Jennifer Hermoso besa el trofeo de la Copa del Mundo con la camiseta de Alexia Putellas. /
De Carabanchel a Sídney, y vuelta a la capital. El sueño de Jennifer Hermoso se ha cumplido: la veterana de la selección femenina de fútbol ha visto en Australia cómo la pasión que nació hace años en la capital madrileña se hacía realidad a miles de kilómetros de distancia. «Somos campeonas del puto mundo », decía la jugadora entre lágrimas de emoción poco después de ganar la final contra Inglaterra.
La tensión era evidente. La alegría también. El penalti que ella misma había fallado en la segunda parte del encuentro y que habría dado tranquilidad al conjunto español fue un mal trago que por suerte no desestabilizó el partido. Después vendría el beso de Rubiales , la polémica, las reacciones…
Hermoso, que ha sido una de las grandes valedoras de la victoria final de la Roja (y que contó con Letizia la infanta Sofía como espectadoras de excepción ) lloraba tras el encuentro, aunque sus lágrimas nada tenían que ver con aquellas otras que siendo niña derramó. Estas eran de emoción, aquellas de frustración.
«En la época del colegio, era raro que no llegase llorando o enfadada porque no la habían dejado jugar en el recreo al fútbol porque los chicos por aquella época no querían jugar con una chica», recordaba su hermano Rafa en una entrevista para Relevo. Luego Jenni fue depurando su técnica y «los chicos no querían que jugara porque les humillaba y les dejaba en vergüenza», explicaba.
Criada en Carabanchel, Jennifer hace bandera de sus orígenes: «Estoy superorgullosa de ser de barrio, esos momentos me han hecho ser la futbolista que soy hoy», contaba en el telediario de La 1. El barrio y su abuelo, que es el que le inculcó la pasión por este deporte. Era futbolero, sí, pero también fue portero del Atlético de Madrid. De hecho, ni su padre ni su hermano tuvieron nunca demasiado interés por darle patadas a un balón, aunque toda la familia ha hecho equipo con ella. Cuando en 2019 falleció, Hermoso mandó un bonito mensaje desde sus redes: «Los recuerdos y tú estaréis siempre aquí y gracias a ti, abuelo, hoy puedo seguir disfrutando del fútbol como lo hacíamos juntos».
Jennifer, en una imagen de pequeña con su abuelo. /
El papel de su núcleo duro es tan importante que lo lleva tatuado en el cuerpo: las iniciales de sus abuelos, la mano de su sobrina, un clavel por su madre… Pero tal vez el más especial sea una nota que tiene caligrafiada en su pantorrilla izquierda y que reproduce un texto que escribió su abuela. De ella dijo la jugadora que había sido como una segunda madre. Además de esos, la futbolista tiene tatuados un flamenco, un león, una frase de la película Million Dollar Baby y una estrella en el codo que fue el primero que se hizo.
Aunque es fan de reguetón y del flamenco, ha quedado demostrado, más aún después de la celebración en la explanada de la selección de Madrid Río que Jenni es incondicional de la tecnorumba de Camela. De hecho, la madrileña pudo marcarse un cameo durante la celebración de la victoria en la larga y tórrida noche madrileña, interpretando junto a su banda favorita alguno de sus míticos temas. Otro sueño cumplido.
Lo de Jenni con el esférico no es ninguna tontería. Como bien explicaba su hermano Rafa en la entrevista de Relevo, estuvo presente desde sus primeros pasos en la vida: «Iba con el balón a todas partes. El balón era más grande que ella. Incluso aprendió a andar con el balón porque le daba la seguridad de que, si se caía, rebotada y no se hacía daño. Aprendió a levantarse con el balón», contaba.
«Todos los vídeos que tengo en casa desde que gateaba era con pelotas de fútbol. Yo soñaba con bajar a la calle con mi balón, mi bocadillo de mortadela y no soñaba mucho más», relataba la propia futbolista en una entrevista con Culto Fútbol.
Después llegarían los partidos como espectadora en Carabanchel y en el vecino Orcasitas, y las liguillas con los amigos en los parques del barrio. A los 12 años ingresaba en el Atlético de Madrid; en 2012, debutaba con la selección; en 2023, campeona del mundo.
A sus 33 años, Hermoso es una de las veteranas de la selección femenina: la madrileña ha sido nombrada mejor jugadora de España por The Guardian y una de las 50 mejores del mundo. En todos esos años dedicados al fútbol y a la selección, ha tenido ocasión de forjar grandes amistades. Una de las más especiales con Alexia Putellas .
Se conocieron en 2013, cuando la madrileña fichó por el Barcelona y donde compartieron siete temporadas. «La conexión que tengo con Alexia sigue ahí y no se ha perdido nunca. Espero seguir disfrutando con ella mucho tiempo», ha declarado la jugadora que intercambió camiseta con la catalana al recoger la medalla de campeonas.
Jennifer Hermoso y Alexia Putellas en un momento del Mundial de Australia. /
¿Y qué dicen sus redes sociales sobre ella? Una vuelta por su cuenta de Instagram nos da las claves de los aspectos más importantes en su vida: dejando a un lado el fútbol en todas sus vertientes (premios, entrenamientos, golazos, fotos con Messi y Ronaldo…), Jenni es una apasionada del agua, de su chihuahua, de las frases de autoayuda, de la comida sana, de celebrar los cumpleaños y, sobre todo, de su familia.
«No existe amor más grande que el que siento por mi madre. Mujer fuerte, valiente, luchadora. No seríamos sin ella. Todo lo que somos es gracias a como mi abuela y ella nos han hecho crecer. Mi ejemplo a seguir, mi referente en la vida. Mamá te amo», escribía en uno de sus post. Para su inseparable hermano mayor, también tiene palabras de cariño: «Otro Año más. Otro año queriéndote con locura. Pase lo que pase siempre voy a estar contigo hermano. Te adoro», escribía hace unas semanas coincidiendo con su cumpleaños.