Charlène y Carolina de Mónaco en el Día nacional del Principado en 2018. / /
Fue 2021 quizá el peor año de la princesa Charlène de Mónaco . Enclaustrada en Sudáfrica por una grave infección de oído que le impedía viajar en avión, no pudo desarrollar su agenda como primera dama del principado y fue la princesa Carolina , hermana mayor del príncipe Alberto , quien asumió sus funciones, como había hecho mientras su hermano permaneció soltero.
Los meses de ausencia de Charlène reavivaron los rumores sobre la relación de la esposa de Alberto con sus cuñadas, Carolina y Estefanía , algo más que tensas, según la prensa francesa. Ambas considerarían que Charlène no había respondido a las expectativas como princesa. Sin embargo, el misterio nunca se ha aclarado. Hemos visto caras serias, gestos envarados, y el rostro tenso de Charlène .
Las fotos muestran una supuesta relación glacial entre ellas, pero sin confirmarla. Ha sido otra foto, la del pasado 19 de noviembre, con motivo de la fiesta nacional de Mónaco , la que ha alertado a los medios sobre una posible reconciliación de Charlène con sus cuñadas, especialmente con Carolina. La esposa de Alberto, con un «total look» rojo de abrigo y botas aparece radiante y segura y sonríe junto a Carolina. Palacio nunca ha intervenido en lo que considera «comentarios de pasillo», pero los signos parecen explícitos.
Sólo hace seis meses, la prensa francófona se hizo eco de un nuevo desencuentro entre las cuñadas. Fue en junio y, según la publicación belga 7sur7, el ambiente entre ellas no pudo ser más frío en una visita oficial conjunta a una exposición sobre naturaleza, a la que acudieron los príncipes Jacques y Gabriella con su madre, durante la cual Charlène no habría cruzado ni una palabra ni una mirada con Carolina y Estefanía.
Este desencuentro no habría cambiado desde la llegada de Charlène a Mónaco, según recordaba recientemente la revista Gala. «Mónaco es un nido de tiburones y víboras», habría comentado Charlène Wittstock a un amigo, entonces, cansada de los cotilleos malignos del principado.
La posición de la princesa nunca fue fácil. Primero tuvo que ganarse a la sociedad monegasca y al entorno del príncipe, las familias más tradicionales que debían darle su bendición, algo que resultó agotador, pero dio sus frutos. Lo que no resultó tan fácil es integrarse en la familia principesca.
El propio Alberto confesaba a un amigo, al inicio de su relación con Charlène: «La parte más difícil será que la acepten mis hermanas». No era la primera vez que Carolina y Estefanía «despedazaban» a una de sus novias. Pero esta vez era diferente y ambas tuvieron que aceptarlo.
Carolina de Mónaco se mantiene distante con su cuñada. / /
Con Estefanía de Mónaco , las relaciones no fueron tan difíciles. Charlène y ella compartían el gusto por el deporte, y un estilo natural, alejado de la excesiva sofisticación. Pero, con Carolina, las cosas fueron muy difíciles. La primogénita de los Grimaldi tiene un temperamento altivo y estaba acostumbrada a ser la primera dama. Además, es la jefa del «clan» y, supuestamente, no estaba conforme con la actitud de Charlène, una mujer tímida, de clase media, que cometía, sin cesar, lo que ella consideraba pasos en falso: falta de soltura, errores de protocolo, torpezas de las que nadie se daba cuenta, pero que Carolina no pasaba por alto. Su mayor preocupación ha sido siempre Mónaco y el futuro de Alberto.
Según el periódico alemán Frankfurter Rundschau, Carolina no llevó bien ser relegada a un segundo plano con la llegada de Charlène y, posteriormente, de los gemelos Jacques y Gabriella. Pero la actitud de Charlène, ha sufrido un cambio evidente desde su regreso al principado, tras su forzado exilio en Sudáfrica y sus meses de reposo en una clínica suiza. No es difícil ver en ella a una mujer más segura de sí misma, más consciente de su papel, más natural.
«Me siento en plena forma, feliz y serena», declaraba en una entrevista concedida este otoño a una publicación sudafricana. «¿Por qué todo el mundo quiere vernos separados?», se preguntaba, abordando, por primera vez y de forma directa los constantes rumores sobre su matrimonio . La contundencia de sus palabras señalaban que algo había cambiado en la actitud de la princesa.
El 19 de noviembre, en las celebraciones de la fiesta nacional de Mónaco, Charlène y Carolina sonreían una junto a otra. ¿Realidad o pantomima? Pocas veces se han mostrado tan afables y aparentemente relajadas. Esa nueva complicidad llamó la atención. La revista francesa «Point de vue», siempre bien informada, se hizo eco de uno de esos momentos, en la tradicional Gala celebrada esa misma noche.
Charlène y Carolina estaban presentes al lado de Alberto. La esposa de Alberto eligió un elegante diseño de Didier Angelo, todo bordado en lentejuelas rojo sangre, mientras que Carolina escogió, una vez más, un «look» de Chanel, con falda azul. Pero lo que llamó la atención fueron las sonrisas de Charlène y Carolina y su intercambio de miradas afectuosas. A la gala también asistieron la princesa Alexandra de Hannover y el hermano de Charlène Sean Wittstock con su mujer. Quizá esto las hizo sentir más tranquilas.