Tamara Falcó parece decidida a seguir la hoja de ruta de su madre, Isabel Preysler, a la hora de elegir su vestido de novia. /
No podemos mentir: la crisis desatada por el diseño y confección del vestido de novia de Tamara Falcó empeora por momentos. Las versiones de las diseñadoras de Sophie et Voilà y la marquesa de Griñón no coinciden, un desacuerdo que acaso termine en los tribunales. Que el escándalo está desbordando al clan lo prueba que desde ya intervengan pesos pesados de la jerarquía familiar. Isabel Preysler y Carolina Herrera, diseñadora favorita de la reina Letizia , entran en escena.
Puede que todo este desagradable episodio con Sophie et Voilà jamás hubiera debido suceder, que todo el empeño de Tamara Falcó por relacionarse con una firma de autor fuera, desde el minuto uno, un despropósito. Parece que la marquesa de Griñón no ha sido consciente de la exigencias creativas que requiere establecer una pequeña marca en el mercado: el éxito del negocio depende de la capacidad para cultivar una personalidad distintiva. Referirse a un estilo ajeno no solo es problemático: puede ir en su contra.
Efectivamente, Tamara Falcó sabe de moda y conoce el negocio, pero en otro nivel. En un estrato masivo en el que la réplica con leves modificaciones de aquello que triunfa está a la orden del día. En la gran industria en la que se mueve la marquesa de Griñón, el trasvase de ideas del pasado o de creadores de vanguardia e independientes se ha convertido prácticamente en rutina, pues lo que se valora es el 'remix' renovado. Si Tamy no quería carácter y originalidad, ¿por qué acudió a una firma de autor?
A nadie se le escapa que esta problemática decisión, un paso que de hecho sorprendió muchísimo en el entorno habitual de Tamara , suponía un portazo a lo que la misma marquesa de Griñón había apuntado en la primera temporada de su docurreality para Netflix, 'La Marquesa'. Allí la vimos acudir al 'atelier' neoyorquino de Carolina Herrera para probarse vestidos de novias de cara a una previsible boda. La acompañaba la mujer que ha de aprobar el vestido que Tammy lucirá en la portada del año: su madre, Isabel Preysler.
Si se confirma que Tamara Falcó opta por Carolina Herrera , constataremos que Isabel Preysler ha conseguido reconducir la situación hacia el lugar que ella había previsto antes de la irrupción de Sophie et Voilá en la boda. Ha cogido las riendas de la crisis y la va a resolver 'in extremis', pero imponiendo la voluntad que quedó expresa en la grabación del 'docurreality': a mamá Preysler le fascinaban los vestidos de Carolina Herrera, tan sofisticados, tan regios, tan de portada. A la marquesa de Griñón quizá no tanto.
¿Y si todo este contubernio no fuera más que otro episodio en la compleja relación entre Tamara Falcó y su madre, Isabel Preysler? Lo vemos en Kleinfeld, la tienda nupcial estadounidense que protagoniza el programa de 'Say Yes to The Dress': las madres pocas veces están de acuerdo con los vestidos de novia que eligen sus hijas. ¿Y si Tammy ha vuelto a tirar la toalla de imponer su criterio, incapaz ante el dominio absoluto de la situación y la seguridad imponente de su madre?
Podemos imaginar la cara de Isabel Preysler en las pruebas de un vestido que, según las diseñadoras de Sophie et Voilà, representaba tan fielmente la personalidad de la novia que no se iba a entender. ¿Y si la preocupación de que Tamara no fuera la novia de portada que todos esperaban, terminó por hacerla desistir de su propio plan?
Sin duda, Isabel Preysler busca una portada de impacto para su hija, marquesa al fin y al cabo. Todo será poco para ella, hasta el punto de optar por la diseñadora a la que recurre la misma reina Letizia para salvar sus citas internacionales más importantes. Ya lo hemos dicho: la infalible Carolina Herrera.
Jamás sabremos cómo era el vestido que Tamara Falcó soñaba con llegar el día de su boda, aunque su creciente religiosidad apunta a que mucho más sencillo de lo que seguramente desea Isabel Preysler. No es fácil vestir a una novia después de los 40, como quedó demostrado con aquel vestido de tul con un punto juvenil que Tammy llevó en su cumpleaños. Una clave de dignidad para una novia de 42 años es la máxima sofisticación. Y si es digna de una reina como Letizia , mejor que mejor.
El vestido de novi a de Tamara Falcó reúne demasiadas complicaciones como para que la operación Sophie et Voilá saliera bien. Y una no menor es la operación económica que conlleva debido a la relevancia social de la novia. Las fotos de su boda interesan a ambos lados del Atlántico, no solo por la relevancia Preysler sino también por el factor aristocrático añadido del título de marquesa de Griñón.
La exposición de marca que supone firmar el vestido en la portada más importante del año, con una exclusiva que puede superar en ventas al bombazo que supuso la maternidad de Ana Obregón , es incalculable. Lo mismo que el dinero que puede suponer esa foto para las partes implicadas. Hay que admitirlo: en este contexto, la operación Letizia de Isabel Preysler es imbatible.