Así fue Charo Palacios, condesa de Montarco, la musa aristócrata de la Alta Costura española: un carácter muy fuerte, escándalos y un matrimonio polémico

La costura de Elio Berhanyer no se concibe sin Charo Palacios. Pero la condesa de Montarco fue mucho más que una musa de la mejor moda española. Su vida es digna de unas memorias que nunca escribió.

Charo Palacios, condesa de Montarco. / getty

Elena Castelló
Elena Castelló

Brilló por su elegancia en el Madrid de los años 50 y 60 y marcó un estilo propio que la llevó a las páginas de las revistas de moda, hasta casi el final de su vida. Rosario Palacios Calleja , nacida el 29 de diciembre de 1936 en Lisboa, hija de un eminente científico, Julio Palacios, uno de los preceptores de don Juan Carlos, tuvo una vida digna de un libro de memorias, que nunca escribió.

De carácter liberal e independiente, Charo Palacios, casada con Eduardo de Rojas, padre de Alejandra de Rojas , destacó entre las mujeres de su tiempo y de su clase social. Su vinculación con el mundo de la moda, por el que se sintió atraída desde muy joven, comenzó con una pequeña tienda en la madrileña calle de Alcalá.

Se convirtió en la modelo favorita de los desfiles del modisto Elio Berhanyer, icono de la alta costura de los años sesenta y setenta. Rosario, Charo para todos los que la conocían, era quien mejor lucía su ropa.

Elio Berhanyer comenzó su trayectoria como diseñador de vestuario de teatro. Abrió su estudio en 1960 en Madrid y Barcelona. Ocho años después lanzó su primera línea masculina y en los años 70 se inició en el «prêt-à-porter». Su imperio se extendió en más de 200 tiendas solo en España. Diseñó en los años 70 el vestuario de azafatas de vuelo de Iberia e, incluso, los uniformes de las azafatas del Mundial de Fútbol de 1982. Ava Gardner, Lucía Bosé, Nati Mistral y la propia Reina Sofía, lucieron algunas de sus más de 30.000 creaciones, a lo largo de 50 años de carrera.

Elio creaba pensando sobre todo en Charo. Su elegancia no solo procedía de su look, sino de la naturalidad y del saber estar con los que se desenvolvía en público. Era el centro de todas las miradas en los salones y en los desfiles. Impuso la costumbre de llevar los cabellos recogidos en un moño bajo o en coleta, con el pelo hacia atrás. Hablaba arrastrando ligeramente las erres. Contaba decenas de anécdotas de su relación con Elio y de su época de modelo. Escucharla era un placer.

Sus relaciones sociales eran privilegiadas. Fue invitada a la boda en Atenas del entonces príncipe don Juan Carlos con Sofía de Grecia. Pasaba los veranos en la residencia de verano que tenía su familia en Sanxenxo. Tuvo varios amores. El más conocido, el millonario Pepe Gandarias. Se cuenta que tenía un fuerte carácter y que, en una ocasión, en mitad de una discusión, en una fiesta, le estampó un cuadro en la cabeza. Él se retiró y ella continuó con toda naturalidad con la reunión.

De su relación con el periodista y escritor Enrique Herreros también se cuenta que reaccionó de forma airada, en una cena, cuando se dio cuenta de que él coqueteaba con la actriz Emma Penella: tomó una botella de vino y la arrojó entera sobre el vestido blanco de ella.

En 1967, Charo Palacios se casó con Eduardo de Rojas Ordóñez, quinto conde de Montarco, y fundador de La Falange, viudo de María Pardo-Manuel de Villena, su primera mujer, que falleció en 1965, y con la que tuvo cinco hijos. Él tenía sesenta años y ella era todavía una treintañera. Se instalaron en el exclusivo barrio madrileño de El Viso, en la calle de Doctor Arce. Tuvieron un niño llamado Julio, en honor del abuelo, que nació en 1968, y diez años después, una niña, Alejandra.

Charo Palacios, ya convertida en condesa, continuó trabajando para Elio Berhanyer, aunque dejó de desfilar como modelo pasando a ejercer de relaciones públicas de la firma. Fue musa y directora de imagen de Elio Berhanyer. Su nombre siempre figuraba en las listas de las mujeres más elegantes.

La relación de Alejandra con sus hermanastros, que tenían la misma edad que su madre, fue siempre buena. Sin embargo, las cosas se torcieron en 2004, cuando Ana de Rojas, la menor de sus hermanastros –el resto ya había fallecido– concedió una entrevista a la revista «Vanity Fair» junto con su sobrino Rodrigo Zuazu de Rojas, actual conde de Montarco, en la que lamentaban que Charo Palacios hubiera utilizado el título de condesa de Montarco durante su matrimonio y tras la muerte de su marido, en 2005.

Ella era solo la segunda esposa del conde de Montarco y el título lo ostentaba la primogénita, Blanca de Rojas y, a su muerte, su hijo Rodrigo. Esa confusión llevó, según Ana y su sobrino, a que Charo se quedara con parte de la herencia de la madre, la auténtica condesa de Montarco, y Alejandra de Rojas con pertenencias de la abuela materna, que no le correspondían. Ana de Rojas no fue invitada a la boda de Alejandra el 1 de diciembre de 2018, aunque sí lo fueron sus sobrinos.

Charo fue muy querida por su discreción y su sentido del humor, pero también por las numerosas causas sociales en las que estuvo involucrada. Siempre trató de preservar al máximo su intimidad, tanto en su faceta profesional, como en la personal y familiar. Enfermó el 30 de diciembre de 2002, cuando tuvo una caída tras una cena con amigos para celebrar su 63 cumpleaños. Se golpeó fuertemente en la cabeza y su estado de salud se deterioró a partir de entonces. Murió el 25 de noviembre de 2016, a los 79 años. Fue velada en su casa madrileña de El Viso y luego incinerada, en la más estricta intimidad.