EL ENIGMA BALENCIAGA

Por qué las aristócratas se desmayaban y Audrey Hepburn quiso echar espuma por la boca en un desfile de Cristóbal Balenciaga

María Fernández-Miranda descubre e imagina a Cristóbal Balenciaga en 'El enigma Balenciaga', su nuevo libro. La escritora cuenta cosas maravillosas, como el efecto que sus diseños causaban en sus clientas famosas y aristócratas.

Audrey Hepburn no era fácil de impresionar, pues ya llevaba los increíbles diseños de Givenchy. Sin embargo, ante Balenciaga perdía el sentido. / GTRES

Elena de los Ríos
Elena de los Ríos

Cristóbal Balenciaga es parada obligad a para las amantes de la moda y un reto para aquellas que, además, han hecho de tal negocio su casa. Es el caso de María Fernández-Miranda, periodista experta en la industria del lujo y escritora que se atreve a imaginar siete escenas clave en la vida del modista vasco, ayudada por su intuición y toneladas de documentación. Se trata de despejarEl Enigma Balenciaga (Ed. Plaza & Janés).

Aunque aquí narra la escritora, satisface comprobar que no ha fallado el olfato periodístico de Fernández-Miranda. Sus escenas imaginadas se suceden al hilo de revelaciones, impresiones y hallazgos que la escritora recoge de personas que conocieron a Cristóbal Balenciaga , a sus clientas o son expertos internacionales en su figura. Todos ellos, junto a lo que publicaban las crónicas de la época, logran un retrato fascinante del maestro de Getaria.

Conocemos a las aristócratas españolas que acompañaron a Cristóbal Balenciaga a lo largo de su vida. Fueron casi todas, con la excepción de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba . Una muy joven Cayetana se fotografió para Vogue con vestido de encaje y torera de Balenciaga, pero por lo general fue fiel a su modista de cabecera Flora Villarreal. Las clientas más fieles del modista vasco fueron tres marquesas: Blanca Carrillo de Albornoz y Elío, marquesa de Casa Torres; su hija Blanca, marquesa de Casa Riera, y Sonsoles de Icaza, marquesa de Llanzol.

Balenciaga vistió a todas las mujeres que eran alguien

Pero los increíbles diseños de Balenciag a no hacían soñar únicamente a la alta sociedad española. La reputación de su exquisitez y gran clase alcanzó renombre mundial y las millonarias globales y estrellas del Hollywood de la época también se disputaban los favores indumentarios del creador. No hay que decir que las actrices españolas fueron de las primeras en llevar su ropa: «Isabel Garcés exigía por contrato que sus vestidos llevaran la firma del vasco», cuenta María Fernández-Miranda. «Luego se los quedaba, y así fue como compuso un fondo de armario formidable, lo cual no deja de tener su mérito».

Un jovencísimo Cristóbal Balenciaga, antes de abrir su famoso taller de París. (FOTO: GETTY IMAGES)

Es verdad que Cristóbal Balenciaga vistió a todas las mujeres que, en su época, «eran alguien». Hablamos de Jackie Kennedy, Grace Kelly, Marella Agnelli, Helena Rubinstein o Wallis Simpson.La multimillonaria Barbara Hutton recibía a las vendedoras de Balenciaga en su suite de Ritz de París bebiendo ginebra. «Era capaz de comprar el mismo vestido hasta en tres colores diferentes», desvela Fernández-Miranda.

La escritora apunta que, en cierta ocasión, Mona Bismarck «encargó 150 vestidos del tirón». La coleccionista de arte y millonaria estadounidense Bunnie Mellon atesoró más de 600 piezas de Balenciaga y Claudia Heard, heredera texana, pidió ser enterrada con su vestido favorito «para que el modista pudiera reconocerla inmediatamente cuando se encontraran en el Más Allá». Todas eran verdaderas adictas, hasta el punto de que el guipuzcoano las apodaba 'las balenciagas'.

Todo Hollywood quiso llevar un Balenciaga

María Fernández-Miranda ha averiguado qué actrices calificaron para ser incluidas en este selecto grupo de 'balenciagas' adictas al español. Sin duda, Ava Gardner, habitual en el salón madrileño del diseñador. Marlene Dietrich dijo: «A mí jamás me tomó una medida, pero sus vestidos me quedaban perfectos». Debía ser así, pues todas las actrices que se quisieron elegantes lucieron sus piezas: Rita Hayworth, Lauren Bacall, Elizabeth Taylor, Ginger Rogers, Ingrid Bergman, Romy Schneider...

Audrey Hepburn, en un desfile de alta costura de París, en los años 50. / getty images

Difícil hacernos hoy una idea de lo que el modisto vasco representaba para sus clientas. La ágil prosa de María Fernández-Miranda lo consigue con dos anécdotas de dos 'insiders' de la industria. Uno, el diseñador Hubert de Givenchy, gran amigo de Cristóbal Balenciaga, quien decía: «Ver sus colecciones me hacía llorar. Era asistir al nacimiento de una sinfonía». La otra, la mítica editora de moda Diana Vreeland , presenció escenas impagables. Ante un Balenciaga, las estrellas perdían su gelidez y se convertían en desmayadas fans.

Millonarias y estrellas del cine se desmayaban

«Una nunca sabía qué era lo que iba a ver en una presentación de Balenciaga», escribió Vreeland en sus memorias. «Una se desmayaba. Era posible estallar y morir. Recuerdo que, en un desfile de principios de los años sesenta organizado para las clientas más que para los compradores, Audrey Hepburn se giró hacia mí y me preguntó cómo es que no estaba echando espuma por la boca con lo que estaba viendo».

«Le contesté que intentaba parecer tranquila e indiferente porque, al fin y al cabo, pertenecía a la prensa», continúa relatando Vreeland. «Al otro lado de la pasarela, Gloria Guinness se había deslizado silla abajo hasta el suelo. Todo el mundo estaba bajo el influjo del drama, de la espuma y los truenos. No sabíamos qué nos estaba pasando, fue glorioso. Bueno, lo que estaba pasando es que Balenciaga presentó por primera vez el 'maillot'». Era el antecedente del actual bañador, confeccionado en lana y, entonces, arrebatadoramente sexy.