El rey Carlos debe enfrentarse al gran chaparrón que ha provocado el anuncio de que el monarca sufre un cáncer. Sobre todo, a las peticiones de abdicación. /
La noticia de que el rey Carlos III sufre cáncer cayó ayer como una bomba en Londres, una ciudad acostumbrada a todo tipo de terremotos, sobre todo si se refieren a su familia real. Los Windsor no han tenido década tranquila desde los años 80, cuando Diana de Gales llegó a la familia con un romanticismo que, a la postre, se volvió trágico. En las redes sociales hubo quien aludió a la triste vida que Carlos le deparó a Diana para justificar en el karma la terrible noticia: solo nueve meses después de proclamarse rey, Carlos III congela su agenda a causa de la enfermead.
El sueño más acariciado por el rey Carlos, convertirse en monarca, podría tornarse en frustración por su brevedad. Hasta la fecha, a nadie se le pasaba por la cabeza que el hijo de Isabel II dejara el trono por otro motivo que no fuera su fallecimiento. Es lo que todo soberano quiere para sí mismo: que la sucesión se produzca por causas naturales. Ningún rey, ninguna reina, desea vivir una jubilación. El anuncio de su enfermedad, sin embargo, ha dado alas a lo que muchos ya barajaban como un imposible: que Carlos III abdique a favor de su hijo , el príncipe Guillermo.
Desde el día después del fallecimiento de Isabel II comenzó a discutirse la idoneidad del rey Carlos III , entre otros motivos por su edad. Hubo quien adujo que un monarca de 75 años no era el idóneo para guiar a la monarquía británica con dinamismo, en un momento geopolíticamente complicado. En realidad, lo tenía muy difícil para rivalizar con los príncipes de Gales, Guillermo y Kate, y su irreprochable imagen. Quizá por eso, algunos columnistas relevantes comenzaron a pedir la abdicación poco después de anunciarse que un cáncer aquejaba al rey. Y, de ahí, el terremoto.
El príncipe Guillermo y Kate MIddleton, en una alfombra roja. /
«El rey Carlos debe seguir los pasos de la reina Margarita de Dinamarca y decir cuándo va a abdicar», pide en 'The Guardian' Simon Jenkins. En realidad, su columna de opinión se publicó hace un mes, cuando se produjo la abdicación danesa. «¿Qué sucederá su el rey Carlos abdica?», se pregunta 'Hello', donde se apunta a lo rara que sería una abdicación en la familia real británica. Jennie Bond, ex corresponsal de la realeza británica, sostiene en 'OK! Magazine' que la reina Camilla tendrá el difícil papel de convencer al rey Carlos de su abdicación si su salud se deteriora.
La maquinaria de la monarquía británica se mueve ahora a toda velocidad para tratar de estabilizar el corrimiento de tierras que se ha producido a raíz del anuncio de la enfermedad del rey Carlos, sobre todo con mensajes de tranquilidad. Inevitablemente, la agenda pública del monarca queda paralizada y, lógicamente, la reina Camilla da un paso adelante para que el shock no se convierta en una parálisis total. Hay que constatar la ironía: la mujer que nadie veía digna de llamarse reina se convierte así en la figura que sostiene la monarquía .
Pero si lo institucional está atado y bien atado, ya sea con el concurso de los 'royals' seniors o con la abdicación de Carlos III en su hijo Guillermo, lo familiar ha experimentado un vuelco de consecuencias impredecibles. El nivel de alarma ante el anuncio del rey puede deducirse de la reacción del príncipe Harry: anunciar un inminente viaje a Londres. Muchos aún recuerdan que Jorge VI falleció solo cinco meses después de extirparse un pulmón para detener un cáncer. La reina consorte Elizabeth e Isabel II tuvieron más suerte: batallaron contra la misma enfermedad, pero lograron cronificarla.
El príncipe Harry y Meghan Markle, en una foto reciente. /
Todas las posibilidades están ahora abiertas, de ahí la movilización de los miembros clave de la familia para tomar posiciones. El viaje del príncipe Harry puede significar una nueva ocasión para la reconciliación entre hermanos, aunque se ha publicado el rechazo de Kate Middleton a admitir de nuevo en la familia a los duques de Sussex. En 'The Telegraph', Camilla Tominey titula: «El rey necesita a Guillermo y el príncipe de Gales necesita a Harry».
A nadie se le escapa la difícil situación en la que queda el príncipe Guillermo. Por mucho que los 'royals' seniors den un paso adelante para cumplir con la agenda, no podemos olvidar que la reina Camilla tiene 76 años y la princesa heredera Ana, 73. El príncipe de Gales, por su parte, debe preocuparse por su esposa, Kate Middleton, aún convaleciente de una cirugía abdominal y ahora también de su padre, quien probablemente se someterá a los exigentes y duros tratamientos que requiere lidiar con el cáncer. Puede que no se dé otro momento en el que Guillermo necesite tanto a su hermano.
De momento, Buckingham Palace mantiene en secreto el tipo de cáncer que aqueja al rey Carlos, en teoría «para evitar especulaciones». Sin embargo, sí se ha aclarado que no es cáncer de próstata, como quiso deducirse por haber ingresado en el hospital para tratar, precisamente, una hipertrofia prostática benigna. Tampoco ha trascendido qué enfermedad aquejó a la princesa de Gales para que requiriera una cirugía abdominal.