La infanta Cristina ha acudido a varias bodas en los últimos meses, la última la de Victoria Matossian. /
Es la gran incógnita por resolver en lo que respecta a familias reales y sus alrededores: no sabemos a ciencia cierta a qué dedican el tiempo libre y cómo es, realmente, su vida social. De los reyes Felipe y Letizia sabemos que van al cine, pero nada nos dicen en realidad sobre quiénes son sus amigos, a qué fiestas van o qué mansiones y palacios frecuentan para socializar. De la infanta Cristina sabemos aún menos .
Desde que se marchara a vivir a Ginebra, allá por 2013, la vida privada de la infanta Cristina se parapetó tras un muro de hierro. El divorcio de Iñaki Urdangarin y el lógico acercamiento a sus hijos, su mayor apoyo, han facilitado que la veamos más a menudo en Barcelona, para asistir a los partidos con el Granollers de su hijo Pablo. Más allá de eso, apenas nada. No la vemos ni cuando viene a Zarzuela a visitar a la reina Sofía.
Por no saberse, de la infanta Cristina no se conocen ni sus amistades más sociales, más allá de sus fieles de toda la vida, como su prima Alexia de Grecia. Es improbable que una mujer tan activa y bien relacionada como la hija menor de los reyes eméritos no tenga un círculo social abundante, interesante y entretenido. Sin embargo, como ocurre con los miembros de las familias más pudientes, su ocio de alto nivel queda oculto al escrutinio público.
De manera muy excepcional, hemos podido certificar al menos un evento social al que la infanta Cristina ha asistido por razones la mar de lógicas. Se trata de la boda de Victoria Matossian con el príncipe Cecil von Croy que se celebró el pasado fin de semana en la iglesia de San Pedro Apóstol de Fuente el Saz de Jarama. La novia iba con joyas de su abuela, Tessa de Baviera. Entre ellas una tiara de esmeraldas que un día fue propiedad de Isabel II.
¿Por qué estaba la infanta Cristina en la boda de Victoria Matossian? Evidentemente, el parentesco explica esta aparición en sociedad: la novia es nieta de la princesa Tessa de Baviera, prima segunda del rey Juan Carlos. La relación de primos es ciertamente estrecha y viene de lejos. «Cuando viajó a España de pequeño, venía a comer a mi casa», recordó Tessa de Baviera en 'Vanity Fair'. Estaba solo y se sentía arropado por nosotros. Era de la edad de mi hermano Fernando y estaba muy unido a él. También le gustaba consultar asuntos con mi padre, el infante José Eugenio de Baviera (hijo de una hermana del rey Alfonso XIII y primo hermano de don Juan). Ha seguido siendo un invitado especial».
La protección del rey Juan Carlos a la familia de José Eugenio de Baviera quedó también certificada con otra revelación de la princesa Tessa de Baviera en la misma entrevista. En 2020, contó: «Una vez fui a verlo para contarle un problema. Me dio un magnífico consejo y llamó a un abogado de su confianza para que me recibiera y llevara mi caso». En febrero de 2024, en declaraciones a El Español, se mostró algo más crítica con su primo: «Juan Carlos está rodeado de pelotas. Yo le digo la verdad y le molesta. Me da mucha pena, pero ha metido la pata».
Sea como fuere la relación entre primos, lo cierto es que ambas familias continúan estando presentes en las alegrías y las penas. Y ya que el rey Juan Carlos no tiene la movilidad deseada como para venir a España cada vez que ocurre un acontecimiento feliz como una boda, al menos sí puede enviar a una emisaria directa, como es la infanta Cristina. ¿Se lo pasó bien la hermana del rey Felipe en el enlace de Victoria Mattosian? Lo pudimos comprobar en una fotografía de los novios tomada en la famosa finca Soto de Mozanaque, propiedad de Ionannes Osorio, duque de Alburquerque, donde se celebró el convite nupcial.
En la fotografía, justo detrás de unos novios que se muestran exultantemente felices, podemos ver perfectamente a la infanta Cristina. Está sentada en un sillón en lo que parece una zona de paso o, quizá, uno de los laterales de algún salón. Dos cosas saltan a la vista de la imagen. Por un lado, la hermana del rey Felipe no parece demasiado integrada en la celebración, pues la vemos acompañada por una sola persona, que la mira atentamente con un gesto de preocupación. ¿De qué estarían hablando?
El rostro de la infanta Cristina no denota, desafortunadamente, demasiada alegría. Más que participar en una celebración, parece que está compartiendo confidencias que le causan cierto malestar, dolor o preocupación con una amiga. No parece que se lo esté pasando demasiado bien, como corresponde a una boda, sino más bien todo lo contrario. Si esto es lo que podemos esperar de la vida social de la infanta Cristina, decepciona totalmente nuestras expectativas. Definitivamente, en la grada del Granollers, contemplando jugar a su hijo, la vemos mucho más feliz.