El rey Carlos III y su hijo, el príncipe Harry. /
Por mucho que Diana de Gales pregonara a los cuatro vientos que el príncipe Harry era el más parecido a ella misma, se equivocaba por completo: la trayectoria vital del duque de Sussex y de su padre, el rey Carlos III , demuestra que son almas gemelas y que el hijo ha seguido, punto por punto, las meteduras de pata del padre. ¿No es acaso ese un buen motivo para que se perdonen mutuamente?
La última visita de Harry a Londres, que tuvo lugar la semana pasada, podría haber sido un buen escenario perfecto para hacerlo. Muy poco ha trascendido de esa reunión secreta, más allá de que el duque de Sussex se vio con su padre, pero no con su hermano . Aparentemente, Harry voló a la capital inglesa para interesarse por el estado de salud de su padre, aunque ahora, otras voces apuntan a una razón de peso más protocolario.
Según la periodista Concha Calleja, el motivo de la visita del duque de Sussex sería un tema más institucional que familiar: «Hay una crisis de salud grave donde dos de sus miembros de alto rango están ahora mismo fuera de circulación y se tiene que poner la maquinaria que se tiene que poner», explicaba la experta en información sobre la casa real británica en Fiesta, el programa de Telecinco.
Sea como fuere, los motivos de Carlos para personar a Harry están argumentados por el pasado de los dos y su propia personalidad. Ambos comparten problemas de carácter con ataques de ira incluidos, han colocado su cabezonería sentimental por encima de la familia y han estado a punto de destruir el reinado de los Windsor hablando de más de la cuenta con quien no debían.
Las similitudes entre el comportamiento del príncipe Harry y el de su padre son fáciles de detectar desde la más tierna infancia del «repuesto» de Guillermo si alguien hubiera querido prestar suficiente intención al pelirrojo como para darse cuenta de ello; de aquellos barros vienen estos lodos.
La vida familiar de ambos fue un desastre, sus figuras paternas dejaron mucho que desear en cuanto a afectividad, su etapa escolar (uno en Eton y otro en Escocia) fue poco menos que traumática y su experiencia en el ejército ídem. Si Harry estuvo a punto de perder la vida en Afganistán, el príncipe Carlos de 23 años que se tiró en paracaídas porque era Coronel en Jefe del Regimiento de Paracaidistas de la RAF en 1977 no murió por poco: y tuvo que ser rescatado del mar por la Royal Navy.
¿Y la actual batalla del príncipe Harry contra la prensa británica ? Un calco de la actitud paterna con la prensa. El anecdotario de Carlos contra los tabloides y los periodistas es tan antiguo como su primer posado, pero la anécdota más recordada se produjo en 2005 durante un posado pactado en la estación de esquí de Klosters donde llamó a los periodistas con claridad y el micro abierto «maldita gente» y entre otras perlas calificó al periodista de la BBC de «hombre horrible» al que no soportaba. Curiosamente, en ese mismo posado también se escuchó a Harry contestar a su padre con sorna, «esto es tan divertido» mientras Guillermo permanecía mudo manteniendo el tipo y la sonrisa.
Pero si existe un detalle en el que el todavía duque de Sussex y su padre son auténticas almas gemelas esa es la nefasta gestión de sus campañas amorosas en público. Mucho antes de que Meghan Markle jugara a ser royal o de que existiera Netflix, Carlos de Inglaterra puso en jaque el reinado de su madre con los mismos recursos que ha usado su hijo décadas después: una entrevista en televisión y un libro de memorias.
Era el año 1994, el entonces príncipe Carlos ya había sido humillado públicamente el año anterior con la publicación de su conversación íntima con Camilla Parker Bowles en los tabloides británicos (el famoso «Tampongate») y la gota que colmó el vaso llegó con la publicación del libro de Andrew Morton a mayor gloria de su ex, la princesa Diana. El futuro rey decidió luchar por su amada y su honor y lo hizo todo mal.
El príncipe Harrry y Carlos III de Inglaterra tiene personalidades muy similare. /
Daba la casualidad de que en 1994 se cumplían 25 de su proclamación como príncipe de Gales y heredero del trono y Carlos decidió convertir la ocasión en un lavado de cara y, de paso, una venganza contra su familia y Diana de Gales en formato entrevista televisada y libro de memorias.
Lo que consiguió, en realidad, es confesar en público que le había sido infiel a su mujer y que su familia era un completo desastre. Por resumir la reacción del público y la crítica tanto a sus confesiones televisadas como a sus maquilladísimas memorias podemos escoger la opinión de la articulista del New York Times, Michiko Kakutani: «Si uno no conociera los nombres de las famosas ex parejas retratadas en estos dos libros, pensaría que son un par de invitados más de Oprah o Donahue: víctimas de familias disfuncionales y de un mal matrimonio, que se entregan, alternativamente, a ataques de autocompasión y a búsquedas New Age de sentido y autoestima».
En definitiva, Carlos quedó retratado como un traidor a su familia y un llorón desconectado del mundo. Más que conectar con él consiguió que el público le rechazara. ¿Qué otro miembro de la familia real británica está consiguiendo exactamente el mismo efecto en la prensa y el público? Una pista, vive en Estados Unidos y promete seguir dando guerra y contando su sentida versión de los hechos en Netflix.