Las claves del optimismo del filósofo Gilles Lipovestky: «La democracia es más sólida de lo que pensamos. Los populistas van y vienen»

Frente a los pensadores del apocalipsis, el intelectual francés Gilles Lipovestky considera que el ser humano y nuestra sociedad gozan de mejor salud de lo que quieren hacernos creer.

El intelectual francés Gilles Lipovestky. / anagrama

Elena Castelló
Elena Castelló

«Soy un filósofo, pero un filósofo social», afirma el ensayista francés Gilles Lipovetsky (Millau, Francia, 1944). Su obra , centrada en temas como el vacío, el hedonismo, la seducción, la feminidad, el consumismo, el ecologismo o el lujo, lo demuestra. «Hay que casar la filosofía con la historia, la antropología y la sociedad. La esencia cambia, no es eterna», razona.

Con su primer libro, 'La era del vacío' (Anagrama, 1983), se dio a conocer internacionalmente y se convirtió en uno de los intelectuales más importantes de finales del siglo XX. Hablamos con él tras su intervención en el II Foro Internacional de excelencia turística Turium , que Vocento ha celebrado en Vitoria-Gasteiz, y antes de que su nuevo libro aparezca en España, sobre el nuevo papel de los intelectuales y la lucha contra el cambio climático, una de sus máximas preocupaciones en la actualidad.

MUJERHOY. ¿Es posible un desarrollo sostenible o es algo contradictorio en sí mismo?

Gilles Lipovestky. Hay todo un conjunto de pensadores, de ingenieros, de filósofos que consideran que hay una contradicción entre el crecimiento económico y la sostenibilidad y afirman que hay que optar por la sobriedad, la reducción del consumo. Yo no soy así de pesimista.

Pienso que es posible un desarrollo sostenible. Si conseguimos tener energías limpias, sin huella de carbono, creo que podemos proseguir con el crecimiento, porque creo que el crecimiento y el desarrollo son necesarios, algo que sé que es polémico.

MH. ¿Puede explicarlo?

Si no hay crecimiento, no habrá investigación. Y hoy en día necesitamos inversiones en energía eólica, en energía solar y, sin duda, en reactores nucleares. Y para todo eso se necesita dinero. ¿Cómo vamos a conseguirlo si detenemos el crecimiento? Yo soy lo que se puede llamar un «ecomodernista», no estoy de acuerdo con el retorno a tecnologías antiguas, creo en la técnica.

Sé que ha provocado desequilibrios ecológicos, soy perfectamente consciente de eso, pero lo que nos ha conducido al abismo es necesario para encontrar la solución. Lo que se llama decrecimiento suele ser una propuesta de estratos sociales acomodados. La teoría está bien, pero socialmente no puede extenderse. Evidentemente, el avión es muy nocivo para el entorno, pero la solución no es dejar de usar aviones, porque la gente los va a seguir cogiendo igual, aunque solo los cojan los ricos. Hay que ser realistas.

MH. ¿Y es posible un turismo que no altere el ecosistema?

En principio sí. Es necesario desarrollar un 'slow tourism', que consume menos y que tiene menos emisiones de carbono. Hay que alejarse del turismo de masas, que se concreta en hoteles enormes, con aire acondicionado. Y hay que buscar lo verde en la alimentación, con platos biológicos, no nocivos para el planeta, con un consumo más local, compatible con la sostenibilidad.

MH. Según usted afirma, no estamos en la postmodernidad, como se sostenía en los años 70, sino en la hipermodernidad. ¿Qué significa?

La hipermodernidad es la conciencia de que hemos entrado en una nueva fase de la modernidad. Decir que hemos superado la modernidad es una idea tonta. La modernidad continúa, solo que se transforma y se radicaliza. La tecnología es moderna y no hay más que ver los grandes progresos que ha vivido en todos los ámbitos.

MH. Pero también ha producido una gran devastación. ¿No le hace mella la ansiedad climática?

No, no es mi caso. Soy racionalista, algo que sé que no está muy de moda. Pero, creo que el genio humano tiene los medios para corregir sus errores. Creo que la tecnología permite reparar la devastación que hemos cometido. La inteligencia humana no tiene límites.

MH. Con la situación actual, no es fácil ser optimista. ¿Qué va a pasar con una guerra a las puertas de Europa, una crisis económica mundial, la subida de la extrema derecha al Gobierno en Italia...?

No sé lo que va a pasar, soy un filósofo, no un profeta [Risas]. Hay que ser modesto a la hora de analizar. Pero es cierto que los tiempos son complicados. Yo vengo de los años 60, donde nos dirigíamos hacia la felicidad. La de hoy es una época de pesimismo.

Con la guerra no hay respuestas, es el horror absoluto. Pero soy más optimista sobre los extremismos. Creo que la democracia y las instituciones resistirán, como han resistido con Trump. Creo que la democracia es más sólida de lo que creemos. Está amenazada por propuestas populistas, pero los populistas van y vienen con las elecciones. Eso no es el fascismo, no tiene nada que ver.

MH. En su próximo libro analiza la autenticidad como parte de nuestro tiempo. ¿Por qué estamos tan apegados hoy a esta noción?

La ética de la autenticidad es el código genético del hombre moderno. Es la conquista del derecho de cada uno a ser uno mismo, a dirigir su vida, según las elecciones propias y no las de otros. Este planteamiento nació en el siglo XVIII, a una escala muy pequeña, solo para algunos intelectuales. Pero es, sobre todo, en la segunda mitad del siglo XX, cuando este ideal se impuso en nuestra sociedad.

Por ejemplo, el derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo, a vivir y escoger su existencia, a casarse con quien querían y no quien decían sus padres. Es el 'be yourself'. En occidente, todo el mundo está de acuerdo en este principio. Y este principio se impone cada vez a más categorías: las mujeres, los jóvenes, los homosexuales, los trans...

MH. ¿Cuál es el papel de los intelectuales hoy?

La responsabilidad de los intelectuales es mostrar la complejidad de las cosas, me desagrada mucho cuando se van a los extremos. Su papel es denunciar lo que se acerca a las fake news. Pero los intelectuales apocalípticos, en general, simplifican las cosas. Solo ven lo que es negro. Termina siendo una caricatura.

MH. En alguna ocasión ha dicho que su acercamiento a la reflexión es antifilosófico.

Soy un filósofo, pero un filósofo social. No es la vía más desarrollada en las Universidades, donde se enseña historia de la filosofía. A mí me gusta señalar que estoy interesado por las grandes ideas, pero que estas toman traducciones diversas a lo largo de la historia. Me gusta ver qué es lo que cambia, mostrarlo. Hay que fijarse en las cosas muy concretas. El hombre no está encerrado en una esencia eterna.

Temas

Actualidad