El protector solar perfecto existe y los expertos nos dan las claves para elegirlo /
Por fin tenemos claro que la protección solar es un paso más en la rutina de belleza de cada día y hasta podemos decir que, igual que pasa con el sérum o la crema de tratamiento, también tenemos un solar favorito de cabecera. Porque, aunque nos vemos más guapas morenitas, hay algo que los expertos tienen claro.
La piel bronceada es una prueba evidente de que nos hemos protegido mal del sol. Y este error se puede pagar caro. «El bronceado es un mecanismo de defensa, no de belleza», puntualiza Leonor Prieto, farmacéutica y directora científica de los Laboratorios la Roche-Posay.
«Hay que tener clara esta diferencia y, aunque cuando estamos morenos tenemos la sensación de que nuestra piel está protegida, no es real porque la melanina no tiene la capacidad suficiente para hacer frente a los daños solares», añade Prieto.
La doctora Aurora Garre, medical marketing manager de Isdin, incide en esta cuestión: «El bronceado proporciona a la piel una protección extremadamente baja, el equivalente a un factor de protección solar (FPS) de entre dos y cuatro. Por eso, no evita el riesgo de quemaduras y cáncer de piel, además de otros problemas a largo plazo, como el envejecimiento prematuro y las manchas hiperpigmentadas o solares».
Si, a pesar de usar protección, la piel se broncea, lo estamos haciendo mal. «Si nos seguimos poniendo morenos es porque, primero, no existe la protección total. Y, segundo, porque aunque utilicemos un FPS muy alto, nos ponemos menos cantidad de la que se usa para medir ese factor de protección, por lo que reducimos los índices de eficacia entre un 20 y un 60%», explica Leonor Prieto. La protección total no existe, pero sí la ideal. Según Deborah García Bello, química y divulgadora científica, es aquella que nos protege de toda la radiación ultravioleta (A y B), que tiene algún neutralizador de radicales libres (antioxidantes, por ejemplo) y que nos gusta usarla. «La protección solar ideal es la que te pones con gusto», afirma la experta.
¿Cómo consigue la industria que nos guste utilizar una crema de protección solar? Añadiendo un extra de cuidados a la fórmula. «Depende del tipo de piel o de la actividad de cada uno. Si tienes, por ejemplo, la piel grasa, tendrá que ser una crema que controle la producción de sebo y que no deje brillos. Si tu piel es seca, te interesa que lleve un extra de hidratación. Los deportistas buscarán una que no se mueva y que no arrastre el sudor hacia los ojos o la boca», puntualiza García Bello.
De izquierda a derecha, Anthelios en formato spray con SPF 50 de La Roche-Posay / Loción solar SPF 30 de Ziaja / Fotoultra SPF 50 especíifico para pieles sensibles de Isdin / Stick solar SPF 50 de Clarins.
Pero, además de todo esto, hay que hacer hincapié en el llamado amplio espectro. ¿Qué es exactamente? Para entenderlo, Deborah García explica la diferencia entre unos rayos y otros: «Del sol nos llegan tres tipos de radiaciones. Dos de ellas no producen ningún daño: la infrarroja, que sentimos como calor, y la visible, que vemos como colores.
No ocurre lo mismo con la radiación ultravioleta, que se divide en A, B y C. De la C nos protege la capa de ozono; de la A y la B, los protectores solares. Los rayos UV que tienen peor fama son los B, porque tienen un efecto nocivo inmediato y son a los que se refiere el factor de protección. Pero cada vez más productos incluyen protección frente a los A y a eso se refiere el amplio espectro, a esa doble protección», apunta.
El SPF (y esto tiene que quedar muy claro), se refiere solo a la protección con respecto a la radiación ultravioleta B. «Para saber si tiene protección frente a la ultravioleta A, nos tenemos que fijar en que aparezca un pictograma con las siglas UVA rodeadas por un círculo. En este caso y, de momento, no se exige que aparezca un índice, pero con ese indicativo ya se asume que tiene al menos un tercio del SPF», explica Deborah García.
Pero hay buenas noticias para el futuro: «Este índice se acabará poniendo también porque sabemos que los rayos UVA son mucho más perjudiciales de lo que se creía hace años», continúa. ¿Son, entonces, peores que los B? «No los hay mejores o peores, los dos tienen efectos sobre la salud, pero los B producen un daño visible de forma inmediata, las quemaduras, que provocan un daño directo en el ADN, sobre la formación de radicales libres y sabemos que es potencialmente cancerígeno«.
Protección solar invisible con SPF 50+ de Rituals / Crema solar facial de Secretos del Agua / Fluido solar ligero SPF 50 de Nuxe.
«Por su parte, la radiación ultravioleta A, hace años se pensaba que solo oxidaba la melanina, es decir, que la ponía más oscura y que hacía que estuviéramos bronceados pero sin causar daños. Y esto es falso porque ahora sabemos que altera nuestro sistema inmunitario y que también produce radicales libres que dañan nuestro ADN. De hecho, está relacionada con algunos tipos de melanoma y de cáncer. Por eso, en el futuro, nos parecerá extraño que existieran cabinas de bronceado que funcionan con rayos UVA, lo contaremos como una anécdota», asegura.
Pero no todo lo relacionado con la exposición solar es malo. «Tenemos que tener en cuenta que todo tiene un yin y un yang y que al Sol le pasa lo mismo. Sin él no habría vida en la Tierra, es fuente de energía y sabemos que tiene un efecto beneficioso como antidepresivo, disminuye la tensión arterial, regula el sueño y sintetiza la vitamina D. Pero tiene su lado oscuro: provoca quemaduras, disminuye las defensas, envejece la piel y produce manchas. Y, a largo plazo, provoca cánceres de piel», asegura Leonor Prieto, de La Roche-Posay.
Aurora Garre, de Isdin, nos da algunas pautas extra para antes y después de la exposición solar. «Durante el verano, debemos seguir una dieta rica en antioxidantes, es decir, con frutas y verduras de temporada que recarguen nuestras defensas naturales frente al sol. También es aconsejable utilizar productos que aporten antioxidantes, tanto a nivel tópico como en forma de suplementos alimenticios.
«Además, por el sol, pero también por la sal, el cloro, el viento y por un exceso de humedad, nuestra piel está más seca y hay que hacer una rutina basada en un limpiador facial por la mañana y por la noche y, tras la ducha, aplicar una crema que aporte hidratación tanto en el rostro como en el cuerpo», concluye.