Las infantas Elena y Cristina, deslumbrantes en 2009. /
A pocos meses de cumplir 60 años, la infanta Cristina puede presumir de dejar la cincuentena en plena forma física. De hecho, en las dos bodas griegas a las que ha asistido este año ha llamado muchísimo la atención su elegancia y belleza: el contraste con el estilo deportivo y más bien masculino que luce habitualmente subraya su espléndida madurez. Ahora sí se puede decir: el divorcio de Iñaki Urdangarin le ha sentado bien.
El glow up de la soltería, ese venirse arriba que anuncia la superación de la ruptura, suele incluir hoy no solo un vestuario actualizado o una silueta reacondicionada (el famoso cuerpo de la venganza), sino alguna que otra visita a la clínica de estética. Para las nuevas solteras que buscan un arreglo integral de chapa y pintura, retoques y cirugía se ponen más a tiro que nunca. Sin embargo, ni la infanta Elena en su momento ni la infanta Cristina se han atrevido con el quirófano .
Con su divorcio de Jaime de Marichalar en 2010, Elena de Borbón desapareció prácticamente de panorama social y se refugió en sus amigos íntimos. Solo tenía 47 años, con lo que perfectamente cabía la posibilidad de que rehiciera su vida. No fue así, sin embargo, y de hecho hoy sabemos los muchos quebraderos de cabeza que le dieron sus hijos, Froilán y Victoria Federica, y que su tremenda fe religiosa quizá le complicó volver a emparejarse. Por descontado, no hubo retoques ni demasiados cambios en su físico de amazona.
A sus 61 años, la infanta Elena está en gran forma física y mejor humor. Luce, además, el rostro que corresponde a su edad con la naturalidad que la caracteriza. Hay que celebrar que mujeres maduras con esta relevancia pública defiendan la belleza y dignidad de las huellas del tiempo, esas que con tanto ahínco nos animan a borrar. En este sentido, Elena de Borbón se alinea con royals de primera fila que también han renunciado a cambiar sus facciones.
La infanta Elena, en una foto reciente. /
Basta revisar cualquier fotografía reciente de Máxima de Holanda , la reina de Países Bajos, o de Mary de Dinamarca, también ya en la cincuentena , para advertir que ninguna de las dos ha visto conveniente o necesario atenuar las arrugas de expresión que ya lucen en el rostro. Para qué hacerlo, cuando la belleza estética ya no es razón de la popularidad o del afecto de sus conciudadanos. Al contrario: son mujeres que operan desde la experiencia, el saber y su propia autoridad. ¿Puede ser no operarse un privilegio de la más alta aristocracia?
Merece la pena planteárnoslo a la luz del ejemplo de estas poderosas mujeres: ¿y si gastar tanto tiempo, dinero y preocupación en lo que se arruga y se cae es un trámite que solo es obligatorio para algunas, no precisamente las más afortunadas? De hecho, podemos comprobar que la infanta Cristina tampoco parece inclinada a pasar por el quirófano para quitarse años, aunque la veamos más radiante que nunca.
Lo ha desvelado la revista Hola: el deseo de la infanta Cristina es «envejecer con arrugas, de manera natural». Pero, cuidado, eso no quiere decir que la hermana del rey Felipe no cuide su cutis con mimo. Parece que Cristina de Borbón recurre a vitaminas, suplementos y tratamientos en cabina para lucir una piel luminosa, pero de rellenar, estirar o recortar en un quirófano nada de nada. Todo lo que signifique anestesia queda fuera de las opciones de belleza que se plantea.
La infanta Cristina, fotografiada en la preboda de Nicolás de Grecia. /
La misma revista apunta a un dato biográfico para explicar esta alergia a la cirugía estética y sus alrededores: el fallecimiento de la reina Federica, su abuela materna , precisamente en una operación de estética que iba a retirar unas acumulaciones de grasa bajo los párpados, unas lesiones benignas conocidos como xantelasmas. Una intervención de lo más habitual hoy en día que ni requiere hospitalización. Federica de Grecia falleció, desafortunadamente, de un infarto de miocardio.
A buen seguro, el trágico fallecimiento de la reina Federica debió afectar a las infantas Elena y Cristina, que entonces tenían 16 y 14 años. ¿Tanto como para disuadirlas de esos recurrentes retoques? Puede ser, pues eran suficientemente mayores. Además, su abuela Federica murió prematuramente: solo tenía 64 años y gozaba de un perfecto estado de salud cuando ese pequeño gesto de vanidad desembocó en la peor de las circunstancias.
Sí hubo un cambio que la infanta Cristina ha querido implementar y que, además, también han adoptado Alexia de Grecia y la infanta Elena: las tres han abandonado o minimizado el consumo de carne. De hecho, siguen los pasos de la reina Sofía, conocida pescetariana. Esta se queda un pasito por detrás de su hermana, Irene de Grecia, en lo que a restricciones alimenticias se refiere: Irene es vegana y no come animales ni derivados de los animales en absoluto.