fendi

Érase una vez: la maravillosa historia de Fendi, ahora que cumple 100 años

De una pequeña tienda en Roma, al reinado de Karl Lagerfeld, pasando por la audacia de Silvia Venturini Fendi y su célebre bolso baguette.

Paula Peña

No es un bolso, ¡es una baguette!», exclamaba Carrie Bradshaw en uno de los episodios más célebres de Sexo en Nueva York. Se refería al bolso Baguette de Fendi , el más viral de la casa, tal vez gracias a las mil y una versiones que lució el personaje. Creado en 1997 por Silvia Venturini Fendi, directora creativa de la casa –entonces dirigía los accesorios y la línea masculina–, su fama ha traspasado generaciones y culturas hasta convertirse en uno de los tótems de la moda femenina.

La realidad, contaba Venturini en el 25 aniversario del bolso, es que llegó al olimpo de la moda por un cúmulo de factores: no llevaba el nombre de ninguna diva, sino uno novedoso; al presentarlo en pasarela –«no como un icono aparte»–, creó mucha más expectación; y las infinitas versiones limitadas generaron gran deseo y urgencia por conseguir uno concreto. 

foto980

Edición limitada del bolso Baguette de Fendi. / D.R.

El éxito de este icono es el culmen de lo que la familia Fendi había labrado durante décadas. Ahora que la casa celebra sus 100 años de historia, recordamos la forma en la que empezó todo, en una pequeña boutique de artículos de piel en Roma, que abrieron Adele y Edoardo Fendi en 1925 y que más tarde convirtieron en una de las firmas de lujo más prestigiosas del mundo, una posición que sigue ocupando hoy. 

foto980

Las hermanas Fendi. / D.R.

Edoardo falleció en 1954 sin vislumbrar el éxito mundial que conseguirían sus cinco hijas. De hecho, se lamentaba de no haber tenido un vástago varón que llevara su apellido y llegó a irse de casa durante tres semanas al nacer la quinta. Cuando sus herederas tomaron las riendas del negocio, todos desconfiaban del uso que hacían de las pieles, sobre todo los hombres: las cortaban en tiras y las usaban de forma nunca antes vista. Con ellas comenzó la revolución de Fendi.

Otra prueba de su audacia fue la elección de Karl Lagerfeld como director creativo, en 1965. Las hermanas Fendi supieron que alcanzarían el éxito desde las primeras reuniones con el káiser de la moda, cuando rápidamente diseñó el logo de la doble F de la casa, que permanece hasta hoy y significa fur (piel) y femme (mujer). El diseñador ostentó el cargo durante más de 50 años –batiendo el récord de la industria del lujo–, hasta el día de su muerte, el 19 de febrero de 2019. La última colección que creó para Fendi se presentó en Milán solo dos días después de aquella, pero semanas antes había indicado los últimos cambios a Silvia por teléfono, desde el hospital.

Silvia Venturini Fendi y Karl Lagerfeld.

Fue entonces cuando la nieta de los fundadores asumió el rol de directora creativa de la línea prêt-à-porter. Su pasado lo avalaba: no se conformó con crear un solo bolso icónico y en 2009 lanzó el Peekaboo, hoy igual de famoso que su hermano mayor. Ella afrontó una de las épocas más difíciles (la pandemia) y diseñó para ensalzar la feminidad, a pesar de que sus antepasadas la evitaron para ser tomadas en serio. «Mi madre nunca me vistió con vestidos rosas», declaró en una ocasión.

Delfina Delettrez, hija de Silvia Venturini Fendi y directora creativa de la línea de joyería de la casa, con joyas de la misma. / D.R.

Aunque las hermanas Fendi vendieron la marca a LVMH y al grupo Prada en los años 90 (hoy pertenece en su totalidad al primero), el reinado sigue siendo de las Fendi: la otra mujer de la familia que trabaja para la casa es Delfina Delettrez, 
hija mayor de Silvia Venturini y responsable del diseño de joyas. Los fundadores estarían orgullosos de ver cómo sus sucesoras han encumbrado la casa y continúan haciéndolo.