La reina Elizabeth con sus hijas, con las que compartiría cierta curiosidad por el espiritismo y el más allá. /
El círculo de royals que se sentó alrededor de la mesa, redonda como manda el rito, no podía ser más poderoso. En una habitación en penumbra de un domicilio privado del barrio de Kensington se reunieron para una sesión de lo más sobrenatural la reina Isabel II, la reina madre, Isabel Bowes-Lyon , Felipe de Edimburgo, la princesa Marina de Grecia, duquesa de Kent, y su hija, la princesa Alexandra. Todas, mano con mano y con sus rostros expectantes. ¿Hablarían con los espíritus?
Todas las familias añoran a sus seres queridos fallecidos, pero cuanto mayor es el poder y el drama familiar, mayor es el deseo de contactar con el otro mundo. Todas las royals asistentes a la secreta reunión, producida una noche de 1953, tenían poderosas razones para querer hablar con las almas, errantes o no, de sus antepasados. La reina Isabel II y la reina madre deseaban contactar con el espíritu del rey Jorge VI , que había muerto pocos meses antes. Estaban, evidentemente, rotas de dolor.
No podemos perder de vista un dato importante: tras la trágica muerte de su padre, con solo 56 años y a causa de un cáncer de pulmón (era un fumador empedernido), la princesa Isabel subió al trono . Solo tenía 26 años, insuficientes obviamente para obtener la preparación que requiere ejercer de jefa de Estado. De hecho, la abdicación de Eduardo VIII en favor de su padre sucedió cuando ella ya tenía 10 años. Hasta entonces, a nadie se le había pasado por la cabeza que su destino la convertiría en reina.
La familia real británica en 1953, poco después de celebrarse la famosa sesión de espiritismo, en el yate Britannia. /
Desconcertada, triste y abrumada, se entiende que tanto Isabel II como su madre recurrieran a las artes de una médium para contactar con su padre y esposo. Para Marina de Grecia, duquesa de Kent , y su hija el propósito era distinto. Pretendían averiguar más datos sobre la misterioss muerte del príncipe Jorge, duque de Kent, fallecido en una accidente de avión en 1942. Árbitro de la elegancia amante del are y el teatro y conocido aventurero, escandalizó por su adicción a la morfina, sus múltiples amantes (hombres y mujeres) y los rumores de hijos secretos.
El príncipe Jorge, hermano de Eduardo VIII y Jorge VI, falleció cerca de Dunbeath (Escocia) mientras cumplía una misión militar para la Royal Air Force en calidad de oficial de la Armada y, quién sabe, funcionario del Foreign Office, el ministerio de Asuntos Exteriores británico. Nada se explicó de su muerte en 1942 y aún hoy los documentos relativos a esta misión permanecen clasificados. Una década después, su viuda y su hija todavía estaban desesperadas por saber lo que había ocurrido.
Nada sabemos del interés de Felipe Mounbatten, entonces duque de Edimburgo (Isabel II no le nombró príncipe hasta 1957), por asistir a aquella secreta sesión de espiritismo, aunque difícilmente podemos adjudicarle una creencia firme en asuntos sobrenaturales ( sí creía en los ovnis, en cambio ). Es más probable que el esposo de la reina británica quisiera supervisar la sesión y evitar cualquier tipo de contratiempo. O que alguna persona interesada abusara de la credulidad y la desesperación de los más importantes miembros de la familia real.
La reina Elizabeth con su hija pequeña, la princesa Margarita, y su nieto mayor, el príncipe Carlos. /
La médium de la sesión , la mujer que aseguraba poder contactar con los espíritus de los muertos, era Lilian Bailey, altísima galesa (medía más de 1,82 centímetros) muy conocida por su supuesta capacidad para entrar en trance profundo para que los muertos hablaran por su boca. Muchos ricos y famosos de la época cayeron en sus argucias: del primer ministro canadiense MacKenzie King a estrellas de Hollywood como Merle Oberon, Mary Pickford o Mae West. Era la Anne Germain de entonces.
La reputación de Lilian Bailey se cimentó durante la I Guerra Mundial, donde sirvió como auxiliar del Queen's Mary Army Auxiliary Corps muy cerca del frente. De hecho, aseguraba que había sido galardonada con la medalla de la Orden del Imperio Británico por sus servicios, cosa que no había ocurrido. El supuesto patriotismo de esta mujer hacía imposible identificar el timo y, de hecho, puede que ella misma creyera las patrañas que contaba a sus clientes. Engañar es mucho más fácil si una se engaña antes a sí misma.
¿Cómo contactó Lilian Bailey con las más altas instituciones del Estado británico? Lo cierto es que logró el aval de una de las personas más queridas por la familia real: el terapeuta Lionel Logue. Logue logro la hazaña de curar el famoso tartamudeo crónico del rey Jorge VI, el rasgo de su habla que más le hizo sufrir durante su reinado. Por ello, recibió la distinción de Caballero Comandante de la Real Orden Victoriana. Era masón, de ahí su creencia en el espiritismo .
¿Qué ocurrió durante aquella secretísima sesión de espiritismo? Apareció Jorge VI o su hermano, el decadente príncipe Jorge? Nada sabemos a ciencia cierta, aunque lo más probable es que Lilian Balley se encargara de proferir algún mensaje de amor y consuelo a la reina Isabel II y la reina madre y la duquesa de Kent y su hija. Solo así se entiende que esta continuara consultándole y le regalara uno de sus broches como señal de agradecimiento. Sin embargo, Isabel II y el duque de Edimburgo jamás volvieron a contratarla.
Lo cierto es que aquella sesión de espiritismo con la familia real fue todo menos secreta y, enseguida, la alta sociedad se enteró de que la mismísima soberana y su madre consultaban a la médium más famosa de Londres. Como resultado, Lillian Balley se hizo con una fortuna considerable y se convirtió en intocable: nadie cuestionaba sus mentiras. Se hizo con una mansión en Londres que hoy estará valorada en más de 5 millones de libras.