El tónico es el gran olvidado de una buena rutina de skincare. Pero nada más lejos de la realidad y te vamos a explicar los motivos. Los sérums se han convertido en las grandes estrellas, los contornos de ojos prometen acabar con arrugas y bolsas y las cremas siempre han sido un imprescindible en cualquier neceser. Pero, ¿qué pasa con ese líquido fresquito y casi transparente del que hablamos menos?
Pues que tiene más importancia de la que pensamos porque también cumple sus funciones. De tratamiento, por supuesto, pero es que sirve para dejar la piel lista y preparada para que absorba en su totalidad todos los activos del sérum que nos vamos a aplicar después.
Porque sí, si hay que repetir el orden se repite y es que el tónico va después de la limpieza (recuerda que tiene que ser doble) y antes que el sérum. En realidad, después del tónico (y antes del sérum) lo ideal es aplicar el contorno de ojos, pero estamos hablando de una zona en la que solamente ponemos ese producto.
Tiene varias funciones y la primera de ellas es acabar con los restos de suciedad que el limpiador no se haya llevado. Si eres meticulosa y te haces la doble limpieza verás que no queda prácticamente nada, pero seguramente si solo te has pasado un disco con agua micelar, cuando hagas lo mismo con el tónico este recogerá la suciedad que haya podido quedar en la piel.
Su segunda función es la de preparar la piel. Al estar húmeda, los ingredientes del siguiente paso se absorberán mejor. «Aplicar productos sobre la piel húmeda beneficia mucho a la piel. Sobre todo a la hora de aplicarse algunos tipos de sérums, como los de base acuosa, ácido hialurónico , glicerina o urea, por ejemplo. No ocurrirá tal efecto con los de aceite, que pueden repelerse», explica Sonia Ferreiro, cosmetóloga y biotecnóloga en la firma de belleza española Byoode.
También ayudan a regular el ph de la piel que se ha podido alterar después de la limpieza si has autilizado algún producto agresivo o después de la exfoliación se te has pasado con la intensidad. El tónico recupera su equilibrio y hace que la función barrera de la piel permanezca en perfecto estado para que, por un lado, no se dañe y, por otro, no pierda agua.
Y un apunte, cuando hablamos de piel húmeda, no es empapada. Mi consejo es aplicar un chorrito de tónico en la palma de las manos y repartirlo sobre el rostro directamente. O bien hacerlo con un algodón, pero esto no es solo menos eficaz, también menos sostenible.
Hay tónicos para todo tipo de piel: secas, grasas, maduras... También los hay matificantes, iluminadores o incluso algunos que incluyen ácidos que ayudan a exfoliar. Puedes utilizar el mismo por la mañana y por la noche, pero si quiers un truco de experta, puedes combinar dos diferentes. Porque no se tienen la smiams necesidades cuando nos levantamos que antes de acostarnos.
En mi caso y como tengo la piel grasa, por la mañana utilizo uno con efecto matificante. Mi favorito es el de la línea Vinopure de Caudalie, me refresca y me deja la piel jugosa pero sin brillos. También el de Clarins, Clear-Out, de su línea My Clarins, perfecto para las pieles más jóvenes.
Por la noche busco un extra más de tratamiento y apuesto por tónicos o esencias que me aporten beneficios a la piel. Me gusta mucho Cold Plasma + de Perricone MD o la esencia de la línea Le Soin Noir de Givenchy.