Mono-pantalón, cinturón con bolsillos, bolso y botines, todo de Louis Vuitton. /
La noche del 16 de agosto, la plaza de España de Albanchez (Almería) estaba de bote en bote. Rosa Saez, vecina de L'Ampolla (Tarragona) y residente durante el verano de esta localidad que no supera los 700 habitantes censados, cogió el micrófono de manos del alcalde y, mirando a la multitud con la voz entrecortada por la emoción, les espetó: «Albancheleros, os quiero mucho. Mis hijos y yo hemos sido muy felices aquí. Ahora solo deseo que mi padre y mi madre estén mirando desde el cielo. Con todos vosotros, mi hija, Victoria Luengo ».
Los paisanos, enmarcados entre las guirnaldas de colores, aplaudían y lanzaban vivas espontáneas, antes de que la actriz tomara la palabra para pronunciar el pregón con el que se iniciaban los tres días de fiesta en honor a San Roque, patrono de los perros y de los enfermos. Lo hacía a través de una videollamada, ya que se encontraba en San Sebastián representando Prima Facie, el monólogo de Suzie Miller por el que ha obtenido todos los premios posibles y que la ha consagrado como una de las mejores intérpretes de nuestro país.
«En el discurso dije que en el colegio siempre contaba que Albanchez era el mejor pueblo del mundo. Lo sentía así, porque el tiempo allí se detenía. Pienso que mis abuelos, Elisa y Juan, estarían orgullosos de mí. Su historia es alucinante. Se conocieron en Barcelona y, al hablar, poco a poco, fueron descubriendo que procedían del mismo lugar de Andalucía, de la misma calle, la de la Parra, y que nunca antes habían coincidido. ¿No es curioso?».
Vestido con cuello esmoquin de la colección crucero de Louis Vuitton. /
MUJERHOY. De no creer. ¿Qué le pide a San Roque?
VICTORIA LUENGO. Nada. No soy religiosa, pero se ha generado una devoción que tiene que ver más con la herencia de mi abuela que con la fe.
O sea, que, llegada la ocasión, se reza a usted misma.
En caso de pedir, lo hago a mí misma, sí. Pero, en un mundo donde cada vez hay más ruido, la quietud es muy importante, porque te conecta contigo misma. Así entiendo yo la espiritualidad: cuidar de mi propio espíritu.
Sea a quien fuere, las plegarias de Victoria Luengo (Palma, 1990) han sido atendidas. Es indudable que se ha convertido en eso que todas las de su estirpe anhelan y temen: ser la chica del momento. Sus próximos proyectos así lo avalan. Acaba de estrenar la serie Yo, adicto y la película Verano en diciembre, junto a Bárbara Lennie y Carmen Machi; ha comenzado a rodar la tercera temporada de Reina Roja y una nueva cinta junto a Javier Bardem, El ser querido, firmada por Rodrigo Sorogoyen. Con el director ya trabajó en Antidisturbios, la serie gracias a la cual conoció el reverso menos amable de la popularidad: la fama desmedida.
Aunque en ella todo es terrenal. No tiene reparos en posar en una sesión con la última colección de Louis Vuitton y, a los pocos minutos, rememorar los días de infancia en los que fue feliz en la misma plaza del municipio en el que, desde que tiene uso de razón, ha veraneado. Qué tiempos. «Ahora, cuando voy a Albanchez, mi plan favorito es sentarme a la fresca junto a los vecinos y ponernos a charlar».
Es un plano almodovariano. Confiese, ¿a qué vecino le hacen un traje?
¡A ninguno! [Ríe.] No somos de hablar mal de la gente. Al revés. Los temas son cómo está éste, el nuevo nieto del otro... Es una cosa muy auténtica, sí.
¿Cómo vive el contraste entre lo rural y el lujo, entre los flashes y las farolas de los huertos?
Teniendo claro que, cuando acudes a un festival de cine, nada es verdad. Yo soy como la niña que va a la feria y vuelve a casa con el subidón de adrenalina, pero, eso sí, sabiendo que no se repetirá en un tiempo.
Y, ¿el momento alfombra roja?
Nunca he hecho nada especial para cuidarme. Las primeras veces que hacía sesiones de fotos lo pasaba muy mal, porque nunca he considerado que mi fortaleza tenga que ver con mi belleza. Mi autoestima la he construido sobre otras cosas. Pero, poco a poco, van pasando los años y me da tranquilidad ponerme delante de un objetivo y ya no estoy pensando en si quedó bien o no la foto. Y es bonito porque he aprendido a disfrutar, claro.
Corsé, pantalón y botas, de Louis Vuitton. /
Tan sólo unos días después de dar el pregón en Albanchez, Victoria apareció, en efecto, en el Festival de Cine de San Sebastián desafiando las supercherías populares que recomiendan evitar el amarillo. Precisamente, iba de la mano de Pedro Almodóvar. Allí, el cineasta recibía el Premio Donostia y presentaba La habitación de al lado , protagonizada por Julianne Moore y Tilda Swinton, donde retoma el tono aséptico de sus últimos trabajos para abordar, por primera vez en inglés, cuestiones tan universales como la muerte digna, la amistad y el poder de la cultura para sanar las cicatrices del alma. Este es un trabajo especial para nuestra protagonista, ya que es el primero con el que firma con su nombre completo en la gran pantalla: Victoria Luengo.
Ha elegido un buen padrino para su renacimiento.
Lo hablé con su productora, El Deseo, y pensé que no había mejor momento para dar este paso que con él, claro.
Por cierto, ¿por qué le pusieron Victoria?
Mi madre me iba a llamar Carlota pero, cuando me tuvo en sus brazos, pensó que yo era su gran victoria. Estoy contenta de tener este nombre y muy orgullosa de que mi madre lo cambiara en el último momento.
¿Cómo ha sido rodar con Almodóvar?
Fue increíble. Yo creo que es un un hombre inteligentísimo, con una sensibilidad muy poderosa. Lo admiro mucho. El reto está en saber cómo entenderle.
¿Y lo consiguió?
Sí, él quería transmitir esa mirada de terror, de desolación. Comprendí a la perfección lo que me pedía. Una cosa buena de tener a Pedro delante es que no piensas en lo que él te está diciendo... ¡Sencillamente lo haces!
¿Tiene alguna anécdota con Julianne o Tilda?
A Julianne nunca la he visto. Y Tilda me pareció súper agradable y humana. Una mujer muy normal dentro de toda la excelencia. Me corroboró algo que pienso, que es que los mejores siempre son las personas más buenas.
La habitación de al lado reflexiona sobre la muerte. Usted perdió repentinamente a su padre en 2021, pero habla poco de él. Al menos en público...
Bueno, porque es una persona que ha fallecido.
¿Cómo se ha enfrentado al duelo?
Como cualquier persona: sin saber cómo hacerlo. Creo que si hubiera una manera, estaríamos más ordenados. En esa época me ayudó La vida pequeña. El arte de la fuga, de J. Á. González Sainz. Es un ensayo que habla del momento presente. Son unas reflexiones que me sirvieron para permitirme sentir el dolor.
El cantante australiano Nike Cave ha dicho que hasta que no se murió el primero de sus hijos estaba a medio hacer.
Vivimos de espaldas a la muerte y le tenemos un miedo atroz: intentando no envejecer, por ejemplo. De todos modos, creo que cuando fallece alguien muy cercano es como si se movieran las placas tectónicas de tu propia vida.
El arte nos cura.
Yo creo que sí. Nos muestra situaciones que nos hacen conectar con algo que, a lo mejor en la vida real, no nos atreveríamos. Entonces, te hace preguntas que, en otras circunstancias, no te harías.
También la ha ayudado el psicoanálisis...
La terapia en general, sí. Considero que está bien, que no hace falta hacerlo todo uno solo. Yo creo en la fuerza de lo colectivo. No es fácil convivir con uno mismo, así que es importante aceptarlo y pedir ayuda.
Vestido globo y botines de la colección crucero de Louis Vuitton. /
Victoria no precisó de guías para encontrar su vocación en la vida. Con sólo cuatro años, se trasladó «por motivos familiares» desde su Palma natal a Barcelona, donde se instaló en el barrio de la Sagrada Familia. Con 10 años le dijo a Rosa, su madre, que trabajaba como comercial, que quería ser actriz. No había precedentes en casa, pero a ella le encantaba el flamenco y actuar. Lo que peor se le daba eran las matemáticas.
«Me da mucha pena no acordarme por qué decidí eso. Pero lo que sí sé es que yo nunca he tenido musas, porque no soy actriz por imitación. De hecho, he descubierto el cine después de serlo. No recuerdo cuál fue la primera película que vi. No entré en este oficio por deslumbramiento sino por pura acción», se justifica Luengo, que sueña con poder encarnar un papel como el de Gena Rowlands en A Woman Under The Influence. «Me interesan esos papeles en los que no sabes si la protagonista está en sus cabales o no», asegura mientras clava fijamente su mirada. Al margen de su descomunal talento, es evidente que sus ojos son claves como intérprete y también una fijación de Pedro Almodóvar en sus castings. De Rossy de Palma alabó en una descarrachante escena «esos ojos de loca tan hermosos».
Su madre, Rosa, residente en L'Ampolla, en el Bajo Ebro, siempre la apoyó, al igual que a su otro hijo, Juanjo, que trabaja como conductor de autobuses en la ciudad condal. «¡Todos los periodistas me preguntan por él desde que lo conté en una entrevista! Lo que quería transmitir es que mi profesión puede ser tan exigente como la suya».
Su madre, como en las películas de Almodóvar, tiene mucho peso en su vida.
Siempre me animó. Organizaba las fiestas en el colegio y se apuntó al teatro como si fuese su propia extraescolar. Ella ha sido muy fiestera y con un espíritu libre y joven. Sentí que había logrado ser actriz cuando tenía 21 años y la vi aplaudiendo muy fuerte tras una función.
Ahora que gana más, ¿qué capricho le ha dado?
El año pasado fuimos juntas a Nueva York. ¡Lo flipó!
¿Sabe distinguir por sí misma a los amigos que se acercan por interés?
Llámame ingenua, pero no lo noto. Lo que sí intento con mis amigas, actrices o no, es tener una relación de amistad sana. Se consigue hablando de las cosas. Cuando siento celos, lo digo. ¡Las emociones no son ni buenas ni malas! Así se alcanza un gran nivel de honestidad y sinceridad.
Le soy franco: qué envidia de 2024. Puede incluir que ha sobrevivido a un achuchón de la reina...
[Ríe] La conocí en la entrega de los Premios princesa de Girona, que me han dado por mi trayectoria, y me abrazó fuerte, sí. La verdad es que es muy generosa. Le encanta el cine. Tenemos conversaciones súper interesantes. Cuando nos hemos visto, no hablo con la reina sino con una persona en la que se percibe su amor por esta profesión. Me parece una mujer espléndida.
¿Cuál es su película favorita de Almodóvar?
No las tengo ordenadas. Sé que me impactó mucho La flor de mi secreto, porque me gusta cómo cuenta la historia de nuestro país. Creo que sin él, no sería la misma. Pero no sólo la historia del cine, sino también la política.
¿Y cuáles son sus propias reivindicaciones?
Vivimos en una sociedad con una violencia estructural hacia la mujer que debemos reconocer y querer modificar entre todos. Esa es la principal reivindicación que tengo ahora. Pero vamos, también muchas otras: la regulación de los alquileres, los problemas de la inmigración, de la sanidad pública...
Victoria, imagine que todo esto se acaba un día...
Hovik Keuchkerian tiene una frase que me encanta: «Podría vivir en el monte comiendo melones». Si eso sucede, pensaré qué suerte tuve de haberlo logrado.
Al menos, siempre le quedará su aldea, Albanchez.
Allí, tengo los mejores recuerdos y hasta banda sonora: Viva el pasodoble, que hace alegre la tragedia