entrevista

Sandra Orta: «Para ser una buena líder, hay que ser auténtica y puedes mostrarte vulnerable»

Convertida en una de las ejecutivas farmacéuticas más influyentes del mundo, la directora general de Bristol Myers Squibb para España y Portugal apuesta por un liderazgo tan expansivo, humanista e inspirador como poco habitual en el mundo corporativo.

Sandra Orta, directora general de Bristol Meyers Squibb para España y Portugal. / lupe de la vallina

Ixone Díaz Landaluce
Ixone Díaz Landaluce

«Desde pequeña quería cambiar el mundo, aunque no sabía cómo. Cuando se lo decía a mi madre, sé que ella me miraba y pensaba: 'Con los pocos medios que yo tengo, ¿cómo va a cambiar el mundo?». Hablar con Sandra Orta , directora general de la multinacional farmacéutica Bristol Myers Squibb para España y Portugal, no es hacerlo con una ejecutiva al uso. Fundamentalmente, porque repasar su impresionante trayectoria profesional es, necesariamente, un viaje por su vida personal. Eso queda claro desde el principio.

«Mis orígenes son muy humildes: mi madre tenía 18 años cuando yo nací y tuvo que espabilarse porque mi padre no quiso hacerse cargo. Esas cosas te marcan», cuenta. Cuando con 28 años conoció a su padre por primera vez, empezó a entender muchas cosas de sí misma. «Él venía de una familia de emprendedores y de ahí sacaba yo mis ganas de romper con el status quo. Aunque no tengo relación con él, me ayudó a conocerme mejor».

Orta, que es abierta, expansiva y predica un estilo de liderazgo humanista e innovador que practica en primera persona, opera en dos ejes: actitud y propósito. «Tengo una enorme curiosidad por entender el mundo, entender quién soy y con qué tipo de liderazgo me siento auténtica para ayudar a otros a crecer y tener un impacto positivo en el sistema sanitario», dice a modo de resumen.

Estudió Farmacia en Barcelona mientras trabajaba y aunque descartó enseguida apostar por una carrera en investigación, pronto entendió que el sector farmacéutico tenía una misión muy parecida a la suya. «Es una industria con un propósito preciso que consiste en salvar vidas y mejorar la calidad de vida de las personas. También sabía que para hacerlo a gran escala tenía que aprender mucho y rodearme de los mejores», explica.

Una carrera global

Entró a trabajar en Novartis cubriendo una baja de maternidad y con 28 años, ya gestionaba grandes equipos. Aunque nunca se había planteado una carrera en el extranjero, cuando llegó la oportunidad, tuvo los reflejos necesarios para no dejarla pasar. «Si alguien me hubiese dicho que viviría en Londres, París, Nueva York, San Diego o Sudáfrica, no me lo hubiese creído jamás», cuenta. Esas escalas le llevaron a trabajar para compañías punteras como Novartis, Pfizer, Almirall o Roche, pero también para startups en las que aprendió a gestionar un negocio desde cero. Desde 2023, es la directora general de Bristol Myers Squibb para España y Portugal.

Cuando habla de conciliación, no lo hace de oídas. Orta estaba embarazada de seis meses y viviendo en Estados Unidos cuando se separó de su pareja. Su hija nació en San Diego, California, pero en lugar de comprar la casa familiar con la que había fantaseado, se puso a trabajar de consultora freelance y, cuando la niña tenía tres años y medio, aceptó una oferta para irse a Sudáfrica. «Mi corazón me decía que tenía que ir porque sabía que podía aportar mucho, pero muchos me llamaron loca. La gente me decía: «Si te separas, ¿por qué te vas tan lejos, por qué no vienes a España?». Allí pasó lo peor de la pandemia.

Sandra Orta en la sede madrileña de Bristol Meyers Squibb. / lupe de la vallina

A Orta le gusta hablar de su experiencia personal porque quiere contribuir a romper estereotipos. De toda índole. El primero: lo que se espera de las personas que, como ella, ocupan puestos de liderazgo. «Para ser líder, hay que ser auténtico. Y contar tu vida personal no significa ser menos fuerte. De hecho, ser vulnerable de vez en cuando también demuestra fortaleza. Soy muy partidaria de ese tipo de liderazgo. No hace falta que seamos psicólogos en el trabajo, cada uno tiene que trabajarse a sí mismo, pero tampoco podemos dividirnos entre lo profesional y lo personal. Somos una sola persona».

El siguiente tiene que ver con los modelos de familia, algo que siempre le ha tocado muy de cerca. «Yo me he sentido excluida muchas veces. Si tienes un alto cargo directivo y no tienes pareja, no te invitan a las barbacoas. Pero los modelos familiares están cambiando y necesitamos más diversidad. A mí, que soy hija de madre soltera, no haber acertado con el padre perfecto para mi hija me duele, pero también me hace muy feliz hablar de lo que es una familia. Yo le digo a mi hija: 'Nuestra familia somos tú y yo, nuestros dos perros y nuestro gato'. También tengo una amiga que tuvo gemelos con una mujer y otro amigo que adoptó con su pareja, que es un hombre», explica.

Hacia un liderazgo más diverso

Quizá por eso, Orta tampoco cree en el modelo convencional de oficina ni en el horario 'de 9 a 5'. «Cada uno tiene que encontrar su fórmula y saber lo que le equilibra. Para mí la conciliación está ligada a la flexibilidad. La persona comprometida que le encanta lo que hace siempre encuentra las horas. Lo que ocurre es que quizá también quiera ir a buscar a su hijo al colegio a las cinco», explica. Ella, por ejemplo, lleva y recoge a su hija casi cada día, pero también aprovecha sus entrenamientos de natación para contestar emails y, cuando por la noche la casa está por fin en calma, sigue trabajando en lugar de relajarse en el sofá. En la oficina, en cambio, sus jornadas son una sucesión interminable de reuniones con los diferentes equipos. Durante esas horas, nunca contesta emails, prefiere concentrarse en las personas.

«Otro aspecto clave del liderazgo es no trasladar la presión que recibes. Es la forma de que tus equipos puedan seguir siendo productivos y creativos sin tener miedo», reflexiona Orta, para quien el aspecto más gratificante de su trabajo consiste, precisamente, en facilitar el crecimiento profesional de las personas que están a su cargo. No es el único. «Quizá no seamos el número uno en ventas ni en empleados, pero en nuestro propósito está abrir mercados en áreas en las que no había alternativas terapéuticas, hablamos de pacientes que no tenían nada», cuenta sobre su experiencia al frente de Bristol Meyers Squibb en nuestro país.

Con un currículum como el suyo cuesta pensar que el cargo que ocupa ahora sea su destino final. «Nunca he dejado un proyecto a medias y me queda mucho tiempo en este puesto, pero también tengo claro que no me puedo jubilar aquí porque entonces no estaría aportando todo lo que debo. La vida siempre me ha sorprendido. Ahora mismo estoy dándolo todo. Luego, ya se verá…».

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