vez de WhatsApp, Signal. Y respeta la privacidad de otros: no compartas mensajes privados o fotos de otras personas, no contribuyas a la humillación pública.
También recomienda emplear la ofuscación.
Son técnicas muy antiguas para confundir al adversario. La idea es que si una compañía de Internet te obliga a que le des tus datos, tú tienes derecho a darle datos engañosos. O si una tienda te pide tu email sin una buena justificación, dales uno falso.
Sostiene que la prensa de pago es un antídoto eficaz contra estas prácticas. ¿Por qué?
La prensa es un pilar fundamental de las democracias. Si los ciudadanos no estamos bien informados, nos es imposible votar y actuar de acuerdo a nuestros valores. Para que la prensa sea libre y trabaje para nosotros, tenemos que financiarla. Si no fuera por la prensa, no tendríamos ni idea de cómo funciona la economía de los datos.
Sin embargo, hay quien dice que la batalla por la privacidad ya está perdida...
La batalla solo acaba de empezar. Si hemos logrado que la capa de ozono se recupere, podemos retomar el control sobre los datos. La mayor parte de la realidad aún no se ha digitalizado.
¿Y quién debe liderar el cambio? ¿Los gobiernos, los usuarios, las propias tecnológicas?
Todos necesitamos participar. Los consumidores tienen que incentivar a las empresas para que estas proporcionen privacidad como una ventaja competitiva. Como ciudadanos, tenemos que presionar a nuestros representantes políticos y los gobiernos tienen que estar a la altura y colaborar.