La princesa Birgitta de Suecia en Palma de Mallorca. / /
Mucho antes de que la princesa Magdalena de Suecia decidiera casarse con un plebeyo, despedirse de su país natal y visitarlo sólo en vacaciones, hubo otra royal sueca de brillante pedigrí que prefirió el Mediterráneo a las calles de Estocolmo y los palacios: la hermana del rey Carlos Gustavo , la princesa Birgitta.
Esa mujer que hoy podría mimetizarse con facilidad con una chic turista extranjera tostada al sol mallorquín (isla en la que reside la mitad del año) ha mostrado una vez más que no está dispuesta a hacer concesiones a su sangre azul y ha confesado vía entrevista en el diario sueco Expressen que no piensa acudir a la celebración que está llevando a cabo su hermano y que sí cuenta con otras elegantes royals como Mary de Dinamarca o Victoria de Suecia .
Sus motivos son poderosos: además del homenajeado, su hermano pequeño «Charlie», a la gran celebración no va a ir ninguna de las otras princesas de Haga, es decir, sus hermanas. El motivo es obvio, la edad y los problemas de salud se imponen entre las parientes más cercanas del monarca. La princesa Margarita de Suecia cuenta ya con 88 años, la princesa Desirée ha cumplido los 85, la princesa Christina los 80 y la propia Birgitta, tiene 86.
La reina Silvia y el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia. /
Ante la prensa sueca, Birgitta, que no rehúye jamás a un periodista, ha confesado que se alegra por su hermano, pero que la fiesta, si no van sus hermanas, «no va a ser divertida». Y es que la princesa Birgitta siempre se ha caracterizado por llamar al pan, pan, y al vino, vino. Una rareza en el sutil entramado palaciego de Suecia.
De las cuatro princesas de Haga, Birgitta fue la única que pudo conservar su tratamiento de alteza real al escoger como esposo a un príncipe tan príncipe como ella misma: Juan Jorge de Hohenzollern-Sigmaringen, hijo del príncipe Federico de Hohenzollern-Sigmaringen y de la princesa Margarita de Sajonia.
Su enlace se celebró en Estocolmo con la princesa portando la misma tiara de camafeos que usarían años después la reina Silvia y la heredera del trono, Victoria, para casarse. Y como Birgitta es genio, figura e innovación, conservó intactos sus títulos, tratamientos y responsabilidades a pesar de que dejó de convivir con su príncipe alemán en 1990 (aunque al estilo de Carolina de Mónaco, jamás se divorció de él).
Abandonó su país con 24 años para instalarse en Alemania junto a su esposo y no regresó a vivir en él hasta que estalló la pandemia por el coronavirus y su hermano se la llevó a palacio. Una experiencia que la alejó de dos de tres de sus máximas aficiones según la prensa sueca: el sol y el golf (no así los cigarrillos, que la acompañan allá donde va).
Famosa en Suecia por ejercer poco de princesa, llevar la ropa que le da la gana e ir por libre también es conocida en el mundo entero por su afición a conceder entrevistas en las que habla amorosamente de su hermano mientras le da tirones de orejas. Como en 2015, cuando se habló de una especie de «complot» de las princesas hermanas del rey que, con el apoyo de Birgitta, se quejaron a su hermano menor por no entender el organigrama royal de la corte sueca.
La princesa Birgitta de Suecia junto a la princesa Margarita. /
¿Cómo era posible que sus propias hermanas y los hijos de estas perdieran todo lustre royal pero los hijos de Carlos Gustavo conservaran su estatus de príncipes a pesar de casarse con estrellas de realities televisivos y sus nietos con progenitores plebeyos no fueran eliminados de la lista de herederos del trono?
Para mostrar su protesta por esta desigualdad de trato poco sutil, por aquella época la princesa Birgitta prefirió asistir a un torneo de golf en vez de acudir a la celebración del bautizo del hijo de su sobrina la princesa Magdalena , esa que seguía siendo princesa y cobrando un sueldo de la corte a pesar de estar casada con un norteamericano y vivir en Estados Unidos.
Así las cosas, cuando su hermano decidió «podar» el árbol genealógico de la familia real sueca y dejar fuera de él a todo aquel que no tiene derecho a llegar hasta el trono, Brigitta fue la primera en aplaudir públicamente su decisión.
Ahora ha decidido que no está para fiestas conmemorativas de coronaciones, pero ha aprovechado su espacio en la prensa para dar la enhorabuena a su hermano para lanzarle otra pulla a costa de una propiedad familiar en la Costa Azul, llamada Villa Mirage, que su hermano, se rumorea, quiere vender.
Una venta con la que Birgitta no parece estar de acuerdo como manifestó en la edición alemana de la revista Gala, porque, como bien ha demostrado a lo largo de toda su vida, la princesa Birgitta puede renunciar a fiestas, tiaras y cortes, pero no a un buen lugar bajo el sol del Mediterráneo.