La reina Letizia, en la reunión con seis entidades sociales para analizar la asistencia a los afectados por la DANA en Valencia. /
El 19 de septiembre de 2021, el volcán Cumbre Vieja entró en erupción y arrasó 1.345 viviendas del municipio de El Paso, en La Palma: el balance total de daños ascendió a 842,33 millones de euros. Se evacuaron 7000 personas pero un voluntario, miembro de una cuadrilla, perdió la vida a causa de la inhalación de vapores tóxicos. Los reyes Felipe y Letizia visitaron la zona solo cinco días después del inicio de la erupción, aunque la hoja de ruta no tuvo nada que ver con la que vimos en Paiporta.
Algunos factores clave separan la agenda de los reyes Felipe y Letizia en su visita a los afectados por la erupción del volcán de La Palma y de la DANA en Valencia . El principal: en el primer caso hubo previsión de las administraciones, que pusieron a salvo del magma a los ciudadanos. Pero, además, el encuentro de los monarcas con los afectados fue milimétricamente controlado: se seleccionaron previamente la veintena de personas que hablarían con los reyes.
En el segundo destino con víctimas de la visita real, el acuartelamiento de El Fuerte, donde se reubicaron temporalmente a dos centenares de damnificados, estos no pudieron acercarse a los reyes Felipe y Letizia, aunque los monarcas sí se dirigieron a personas de edad avanzada y movilidad reducida. «Estamos atónitos por lo visto y vivido y no lo vamos a olvidar. Entre todos, vamos a ayudar a recomponer sus vidas», declaró conmocionado el rey Felipe.
Con 219 muertos y 93 desaparecidos, 21.405 viviendas destruidas, 44.203 vehículos inservibles y un primer balance de daños de cerca de 12 millones de euros, la escala de la tragedia en Valenci a se hace insoportable. Aún así, la inmersión de los reyes Felipe y Letizia con los afectados de Paiporta, el epicentro de la riada, fue total y sin filtros. ¿Qué ha cambiado desde 2021, cuando se tomaron tantas precauciones para con los monarcas?
La visita de Paiporta deja preguntas interesantes en el aire, no solo relativas al funcionamiento interno de la Casa Real. Cabe, además, preguntarse si las tonalidades que este momento histórico imprime en la convivencia, con malos humos generalizados, polarización política y mucho descontento por variadas razones, aconseja este tipo de apariciones de los reyes Felipe y Letizia. Sabemos que sus figuras funcionan como un dinamizador, por no decir potenciador, de las emociones.
La reina Letizia durante su visita a Paiporta, llena de barro. /
Puede que la reina Letizia se haya hecho estas preguntas u otras similares, pues su reacción a los sucesos de Paiporta sugiere un cambio de planes en su estrategia. Su agenda de esta semana se ha levantado para facilitar reuniones con seis organizaciones de asistencia con las que evaluar lo sucedido en Valencia. Casa Real continúa manteniendo en agenda la visita que quedó pendiente a Chiva, donde en las últimas horas se ha producido varios derrumbes, también de edificios históricos de la localidad.
Resulta interesante el giro que la reina Letizia ha dado a su involucración con la tragedia de la DANA en Valencia: trabajo de mesa en profundida. Su reunión con Cruz Roja, la Asociación Española contra el Cáncer, Federación Española de Enfermedades Raras, Once, Salud Mental y el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad apunta a una labor más invisible, pero que puede ser decisiva. Tres años después de la erupción del volcán de La Palma, los afectados siguen luchando porque lleguen los 100 millones de euros comprometidos para 2024.
Nuestra Constitución no otorga a los jefes de Estados ningún poder ejecutivo y ni mucho menos menciona a su consorte. Aún así, el soft power o poder blando que detenta cualquier reina europea es considerable: su influencia social y poder de atracción para los medios de comunicación no tiene precio. ¿No es acaso lo que necesitan los afectados, que noticieros y portadas sigan demandando que lleguen las ayudas, que ser reconstruyan sus casas, que se reabran sus negocios?
¿Será esta la labor más útil de cara a los afectados por las riadas de Valencia, cuando la rabia por las pérdidas de seres queridos, viviendas, medios de vida y recuerdos ya no sea sino tristeza? Tal conclusión ya era evidente en 2021, pues los reyes Felipe y Letizia volvieron a La Palma seis meses después, a comprobar que las ayudas llegaban. Puede que una atención más dedicada al curso de la reconstrucción merezca la pena. El ruego de los palmeros es el mismo que el de los valencianos: «No nos olvidéis».