La historia de amor entre Elvira Olivares y Enrique Iglesias empezó cuando él era casi un bebé y ella una mujer sin experiencia como madre, pero con iniciativa y dulzura. «La mujer que me crio», la define el cantante en una entrevista con Elle. La llamaba la Seño, y estaba a su cargo mientras Julio Iglesias se iba de gira por el mundo.
Su cariño se evidencia en un gesto: ella es la primera persona que escucha los discos de Enrique . El segundo nombre en esa lista no es su padre, Enrique ni siquiera sabe si escucha alguno de sus temas. Como ha comentado, ni le manda ejemplares de sus nuevos álbumes. No sale de él pedir la aprobación del cantante de Soy un truhan, soy un señor.
Hace ocho años, Enrique Iglesias contaba que quería separar sus dos vidas; la familiar y la artística. Una enorme contradicción porque Elvira, su niñera (y la de su hermanos Chábeli y Julio José), fue precisamente la que le dejó 500 dólares para que sacara su primer disco, también llamado Enrique Iglesias.
Lo de apartar sentimientos del trabajo es una regla que solo cumple con su padre. En esa entrevista confiesa que tampoco le influiría muchísimo el juicio del ex marido de Isabel Preysler. «Y con esto no digo que su opinión no sea importante, pero no estoy seguro de si lo que yo hago es música que él escucharía», apunta en esa charla sobre sus diferencias.
Enrique ha revelado que su padre jamás podría ser su supervisor en musical. «Acabaríamos a los puñetazos limpios en el estudio. Su estilo y su forma de grabar no es la mía», ha admitido, según el medio Zócalo. Con el tiempo, se ha creado entre ellos una atmosfera extraña, que mezcla una unión irrompible y rabia.
Por su parte, Julio ha asegurado que Enrique es un rebelde sin causas que no admite sugerencias. «Siempre hablamos de cosas superficiales que no valen nada», ha sentenciado, según Zócalo.
La relación de padre e hijo no ha mejorado. Se desconocen los detalles, pero Enrique ha decidido rechazar su parte de la herencia, que asciende en total a 800 millones de euros. Ya reconoció que tienen «una relación distinta a lo que son un padre y un hijo convencionales».
¿El motivo? «Yo a los 18 años, cuando me fui de casa y empecé a trabajar, nunca pensé que me iba a independizar y que nunca más iba a regresar. Creo que ni lo pensé», describe en una entrevista. En cambio, la misma distancia y el mismo tiempo no han conseguido afectar a su relación con su niñera.
Elvira fue a la casa de los Iglesias cuando Enrique era un niño de solo dos años. Y lo ha seguido, inamovible de su lado. En 2014, ella vivía entre España y Miami, en el hogar de Enrique. «Fue la que me aguantó. Ahora me toca a mí cuidarla», explica en la entrevista.
Es una mujer a la que no le gusta decir su edad, pero tiene aproximadamente 78 años. Su trabajole ha dado un sillón dorado en la familia Iglesias-Preysler, hasta el punto de que él llama su segunda madre. Elvira fue la persona que le formó, junto a sus abuelos paternos. Él le respondió con los frutos de su trabajo, le dedicó en su debut y su primer gran éxito, Experiencia religiosa.
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Enrique es independiente, pero su gran debilidad ha sido la Seño. Ella se ha ganado su posición a fuerza de sacrificios. Se trasladó con los niños de España a Estados Unidos. Volcó su vida en ellos. Fue quien le enseñó a Enrique ser disciplinado, según Zócalo. Le guió para que no cayera en caprichos, un peligro que le acechaba desde muy joven por la mundial fama de su padre.
Esos pequeños se convirtieron en adultos y ya no era necesaria la labor de una cuidadora. Ni en esos momentos se olvidó de Enrique. Cuando la despidieron, guardó su dinero y fue el que invirtió en el primer disco del cantante de Bailando, según Instantly Modern.
Su niñera ha sido la gran mujer de su vida. A Enrique emociona hablar de ella, como le ocurrió durante una entrevista para el programa de televisión Un nuevo día. Le hicieron la típica pregunta: «¿Quién es tu referente?». La respuesta fácil podría ser su padre, ídolo de masas, pero la suya era diferente. Nadie de su sangre, pero alguien de su familia. Ella, Elvira Olivares.
Los motivos son de mucho peso. «Dedicó toda su vida solo para nosotros, probablemente no tuvo hijos por nosotros, porque nos estaba criando a nosotros». Enrique lo resume: « La quiero muchísimo y la admiro muchísimo».