María lleva jersey de Isabel Marant, falda de Mango, botas de Simorra y pendientes de Swarovski. Alex, jersey de Mirto, pantalones de Dustin en El Corte Inglés y mocasines de Tommy Hilfiger. /
En un Madrid gentrificado, en el que las cafeterías y los restaurantes clónicos le ponen la zancadilla a los azulejos más castizos de las tabernas de toda la vida, el ajetreo de la frenética capital convive con la seguridad de las que tantas otras urbes carecen. Sin embargo, en los años 90, estuvo dominada por la banda criminal Los Miami, que hicieron de la ciudad del Oso y el Madroño la del miedo y el descontrol. La serie El Inmortal narra el ascenso y caída de su reinado delictivo.
Con motivo del estreno de la segunda temporada (22 de febrero en Movistar Plus+), nos reunimos con sus protagonistas, Álex García (La Laguna, 1981) y María Hervás (Madrid, 1987), para hablar de la banda, pero también del ansia por encajar y el temor a la cancelación. Sin aquella violencia, pero con la misma ferocidad.
Los actores se conocieron en La Jauría (2019), la impactante obra teatral creada a partir de las transcripciones del juicio de La Manada. Desde entonces, mantienen una gran amistad. «No queríamos que la relación y las discusiones fueran gratuitas y no nos apetecía que la seducción fuera simplemente una chulería. Construimos la relación hablando mucho y compartiendo muchísimas películas, porque María es muy cinéfila», asegura García. «El largometraje El año más violento nos ayudó a dar forma a la relación de nuestros personajes, porque Oscar Isaac y Jessica Chastain toman decisiones muy buenas y no caen en el cliché», añade Hervás.
Para dar forma a Isabel, su personaje en El inmortal, la actriz se inspiró en las supermodelos de los 90. «Además de ser grandes personajes de la cultura pop, son inteligentes, brillantes, grandes empresarias y muy libres. Como ellas, Isabel quiere ser la que manda. Y yo, personalmente, cada vez me identifico más con algo que antes juzgaba en mí misma. Pensaba que me iban a valorar menos como mujer y actriz si, por ser mona, me arreglaba y ponía en relieve mi belleza. He pasado años sin maquillarme y vistiéndome en chándal para que vieran que no me importaba la belleza; como si eso me fuera a dar un estatus más intelectual. Desde hace unos años, digo fuck you all. Soy guapa. Una parte viene de la genética, otra me la trabajo y me gasto un pastón... Y estoy orgullosa», dice con firmeza.
Al hablar de procesos de transformación, Alex García reconoce que se encuentra en un momento en el que cada tropiezo y cada nueva experiencia le han dado lecciones que ha interiorizado. «Vivimos en una aparente libertad, pero internamente, nos encontramos en una cárcel», opina. ¿Su clave para alcanzar la tan ansiada libertad? La tranquilidad. «Para estar más tranquilo, estoy más tiempo en silencio. Basta con frenar los pensamientos: pensar de más es malo. Pensar sirve para estructurar, organizarte y transmitir algo que sientes, pero lo primero es sentirte y escucharte».
Muchos actores se reconocen asfixiados por las sombras de los personajes a los que dan vida, pero él ha aprendido a no hacerlo. «Me gusta ser joven y haberme dado cuenta de que simplemente, los actores contamos historias. Ahora decido que cuando dicen «¡Corten!», tengo que cortar. También he aprendido a poner el «¡Corten!» en mi vida».
« No ha habido una época en la que hayamos sido menos libres que ahora en muchos aspectos –continúa María–. Todos somos políticamente correctos y defendemos la libertad de expresión, pero ante una entrevista, nos da miedo qué decir... En la sociedad actual, no hay ni carisma, ni personajes que nos atrapen. Nos atraen los que dicen barbaridades: aunque su discurso suele ser asqueroso, nos atrapa su libertad», asegura la actriz, hilando un discurso bien armado. «Ante las redes sociales y los medios de comunicación, emerge la sensación de que todo va a convertirse en un problema. Parece haber cierta obligación de opinar sobre absolutamente todo lo que está ocurriendo. Eso hace que la gente esté todo el rato en su cabeza y no en su corazón», resume Álex.
Resulta interesante la sutil manera en la que se palpa la visión que tienen los actores de la construcción de sus personajes y del peso del clima actual, pese a que la trama de El Inmortal tiene lugar en los años 90. «Me han permitido, y me he permitido, dar un punto de vista desde la actualidad. Mi personaje es un cabrón, pero no es un cobarde: él dice las cosas. Como actor, es importante aportar y reflejar en la ficción lo que hoy estamos aprendiendo todos. Para mí el detalle es vital, porque lo hermoso de esta profesión es poder dejar miguitas que hagan reflexionar a quien lo está viendo», señala García, que destaca la colaboración con Hervás y con Claudia Pineda, que interpreta a Maui, la novia mexicana de José Antonio, decisivas para hacer a su personaje más fuerte y digno.
También es llamativo comparar la toxicidad de la relación de sus personajes en la serie –la segunda temporada bien podría ser la autopsia de una pareja– y la saludable amistad que tienen los actores en la vida real. Lejos de limitarse a posar, observan cada fotografía, opinan acerca de las poses e incluso proponen ideas que subrayan su complicidad: son ellos los que proponen abrazarse en una de las fotos.
Entre sonrisas y energía positiva, llega el momento de sacar uno de esos temas que mueven al mundo, lo detienen en seco, lo ponen patas arriba y si, va bien, lo iluminan: las relaciones de pareja. «Se han ido a encontrar dos animales que proyectan muchas cosas de las que ambicionan en el otro. Isabel es una pija que sabe quién es. No se avergüenza de su ambición y le reta», asegura Hervás.
«Las mujeres nos hemos reprimido tanto para entrar en el agujerito en el que el mundo ha querido que entremos, que cuando vemos esas características en otra persona en realidad no queremos ser el malote: lo que queremos es ser la mala. Querríamos ser las más chungas, pero no nos lo permiten, porque nos quedaríamos como un elemento marginal de la sociedad. La única manera de acercarnos a esa sombra que nos pertenece y que deberíamos poder ejercer es de la mano del hombre, al que sí se le permite. Aunque se le castiga, él es un héroe», sostiene la actriz con convicción.
Ahora dispara contra el amor romántico y las historias de princesas. «Por más que sepamos que tenemos que romper con el amor Disney, hay algo en nosotras que hace que lo sigamos anhelando. Te tomas un vino con alguien que te hace gracia y, de repente, te sorprendes creando el castillo de la princesa. Muchas veces me veo anhelando cosas y, cuando me paro a pensar sobre ellas bien, me pregunto si realmente van con mi carácter. Yo hago las típicas dinámicas de soltera que me encantan, pero luego anhelo la estructura de pareja. El ser humano es insatisfecho y contradictorio por naturaleza. Si necesitas ponerme 20 etiquetas encima para creer que me comprendes, hazlo, pero no te voy a ayudar». Otro disparo. Éste, en la frente.
Entre tantas balas, queremos saber si la idea de esquivarlas o que no dejen rasguños, es decir si la inmortalidad asusta o atrae a Álex. «Aunque cuando hablamos de vida o muerte creemos que todo empieza y acaba en el ciclo de «naces, creces, te reproduces y mueres», yo creo que va más allá. Nuestros actos son inmortales», asegura. Y así descubrimos que, aunque no podemos ser inmortales, sí podemos aprender a ignorar el qué dirán para centrarnos a base de balazos reflexivos. En lugar de «¡Corten!», alguien dice «¡Se acabó!» al final de la sesión. La charla, repleta de metralla de realidad, no deja heridos.