
destinos exclusivos
destinos exclusivos
Decía el escritor Javier Reverte que «viajar prolonga tu vida, la llena de rostros y paisajes, de cantos de otras voces y de horizontes que ignorabas». También es uno de los mejores propósitos que uno puede hacerse para empezar el año. Sobre todo, cuando el destino sirve para cumplir esos sueños que, con suerte, ocurren una sola vez en la vida.
Son lugares que primero alimentan la ilusión por la aventura y después, dejan huella en los viajeros más exigentes. Su fórmula, eso sí, solo está al alcance de turistas sin problemas de liquidez. A cambio, la mezcla única de experiencias exclusivas, servicios personalizados, la mejor gastronomía, diseño sofisticado y la inmersión en entornos únicos o directamente inaccesibles, es la definición exacta del lujo .
¿A quién no le gustaría comenzar el año en un antiguo castillo irlandés situado a orillas de un lago? Ashford Castle se encuentra en una de las zonas más vírgenes del oeste de Irlanda, en un bosque frente al lago Corrib. Sus muros custodian ocho siglos de historias y 83 habitaciones diseñadas individualmente en las que las antigüedades y las lámparas de Murano se mezclan con todos los lujos imaginables. En sus salones con vistas al jardín se puede disfrutar de una degustación de tés por la tarde y en su biblioteca, pasar una cálida velada ojeando sus 800 volúmenes antiguos. Los bosques de la finca brindan un escenario único para dar paseos a caballo, visitar sus huertos, descubrir en barco el centenar de islas del lago Corrib, o practicar la pesca, el golf, el tiro al arco, la cetrería o el tenis. Los más tranquilos pueden recorrer las históricas calles del vecino pueblo de Gong o la ruta costera del Atlántico, y saborear la cocina irlandesa en alguno de sus siete restaurantes. Un lugar donde cumplir casi cualquier deseo.
Sólo en teleférico, desde la localidad tirolesa de Ehrwald, se puede llegar al hotel Eriro, un refugio alpino enclavado en la parte austríaca del macizo Zugspitze, en la frontera con Alemania. Aquí se viene a reconectar con la naturaleza, a sentir lo que el tiempo ha dejado intacto y a entrar en un ambiente de desconexión total. Situado a 1.550 m de altitud, el paisaje se puede disfrutar desde sus nueve suites, algunas con chimenea, su restaurante o un spa con varias piscinas y tratamientos holísticos. En su interior, la madera, la piedra y la lana conectan con el entorno, en una atmósfera de lujo que envuelve al huésped. Sin televisión ni wifi, se puede aprovechar el tiempo practicando esquí, leyendo copos de nieve, recibiendo clases de astronomía, haciendo yoga, meditación o cerámica, y disfrutando de su cocina de alto nivel nutrida de recetas tradicionales.
A menos de una hora de Burdeos, emergen las viñas del Château Troplong Mondot, una finca vinícola sostenible de 36 hectáreas con vistas al pueblo medieval de Saint-Émilion. Madame Valette heredó la bodega de su padre y elevó a Premier Grand Crú Classe (la calidad más alta) los vinos del terruño, hoy propiedad de la compañía Scor. Enamorada del lugar, renovó el château y puso el nombre de un club sólo para mujeres, en el París de los años 20, a su restaurante Les Belles Perdix. Sus cuidados jardines rodean las cinco suites y salones de la mansión del siglo XVIII, que se pueden disfrutar, en total privacidad, con mayordomo y experiencias a la carta, como los platos del estrellado chef David Cherrier. Tras un desayuno de kilómetro 0, las mañanas son perfectas para recorrer las viñas, visitar la bodega o descubrir los matices de sus vinos en las catas con un enólogo.
Lujo, acción y aventura son los ingredientes de esta expedición de 11 días en Omán, atravesando el desierto de arena más grande del mundo: Rub al Khali, conocido como Empty Quarter (el cuadrante vacío), inexplorado durante siglos. En el exclusivo hotel The Chedi, en Mascate, comienzan los preparativos de la aventura que nos lleva al hotel Alila Jabal Akhdar, en una región montañosa, perfecta para hacer escalada. La ruta continúa, atravesando algún oasis, hasta llegar a las dunas de Wahiba Sands, para pernoctar en Canvas Club, un campamento aislado con todas las comodidades. Es la antesala para adentrarse en un océano de dunas anaranjadas de más de 100 m de altura, por sendas inexploradas y bajo cielos nocturnos de una belleza sublime. La meta está en Salalah, el sur verde del país, donde relajarse en el Alila Hinu Bay, disfrutar de playas solitarias y seguir soñando con un periplo épico.
A 12 nudos se desplaza el Expedition Cruise por las aguas del Mekong y sus afluentes, atravesando Camboya y Vietnam, para explorar el patrimonio del imperio Jemer y descubrir el budismo Theravada. Un viaje entre Ho Chi Minh y Siem Riep, a bordo de un elegante barco, con piscina, spa, cine y experiencias gastronómicas firmadas por el chef David Thomson. Desde las ventanas panorámicas de las 20 suites (de 20 m2), se percibe un envolvente paisaje de aldeas, arrozales y pagodas. En tierra, los viajeros podrán visitar la isla de la seda Koh Okhna, donde los artesanos fabrican el excelente tejido krama jemer; o descubrir el trabajo de los plateros de Koh Chen Tay; sin olvidar los cientos de templos de la ciudad perdida de Angkor Wat. Otras visitas se disfrutan en bicicleta, por los bulliciosos mercados; o en kayak, por las aldeas flotantes del lago Tonle Sap.
Inaugurado este año, el Janu Tokyo es un mirador excepcional de Azabudai Hills, el nuevo barrio de la capital japonesa, en el distrito de Minato. Un ultramoderno oasis rodeado de jardines colgantes, templos, tiendas de lujo, galerías de arte y restaurantes. El hotel ocupa 13 pisos de la torre Residence A y cada detalle, desde los biombos de sus espaciosas suites a las piezas de artistas nipones que decoran sus estancias, conectan al huésped con la esencia japonesa contemporánea. También sus ocho restaurantes y su zona de bienestar, con piscina, baños japoneses, sauna, hammam y hasta ring de boxeo.
La isla Privada de Xaxaba, en el delta del Okavango, acoge el Belmond Eagle Island Lodge, un campamento de lujo idílico cuyas 12 cabañas son una ventana abierta a un santuario de vida salvaje. Es el preámbulo del exclusivo safari Arena, sapiens y estrellas, creado por el antropólogo Paul Sheller, una inmersión en la arqueología, la astronomía y la mitología de las ancestrales tribus bosquimanas de la mágica Botsuana. Sobrevolar el Okavango en helicóptero atisbando las sendas de los elefantes hasta Tsodilo Hills, lugar sagrado de esta tribu y con una de las mayores concentraciones de arte rupestre, es una aventura subyugante. Un hito del viaje junto con los safaris nocturnos por las arenas del Kalahari.
La isla más chic de las Antillas Francesas –célebre desde que Rockefeller atrajese en los años 50 a la jet set internacional–, sigue siendo la favorita de magnates tecnológicos, royals y celebrities por su seguridad, privacidad y las aguas cristalinas de sus más de 20 playas. Un paraíso glamuroso para escapar de los fríos invernales y dejarse mimar en resorts de lujo desenfadado, como Rosewood Le Guanahani, con 66 villas independientes, camufladas entre un exuberante jardín de una península privada con vistas al Caribe, donde nadar entre tortugas. Pero si se opta por salir de este paraíso, los reputados conserjes Clefs d'Or sugieren desde paseos en velero y senderismo por los acantilados a compras en la capital, Gustavia. Los rituales de su spa y los cócteles del beach club son un must.
Sus cuatro torres se alzan majestuosas sobre la ría del Eo, límite entre el Principado de Asturias y Galicia, en Barres. Fue el primer proyecto de Vestige Collection, una selecta colección de hoteles con firma española que apuesta por recuperar tesoros arquitectónicos. Sólo tiene 11 habitaciones (de 70 a 100 m2) y es para ser disfrutado en su totalidad, con estancias semanales. Cuenta con concierge 24 horas, chef y las actividades se adaptan los huéspedes: desde rutas históricas a clases de cocina.