Una de las pocas fotografías recientes de la infanta Cristina y la infanta Elena paseando tranquilamente por la calle. /
Fueron unos pocos minutos, suficientes como para entrar y salir del restaurante de Coco Montes a paso rápido. Y, sin embargo, en dicho breve trayecto pudo verse mucho de lo que la familia real esconde, disimula o no dice. Sobre todo en lo que respecta a las infantas Elena y Cristina, hermanas tantas veces comparadas y hoy sufridoras de vidas con importantes paralelismos. A ninguna le han faltado drama, pero la manera de sobrellevarlo ha sido radicalmente distinta.
La infanta Elena llegó más que sonriente a su fiesta de cumpleaños , pero lo abandonó directamente exultante. Dicen que sus buenas artes en pos de la concordia familiar promovieron la inesperada asistencia de los reyes Felipe y Letizia pero, además, se visualizó su especial vínculo con el rey emérito Juan Carlos y la afectuosa relación que mantiene con sus hijos, Froilán y Victoria Federica.
Cristina, sin embargo, apareció directamente parapetada detrás de su madre, la reina emérita Sofía, esta sí tan contenta como Elena de Borbón de reunir a toda la familia bajo el mismo techo, por fin. La sonrisa nerviosa de la ex duquesa de Palma delataba la incomodidad que le provocaba la cita, proyectada también en la seriedad de sus hijos, sobre todo de Juan Valentín e Irene. Su lenguaje corporal decía: este no es un plato que me vaya a comer a gusto.
Podemos atribuir al encuentro con Felipe y Letizia la incomodidad de la infanta Cristina, aunque otros factores podrían hacer afectado a la hija pequeña de los reyes eméritos Juan Carlos y Sofía. Por ejemplo, el anuncio de la inminencia de un divorcio mil veces anunciado y aún no consumado. Iñaki Urdangarin, de hecho, ha reiniciado su vida sentimental con otra mujer, pero Cristina parece abonada al drama de la divorciada . Diríamos, incluso, a la tragedia.
Cómo se puede calificar el hecho de que la infanta Cristina acudiera a la fiesta por el 60 cumpleaños de Elena con su alianza matrimonial en el dedo anular, tal y como algunos observadores sostienen. No es fácil determinarlo, pues la ex duquesa de Palma procuró taparse la mano durante el breve trayecto que la separó de su coche a la puerta del restaurante.
De ser cierta la observación, resulta sorprendente cómo la infanta Cristina se aferra a su matrimonio y definitivamente a un tiempo que cualquier otra persona habría querido olvidar inmediatamente. Es, precisamente, lo que hizo la infanta Elena, abocada a un evento aún más dramático que el juicio de Palma con el ictus de Jaime de Marichalar. Aquello sí que fue un episodio de vida o muerte.
Desafortunadamente, en los últimos meses ha sido más factible ver a las infantas en entierros que en celebraciones familiares. /
No solo la vivencia de la infanta Elena fue más trágica, pues el padre de sus dos hijos pudo haber perdido la vida. Además, su divorcio fue el más difícil de llevar a cabo por ser, al fin y al cabo, el primero. Ni el rey Juan Carlos ni la reina Sofía deseaban que su hija se separara y anhelaron hasta el último minuto una reconciliación. En vano, pues la situación entre Elena y Jaime de Marichalar era insostenible. De hecho, apenas han vuelto a hablarse desde que rompieron.
No solo fue mucho más difícil su divorcio, sino que los hijos de la infanta Elena le han provocado quebraderos de cabeza impensables para los de la infanta Cristina. Esta tiene la suerte de haber educado a cuatro jóvenes discretos, tranquilos y estudiosos, todo lo contrario que su inquieto primo Froilán y la polémica influencer Victoria Federica . Sin embargo, es Cristina la que dramatiza sus vivencias, mientras que Elena las lleva con total entereza.
Con 60 años y una vida más que asentada, la infanta Elena tiene poco que demostrar. Lleva una vida tranquilísima, con su trabajo de siempre en Mapfre, su residencia en barrio bien (pero no súper pijo) de Madrid y su círculo de amigos de total confianza, aunque jamás le ha hecho ascos a alternar con el artisteo nacional puntualmente. De todos modos, su vida social es discreta. Desde que se divorció, apenas se sabe de ella. Toros, regatas, algún concurso hípico y poco más.
La reina Sofía y la infanta Cristina, a su llegada al almuerzo en el que la familia del rey celebró el 60 cumpleaños de Elena. /
Si Cristina continúa subrayando su vinculación con Iñaki Urdangarin y un pasado que cualquier querría olvidar, Elena supo dar carpetazo a una relación fallida y centrarse en su propia vida. Hasta cuando sus hijos comenzaron a ponerle las cosas difíciles, supo reconducir la situación. Al menos con Froilán, aparentemente contento en Abu Dabi. Victoria Federica es otra cuestión. La joven rompió el misterio de su relación con su madre con una felicitación de cumpleaños reveladora.
«Han sido momento difíciles, en especial este último año, y siempre he notado tu apoyo incondicional, tu cariño y tus buenos consejos a pesar de las diferencias», escribió Victoria Federica, a petición de 'Vanitatis'. Imposible imaginar ahora mismo que Irene Urdangarin accediera a escribir públicamente a la infanta Cristina y admitir cualquier roce con ella. Y si lo hiciera, ¿lo llevaría con tanta circunspección como Elena? Difícil. La hermana mayor lleva, por lo que vemos, delantera.