Las infidelidades financieras son un problema habitual en muchas parejas. /
¿Sabes cuánto dinero gana tu pareja ? ¿ Y cuánto gasta al mes ? ¿Conoces la cuantía de sus deudas? ¿Y el saldo de su cuenta corriente? Si en este pequeño test casero has escogido la opción «no sabe/no contesta» más de dos veces, es muy posible que tengas una conversación pendiente. Un dato: una de cada tres parejas que se divorcia en España lo hace por dinero , según la Asociación Española de Abogados de Familia. Por eso, si realmente apuestas por tu relación de pareja, gestionar las finanzas personales de manera conjunta y consensuada es tan importante como mantener viva la llama del amor. Y mucho más que celebrar San Valentín a lo grande.
Todo empieza por una buena comunicación. «El dinero sigue siendo un tabú, también en la pareja. Por eso, lo primero es sentarse y hablar. Sobre tu mentalidad acerca del dinero, pero también sobre las emociones asociadas a él. No hablamos tanto de número concretos como de los miedos o preocupaciones que pueden generarte tus finanzas personales . Ese es el primer paso», opina la coach especializada en finanzas Patricia Caro.
El segundo es analizar la situación económica de cada uno, pero también de la pareja en su conjunto. Y entender si, por ejemplo, conviene mantener cuentas bancarias separadas o conjuntas . «A partir de ahí, hay que hablar de objetivos: qué queremos hacer con nuestro dinero a corto, medio y largo plazo. El cuarto paso sería definir un plan de acción, cómo vamos a conseguir lo que nos hemos propuesto. Diría que ese es el recorrido necesario para evitar conflictos relacionados con el dinero», apunta la experta.
A veces, lo más complicado es encontrar el momento para romper el hielo. Obviamente, no es lo mismo una relación que acaba de empezar y está todavía en plena fase de enamoramiento que un matrimonio de 20 años. Pese a todo, Caro recomienda hacerlo cuanto antes. «Al principio da palo incluso decidir quién paga una cena, pero la conversación del dinero se debe normalizar desde el inicio. Puedes, por ejemplo, establecer una norma para saber qué hacer en esas situaciones. Después, cuando se haya desarrollado una confianza suficiente y haya un proyecto en común, como irse a vivir juntos o casarse, es una conversación imprescindible».
Después, cada pareja debe decidir el grado de transparencia. ¿Es necesario conocer en detalle el saldo de la cuenta del otro o basta con tener una noción aproximada? «Lo conveniente, en mi opinión, es la transparencia total. Para ser un equipo debes conocer la realidad financiera del otro. Y eso es independiente de si tienes cuentas corrientes separadas o comunes. A partir de ahí, no pasa nada porque cada cual asuma un rol diferente si a uno, por ejemplo, se le da mejor o le motiva más el ahorro o la inversión ».
La coach Patricia Caro recomienda transparencia total en las finanzas en pareja. /
El principal motivo de fricción, explica Caro, suelen ser las llamadas infidelidades financieras. «La falta de comunicación puede dar lugar a mentiras o mentirijillas que, aunque a primera vista pueden parecer menores, a la larga dan problemas. Y son mucho más comunes de lo que pensamos. Hablamos de gastos ocultos, compras a escondidas, deudas… Ya conoces el dicho: cuando el dinero se va por la puerta, el amor se va por la ventana».
Pero la falta de honestidad en la gestión del dinero no es el único problema. «Otro motivo común de discusión es no tener un presupuesto ni un control de lo que entra y lo que sale. La falta de ahorro también es motivo de conflicto porque, a menudo, provoca estrés financiero. Igual que no tener objetivos o una planificación financiera que nos conduzca adonde queremos llegar», resume la coach.
Para que la gestión del dinero no se convierta en un potencial motivo de ruptura, Caro recomienda sacar la agenda y planificar reuniones financieras familiares. «Al principio, hay que hacerlo con constancia y dedicar al menos un rato cada 15 días o, como mucho, una vez al mes para repasar los saldos, revisar el presupuesto y tomar decisiones. Al principio, es como ir al gimnasio: tienes que hacer un esfuerzo extra hasta que lo automatizas y lo integras en tu rutina».
Pero qué pasa, por ejemplo, cuando uno de los miembros de la pareja es muy austero y el otro, todo lo contrario. «Si la situación se mantiene tal cual, tiene mala solución. No solo porque sean caracteres totalmente diferentes, sino porque, seguramente, tienen objetivos muy distintos. No hace falta que la persona ahorradora se vuelva gastadora y viceversa, pero sí tienen que llegar a consensos. Por ejemplo: destinar una parte concreta al ahorro y con el resto, que cada uno haga lo que considere. En este caso, además, conviene mantener cuentas separadas. Si no, el conflicto está asegurado», concluye Caro.