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Por qué Donald Trump le tiene tanto miedo a Kamala Harris: donaciones multimillonarias, apoyo estratosférico y una broma viral

En menos de un mes, Kamala Harris ha conseguido darle la vuelta al relato y situarse como favorita a la Casa Blanca. Mientras ella llega hoy a la Convención Demócrata dispuesta a darse un baño de multitudes, Donald Trump recurre a los ataques personales y a una extraña entrevista con Elon Musk.

Kamala Harris durante un evento de campaña. / gtres

Ixone Díaz Landaluce
Ixone Díaz Landaluce

Kamala Harris llega a la Convención Nacional Demócrata, que arranca hoy en Chicago y terminará el próximo jueves, en el momento más dulce de su corta, pero extremadamente efectiva campaña presidencial. Las encuestas le sonríen. Cada día un poco más. El dinero le sobra hasta para competir con un magnate y sus amigos multimillonarios. Harris ha recuperado incluso la sonrisa. No solo la suya, sino, sobre todo, la de las bases demócratas. Y todo eso, en menos de un mes.

Mientras tanto, Donald Trump parece presa del nerviosismo: a la habitual retahíla de mentiras y ataques personales y el ya repetitivo relato de cómo vivió su intento de asesinato, se han sumado un par de errores no forzados. El más evidente de todos: su caótica entrevista con Elon Musk en X. El relato del octogenario senil que durante semanas él mismo usó contra Joe Biden se ha vuelto en su contra y ahora son su falta de elocuencia y, hasta sus errores de dicción, los que están en la picota.

Aunque, en realidad, el mayor problema de Trump no son sus errores, sino todos los aciertos de su rival. Después de recibir el apoyo explícito de los príncipales líderes de su partido (desde los Clinton y los Obama hasta Nancy Pelosi o el propio Biden) y convertirse en la candidata oficial de los demócratas sin necesidad de guerras intestinas ni primarias abiertas, Harris ha conquistado un estatus de popularidad desconocida para ella hasta la fecha.

Kamala Harris: de vicepresindenta sin carisma a estrella del rock

En modo estrella del rock, sus mítines y eventos de campaña son una sucesión de baño de masas que culmirán esta semana en la convención nacional de su partido, que escenificará la unidad a su alrededor y que, como vaticinan muchos analistas, podría alimentar aún más las encuestas que ya empiezan a señalarla como favorita.

El entusiasmo que ha generado su candidatura también se ha traducido en dólares, algo fundamental para cualquiera que aspire a ganar una campaña presidencial en Estados Unidos. En las 24 horas posteriores al anuncio de la retirada de Joe Biden y la candidatura de Harris, la vicepresidenta recibió 100 millones de dólares en donaciones. En todo el mes de julio, la cifra superó los 300 millones.

Pero más allá del cash y de los apoyos políticos, Harris ha acertado en varias cosas más. La primera y más evidente: su compañero de ticket Tim Walz, un gobernador semidesconocido que, desde que se anunció su nombre, arrasa allí adonde va gracias a un envoltorio de tipo normal y corriente (no deja de ser hombre blanco heterosexual), pero ideas progresistas que conectan con los votantes más jóvenes.

Kamala Harris junto a su candidato a la vicepresidencia Tim Walz. / gtres

Dos: juntos han conseguido impregnar de un tono positivo, e incluso alegre, a una campaña que partió de la más absoluta desmoralización demócrata. La amplia sonrisa de Harris (algo que también ha criticado Trump) se ha convertido en una de las imagenes más recurrentes y poderosas de la campaña.

Donald Trump, un candidato «súper rarito»

Y tres: lo que empezó como una broma viral −instigada por el propio Walz para retratar al candidato republicano a vicepresidente J.D. Vance como un tipo raro que habla demasiado sobre el cuerpo de las mujeres− en poco tiempo se extendió a Trump. Después, las redes sociales hicieron su magia y big weirdo (súper rarito) se convirtió, además de un una broma viral pensada para irritar al ex presidente, en la estrategia más efectiva de la campaña demócrata hasta la fecha.

A dos meses y medio de la cita con las urnas, la campaña todavía puede traer algunas sorpresas. Y aunque Harris puede cometer errores, también podría tener un par de ases guardados en la manga. Algunos analistas han especulado con la posibilidad de que el esperado apoyo de Taylor Swift (con mucho predicamento en caladeros republicanos y conservadores) llegue en el momento más estratégico posible, probablemente hacia el final de la campaña.

Pero la gran prueba de fuego para la vicepresidenta está marcada en el calendario. El 10 de septiembre, Donald Trump y Harris se enfrentarán en el primer (y probablemente último) debate de la campaña. Será el momento perfecto para poner en valor la principal idea fuerza de su candidatura: ella, que antes de vicepresidenta fue una solvente fiscal general de California con fama de dura, representa la ley; Trump, acuciado por los problemas judiciales, se ha convertido en un parroquiano del banquillo de los acusados.

Entre esos dos perfiles, los norteamericanos escogerán al próximo presidente de Estados Unidos el próximo 4 de noviembre. Y pese a todo, la incertidumbre se mantendrá hasta el final.