Cuñadas y enemigas
Cuñadas y enemigas
Son cuñadas, pero también rivales. Lo de Mary y Marie de Dinamarca deja el mal rollo de Meghan Markle y Kate Middleton a la altura del betún. La enemistad entre ellas, que viene de lejos, tiene un nuevo capítulo: la mujer del príncipe Joaquín no irá a la proclamación de la australiana como nueva reina de los daneses. Su marido, hermano del nuevo rey Federico X si irá, pero ella y sus hijos se quedan en Estados Unidos.
El departamento de prensa de la casa real danesa ha dado a conocer la noticia: «El príncipe Joaquín estará, pero los niños van a la escuela, no hay ninguna razón especial», explicaba la jefa de prensa Lene Balleby a preguntas de los medios. Marie Cavallier y sus hijos se van a quedar en Washington (se mudaron en septiembre de 2023 después de otro polémico capítulo en el seno familiar) y de esta manera su zasca es doble: para Mary, que se proclama reina, y para Margarita, que firma su abdicación. Por que su odio no es solo con su cuñada, para su suegra también tiene ración de rencor.
Hace unos meses, Margarita II de Dinamarca tomó una decisión que afectaba a parte de sus nietos, concretamente, a los hijos del díscolo Joaquín de Dinamarca: Nicolás, Félix, Henrik y Athena. Todos ellos dejaron de ser príncipes para desconcierto de la princesa Marie que vio a sus hijos pasar de ser parte de la familia real a simples aristócratas.
Los dos primeros, Nicolás y Félix, son los hijos del príncipe «segundón» danés con su primera esposa Alexandra Manley, actual condesa de Frederiksborg. Los dos últimos, Henrik y Athena, son los que el hermano de Federico de Dinamarca ha tenido con su segunda esposa, la francesa Marie Cavallier, eterna rival de la princesa Mary de Dinamarca.
Esta decisión de la reina Margarita confirmaba todas las teorías conspiranoicas que se han ido alimentando a lo largo de los años. Unas teorías con un nivel de drama entre hermanos a la altura de Hamlet y que se han viralizado gracias a sus protagonistas femeninas: la princesa que será reina, Mary Donaldson, y la princesa que vive exiliada, Marie Cavallier.
El hermano del futuro rey de Dinamarca, el príncipe Joaquín, nunca ha sido especialmente amable a la hora de hablar sobre su su familia y su papel en la casa real. Es la auténtica oveja negra danesa (con permiso de su propio padre Enrique de Laborde) y todo apunta a que cuando la reina Margarita muera va a perder los pocos apoyos que le quedan en palacio.
Su mujer, la princesa Marie, ha heredado esa desafección pública y privada y también ha decidido soltar la lengua en los últimos años. Gracias a su decepción con los príncipes herederos en sus entrevistas hemos pasado del edulcorado «los parientes de Joaquín son seres humanos cálidos y sinceros» del principio a ofrecer una imagen de la familia real bastante más cruel.
Desde París, ciudad a la que llegaron gracias a un puesto confuso en la embajada que la prensa danesa acusó de haber creado para alejar a Joaquín y Marie de la corte, la propia Marie sugirió durante la pandemia que, efectivamente, una mano negra les complicaba la vida. « No siempre somos nosotros los que decidimos. Creo que es importante saberlo», declaró.
Estas declaraciones llegaron en el punto álgido de la mala relación de la princesa Marie con la futura reina. En aquel momento, en lo peor de la pandemia, Marie, su marido y sus hijos abandonaron Francia y se instalaron en el palacete de Amalienborg para tratar al pequeño, Henrik, de una infección respiratoria. Fueron mandados de nuevo a Francia.
Poco tiempo después, en verano, el príncipe Joaquín sufrió un ictus. La princesa Mary no visitó a Joaquín ni a su familia durante toda su convalecencia, un desprecio que Marie nunca le perdonó ni en público ni en privado. Año tras año y aparición tras aparición, el disconfort entre las cuñadas reales, semejantes en el físico pero en nada más, se ha ido haciendo evidente (y se ha alimentado a través de las páginas de la prensa rosa).
Mary Donaldson llegó a Dinamarca en 2003 desde Australia con un pasado plebeyo y un noviazgo secreto de tres años a su espalda. Su boda, en 2004, la convirtió en madre de rey, futura reina consorte y la niña mimada de la prensa danesa.
El idilio de Marie Cavallier y Joaquín de Dinamarca fue muy distinto. Al contrario que Federico, Joaquín ya estaba divorciado y presentó a su novia a la familia a destiempo, tras ser descubiertos por la prensa en Avignon y sin que su futura esposa hablara ni una palabra de danés.
En aquel momento la francesa criada en internados suizos de postín estaba en plena retirada de la relación asustada por el acoso mediático. A pesar de sus ganas de salir corriendo cual Charlène, Marie y Joaquín se casaron en 2008 y ahí fue donde empezaron todos sus problemas.
Fuera a donde fuera Marie, la comparaban con Mary, y siempre salía perdiendo. Se le acusó de haber obligado a la reina a organizar una boda por todo lo alto, de obligar a los hijos de Joaquín a llamarla «princesa», de ser aburridísima y, lo peor, de ser una copia «low cost» de Mary.
Y entonces llegó el escándalo que le supuso una bofetada en la cara, porque era imposible obviar que el mismo año en el que pronunció sus votos matrimoniales la revista danesa Svensk Damtiding publicó en la portada una imagen del príncipe Joaquín intentando besar a su cuñada bajo el colorido titular de «Joachim tafsar på Mary!» ( ¡Joaquín toquetea Mary!
«Aunque parezca chocante, la bella Mary no solamente se dejó besar sino que participó con una sonrisa en la demostración de amor de su cuñado… Mientras tanto Marie con cara de circunstancias pasó el mal rato de la forma más civilizada que pudo», escribió la revista danesa, finiquitando antes de empezar cualquier buena relación para siempre entre ambas princesas.
La noticia de que los hijos de Marie ya no serían príncipes y pasarían a ser simplemente condes por orden de la reina Margarita, volvió a despertar los resquemores y todos apuntaron entonces a los príncipes herederos del trono danés (a partir del 14 de enero ya serán reyes) como los artífices de esta decisión.
A la prensa le costaba creer que la misma monarca que aguantó estoica (y sin divorciarse) su matrimonio con Enrique de Laborde de Monpezat, un hombre acusado de adulterio, pillado in fraganti en todo tipo de juergas, qué huyó de su propia mujer y se negó a ser enterrado a su lado, hubiera tomado esa decisión por su cuenta.
La misma monarca titubeó sobre su propia decisión cuando le tocó responder a las preguntas de los reporteros le hacían tras conocerse la notica. Proteger la corona antes que a la familia suponía desembarazarse de los vástagos de su hijo más polémico y su nuera menos querida. Y así lo hizo.
Además de los títulos y los privilegios, el hecho de dejar de ser príncipe danés lleva acarreado también una menor inversión económica: la cantidad asignada a la familia de Joaquín dependerá del dinero de la reina, no del estado danés.
Convertir a los hijos de Marie en condes suponía una derrota más en su «batalla» de imagen contra Mary. Ya en 2018 le quitaron al secretario que gestionaba su agenda que quedó muy reducida, en 2019 estuvieron a un tris de perder el sueldo que el príncipe Joaquín cobraba a cuenta del erario público por su labor en París, y ahora le ha llegado el turno a sus hijos.
Su marido manifestó en aquel septiembre de 2022 lo dolido que se encontraba por aquella decisión y su ex mujer, Alexandra, declaraba que los afectados se encontraban «confundidos, tristes y en estado de shock». Un año y medio después, Marie Cavallier se toma la revancha: la vengaza es un plato que se sirve frío.