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Elon Musk: cómo y por qué el hombre más rico del mundo se convirtió en el mejor amigo de Donald Trump

Es el apoyo más visible y vehemente de Donald Trump en su carrera hacia la Casa Blanca. Analizamos cómo y por qué el dueño de X, Tesla y SpaceX se ha convertido, en cuestión de meses, en el macho alfa de la derecha radical norteamericana.

Elon Musk. / contacto

Ixone Díaz Landaluce
Ixone Díaz Landaluce

El coqueteo, más o menos explícito, más o menos empalagoso, duró meses, pero se resolvió en sesenta minutos. Justo el tiempo que transcurrió entre las primeras noticias sobre el intento de asesinato de Donald Trump , el pasado 14 de julio, y la decisión de Elon Musk de hacer público su apoyo al candidato republicano. Ese día, abandonaba definitivamente la neutralidad y abrazaba su metamorfosis política hasta convertirse en un personaje central de la campaña electoral en Estados Unidos.

Desde entonces, la escalada del hombre más rico del mundo (53 años; 260.000 millones de dólares en la cuenta corriente) hacia posiciones cada vez más radicales no ha cesado. Solo hace falta leer su ineludible feed de X, la antigua Twitter.

Donde hasta hace poco solo había fotos, vídeos y anuncios megalómanos sobre cohetes o coches eléctricos y la ocasional broma techie, ahora el ritmo es vertiginoso y el tono, cada vez más difícil de justificar. 4 de agosto: «Una guerra civil es inevitable». 1 de septiembre: « Kamala promete ser una dictadora comunista desde el primer día». Unos días después, se dirigía a Taylor Swift con la promesa de «hacerle un hijo» después de que la cantante oficializara su apoyo a Harris .

El 16 de septiembre, el multimillonario tocaba fondo. «Y nadie está tratando de asesinar a Biden/Kamala...», escribía Musk el mismo día que Trump era objeto de un segundo intento de magnicidio. Elon Musk acabó borrando ese tuit, pero el daño estaba hecho. Por no hablar del post en el que sugería que las mujeres no tienen capacidad de pensamiento crítico y no deberían participar en la vida democrática.

Está claro: le gustan los charcos. Pero también las amistades peligrosas. En el último año se ha reunido y ha estrechado lazos con la plana mayor de la extrema derecha mundial. Desde Milei, presidente de Argentina, a Bukele, el de El Salvador; Meloni , de Italia, y Erdogan, de Turquía. Mientras, se enfrentaba a Maduro o Lula da Silva.

Elon Musk y el algoritmo de X

«No podemos conocer su implicación o impacto real en la campaña electoral norteamericana por la naturaleza de su control sobre la red social. Podría haber cambiado por completo el algoritmo para que los tuits que más aparezcan sean los que acusan a Kamala Harris de ser una marxista o los que afirman que Trump terminará con la guerra en Ucrania. El resultado son votantes que podrían estar muy desinformados», apunta Jonathan Nagler, profesor de la Universidad de Nueva York y codirector del Centro sobre Redes Sociales y Política, para quien el funcionamiento de la plataforma es ahora mucho más opaco. «Controla algo que literalmente no podemos ver. Que sea el dueño de Twitter es lo que hace de su apoyo político algo tan peligroso».

El multimillonario compró la red social en 2020 a cambio de 44.000 millones de dólares y, acto seguido, despidió al 75% de la plantilla . En este tiempo, los ingresos por publicidad se han desplomado, mientras la desinformación y los discursos de odio aumentaban exponencialmente. Incluidos los que él mismo se encarga de propagar en un perfil que siguen más de 200 millones de personas. En X, donde se ha descrito como un «absolutista de la libertad de expresión», también se ha gestado la operación de rebranding que le ha convertido en el macho alfa de la extrema derecha norteamericana.

Elon Musk junto a Georgia Meloni. / contacto

No ha ocurrido, sin embargo, de la noche a la mañana. Musk, que tuvo una relación civilizada con el presidente Obama y era donante del partido demócrata, llevaba años intercambiándose reproches con Donald Trump.

Le criticó cuando, en 2017, decidió abandonar el acuerdo del clima de París, apoyó a su rival en las primarias Ron DeSantis y, en 2022, le aconsejó, directamente, la jubilación. Trump, por supuesto, respondía a cada ataque: a veces, llamándole «falso» o «artista de la mentira»; otras, elogiando sus cohetes o comparándolo con Thomas Edison.

La extraña relación entre Musk y Donald Trump

El acercamiento comenzó cuando Musk prometió devolver al expresidente su cuenta de Twitter y se intensificó este año. «Durante meses, ha hablado y se ha reunido discretamente con Trump. Lo hacían por teléfono, pero también en persona, como en una reunión que tuvo lugar en Palm Beach, Florida, y a la que también asistieron algunos miembros de sus familias. Musk fue, incluso, coanfitrión de una cena anti-Biden en Los Ángeles», explica Emily Glazer, periodista del Wall Street Journal, el medio que publicó antes que nadie la intención de Musk de donar 45 millones a su campaña y los planes de Trump de hacerle un hueco en su gobierno.

«Durante el verano, todo cambió. Musk apoyó oficialmente a Trump y, después, lo entrevistó en X. Ahora, sus lazos son mucho más visibles. Según nuestro trabajo de investigación, su giro político hacia la derecha se debe tanto a sus opiniones sobre asuntos sociales, como su oposición a cuestiones relativas con la diversidad, la equidad o la inclusión, como a sus posibles beneficios empresariales», explica la periodista. De hecho, el dueño de Tesla, que en agosto contrató al asesor político Chris Young, ha reconocido que están en contacto permanente: «He tenido conversaciones con él. Me llama sin avisar y sin motivo y hablamos».

Tienen muchas cosas (y varias obsesiones) en común. La primera, además de los ataques virulentos contra Kamala Harris , es el discurso antiinmigración, que Elon Musk adereza con pinceladas conspirativas sobre la teoría del Gran Reemplazo –instigada por la ultraderecha, afirma que se está dando un reemplazo poblacional en Occidente– y su fijación por el descenso de la natalidad en Europa y EE.UU. Pero algunas de sus cruzadas políticas tienen trazas personales. Sobre todo, la que tiene que ver con el colectivo trans.

Batallas culturas e intereses empresariales

Vivian Jenna Wilson, la mayor de sus 12 hijos , inició su proceso de transición con 16 años. Musk, que afirma haber sido engañado para autorizar su tratamiento, ha llegado a decir que su hijo está «muerto, asesinado por el virus mental woke», mientras daba marcha atrás en las normas que Twitter tenía para proteger al colectivo y decidía llevarse sus empresas de California a Texas, tras la aprobación de una ley trans en ese estado.

Otras batallas, en cambio, son cuestión de números. «A Musk le interesan muchos temas. Y algunos de ellos son claves para sus negocios. En general, está claro que quiere menos regulación. Él y otros partidarios de Trump en Silicon Valley están muy interesados en la regulación de la inteligencia artificial, que podría tener importantes repercusiones en la nueva empresa de Musk, xAI», analiza la periodista Emily Glazer.

Pero hay más. «También le preocupan los incentivos fiscales para vehículos eléctricos, que afectarían a Tesla y le interesa la relación de sus empresas con las agencias gubernamentales: la NASA y el Pentágono son importantes clientes de SpaceX ; la Comisión Federal de Comercio regula X; la Administración de Alimentos y Medicamentos supervisa su empresa de implantes cerebrales Neuralink...».

Elon Musk junto a Javier Milei. / contacto

En definitiva, muchos intereses cruzados. Y contradicciones. El profesor Nagler apunta una de las evidentes: «Aunque defiende que haya menos intervención gubernamental, lo dice tras haberse beneficiado de regulaciones para impulsar el coche eléctrico». Por no hablar de sus contratos multimillonarios con la NASA y el Pentágono. El último se firmó en junio: 834 millones de dólares para sacar de órbita a la obsoleta Estación Espacial Internacional. Pero su falta de filtro ya podría estar costándole dinero. Y no sólo a él: también a sus accionistas. «Está aceptando un riesgo enorme. Se ha convertido en una figura tan controvertida que puede que haya gente que busque alternativas a Tesla si está pensando en comprarse un coche eléctrico», ilustra Jonathan Nagler.

La complicada relación de Musk con las drogas

A eso hay que sumar su carácter errático. Pero también su consumo de drogas, del que Emily Glazer informó en un reportaje publicado en el Wall Street Journal en enero y en el que se mencionaban sustancias como el LSD, la cocaína, el éxtasis, las setas alucinógenas o la ketamina.

«Escribimos este reportaje con cuidado y con la ayuda de muchísimas fuentes y testigos. En 2018, algunas personas de la junta de accionistas de Tesla y otras cercanas a Musk temían que estuviera bajo los efectos de las drogas cuando tuiteó sobre sus planes de sacar a la compañía de Bolsa. Ese año, también se metió en problemas con la NASA al fumar marihuana en un podcast. Es difícil decir exactamente cuál es su estado mental cuando tuitea estos días. Pero lo cierto es que, en el pasado, Musk y otros han atribuido su comportamiento errático a su salud mental. Es importante tener eso en cuenta», explica la periodista.

¿Puede Musk dañar la campaña del republicano? «No lo creo. Entre quienes rodean a Trump, Musk no es ni el más extremista ni el más delirante ni el más ofensivo», señala Negler.

En realidad, todo se reduce a dos escenarios. Si gana Donald Trump, Musk podría tener un asiento en el gobierno republicano. De hecho, el expresidente ya le ha ofrecido encabezar una comisión de eficiencia del gasto público. «Estoy deseando servir a América si la oportunidad se presenta. No hace falta sueldo, título ni reconocimiento», tuiteaba. Pero no lo hace por vocación de servicio público. Muchos aventuran que, de la mano de Trump, el multimillonario podría convertirse en el primer gran oligarca norteamericano.

¿Y si gana Kamala Harris ? Negler cree que podría tener incentivos para rebajar el tono. «No creo que volvamos a ver un mundo en el que Musk esté callado y se guarde sus opiniones políticas. Sin embargo, tiene muchos negocios con el gobierno federal y quiere meterse en el asunto de los vehículos autónomos, un sector donde también habrá mucha regulación. ¿Le va a interesar seguir atacando a los funcionarios? Probablemente no».

El experto tampoco cree que valore una carrera política propia: «Está suficientemente ocupado. Además, sabe que puede ser muy influyente influenciando a los políticos». Si esta campaña ha servido para algo, es para dejar eso meridianamente claro.