El retorno de los Trump: así podría ser su polémica vuelta a la Casa Blanca rodeada de mentiras, escándalos y una familia dividida por el poder (de Melania a Ivanka)

La segunda era Trump ha comenzado. La campaña que quiere devolver al presidente más polémico de la historia de Estados Unidos a la Casa Blanca acaba de arrancar en mitad de una tormenta de causas judiciales, una familia menos fascinada por el poder que antes y un nuevo e inquietante rival.

Donald Trump, su esposa Melania, su nuera Kimberly Guilfoyle, y sus hijos Barron, Donald Jr. e Ivanka, saliendo del funeral de Ivana Trump, primera esposa del presidente, el pasado 20 de julio / DR

Ixone Díaz Landaluce

A nadie sorprendió la escena megalomaníaca. Rodeado de una docena de banderas, jaleado por sus fans y con el salón de baile de su mansión de Florida como escenario, durante 60 minutos Donald Trump dio el discurso que se esperaba: plagado de mentiras, ataques viscerales y las mismas promesas vacías de siempre. Todo para anunciar lo ya sabido: que en 2024 volverá a aspirar a la Casa Blanca.

« Haremos que América recupere la gloria». El presidente que sobrevivió a dos procesos de impeachment y jaleó el asalto al Capitolio, inauguraba así su segunda era política. Lo hacía en Mar-a-Lago, la propiedad en Florida donde la familia se ha bunkerizado desde que dejaron Washington, que apenas abandonan (quizá porque no son bienvenidos en casi ninguna parte) y desde donde planean gestionar su regreso al poder.

Don Jr. desbanca a Ivanka como 'sucesor' de Donald Trump

Pero, ¿ forman hoy los Trump un frente tan unido como en 2020? Si es así, no lo parece. Las incógnitas sobre el papel que sus hijos jugarán en la campaña (y potencialmente en una segunda administración Trump) empiezan a despejarse. Por un lado, están Ivanka y su marido, Jared Kushner, que después de ejercer de asesores del presidente en la Casa Blanca (sin retribución, pero con gran capacidad de influencia) terminaron calcinados por la experiencia.

Según la prensa norteamericana, la hija favorita del presidente está más distanciada que nunca de su padre. Antes omnipresente en todo tipo de actos políticos, Ivanka Trump ni siquiera acompañó a su padre durante el anuncio ni hizo una sola mención en sus redes sociales. « Quiero mucho a mi padre, pero esta vez voy a priorizar mi vida privada y a mi familia. No voy a involucrarme en política», desveló en televisión unas horas más tarde.

Ivanka Trump con su marido.

En opinión de Daniel Lippman, periodista de Politico especializado en la información de Washington y la Casa Blanca, es posible que el matrimonio juegue un papel más o menos informal durante la campaña, pero nadie espera que vuelvan a Washington. Los rumores de que Ivanka podría perseguir su propia carrera política (o aspirar, incluso, a la vicepresidencia ) son ya historia antigua.

«Nunca ha ejercido un cargo electo ni lo ha intentado. Ivanka desapareció. Al menos, su hermano hace vídeos en los que se desgañita contra el presidente Biden, pero ella ni siquiera está presente en el debate público», asegura la influyente escritora y analista política Molly Jong-Fast.

Efectivamente, Don Jr., el más político de los hijos del presidente, es todo un fenómeno entre las bases republicanas. «Creo que tendrá un papel muy prominente, porque le interesa mucho la política y es muy popular entre los votantes. Pero tampoco creo que su papel vaya a ser muy diferente al que jugó en la campaña de 2020», opina Lippman.

¿Melania Trump quiere volver a ser primera dama?

Luego está Melania . Los rumores sobre ella durante su tiempo en la Casa Blanca corrían en todas las direcciones: desde los que aseguraban que odiaba Washington y su trabajo como first lady hasta los que afirmaban que, con el paso de los años, había conseguido encontrarle el punto a un cargo sin atribuciones específicas ni sueldo. «Nunca digas nunca», dijo en mayo, en su primera y única entrevista desde que abandonó Washington, sobre su futuro y la perspectiva de volver a la Casa Blanca.

Donald Trump con Melania, el día que anunció que volverá a aspirar a la Casa Blanca.

En los dos últimos años, toda su actividad pública se ha limitado a poner en marcha lo que ella misma ha definido como sus «proyectos NFT». Algunos de los coleccionables digitales comercializados por la ex primera dama, y que solo puede comprarse con criptomonedas, han salido a la venta por un precio inicial de 250.000 dólares.

«Él no tomaría esta decisión si ella estuviera totalmente en contra de la idea. Como primera dama tuvo sus altibajos, pero creo que le gustaba Washington. Probablemente, en los dos últimos años, él haya conseguido convencerla. Trump puede ser muy persuasivo», señala Lippman. Él, en cambio, lo ha tenido claro desde el principio. «Si ganan, debería llevarme todo el crédito y si pierden, no deberían responsabilizarme de nada», dijo poco antes de las elecciones de mitad de mandato celebradas a principios de noviembre.

Los escándalos judiciales y de corrupción a los que se enfrenta Trump

No era ironía, sino pura lógica trumpiana. Y la profecía autocumplida se materializó. La marea roja que habían anunciado las encuestas y los analistas políticos no se confirmó en las urnas y los demócratas consiguieron retener el control del Senado y pelear por la Cámara de Representantes. Pero aunque el plebiscito en el que Trump había convertido las midterms no tuvo el resultado que el presidente había imaginado, eso no impidió que hiciera el anuncio.

Quiere vengar su derrota de 2020 –afirma Lippman–. Le encantaba ser presidente. Por eso, y porque piensa que Joe Biden está haciendo un mal trabajo, quiere volver al Despacho Oval. Además, quiere asegurarse un legado político. Y cree que la única manera de hacerlo es presentarse de nuevo y ganar», señala el analista. Molly Jong-Fast tiene su propia teoría: «Por lo que creo y me cuenta gente de su entorno, se presenta porque cree que eso evitará que el Departamento de Justicia lo impute. Pero no estoy segura de que vaya a conseguirlo. Es la tercera elección consecutiva que es una debacle para él. Pero no sé si eso le importa».

«Aunque ahora mismo vaya por delante en las encuestas, no va a ser un camino de rosas para él», reconoce Lippman. Sobre todo, si finalmente es imputado en alguna de las investigaciones que hay abiertas en su contra. «Es pronto para decirlo, pero creo que podría encontrarse en una situación muy complicada. El Departamento de Justicia no investiga a la gente por nada», opina el periodista.

Se refiere, en concreto, al caso de los documentos secretos que Trump se llevó de la Casa Blanca y que propiciaron el registro de Mar-a-Lago en agosto, donde se incautaron más de 11.000 pruebas. Pero al presidente también se le investiga en el Estado de Nueva York, por las actividades de la Trump Organization, y en Georgia, por su presunto intento de anular el resultado electoral en las elecciones de 2020. Sin olvidar el comité del Congreso que indaga en su implicación en el asalto al Capitolio.

Llamado a testificar, Trump está tratando por todos los medios de evitar un show televisivo que podría ser letal para sus aspiraciones. «Hay que recordar que una de las que razones por las que retrasó su anuncio es que el Comité Nacional Republicano estaba pagando sus facturas legales. Y ahora dejará de hacerlo», apunta Molly Jong-Fast.

La campaña que empieza ahora podría durar dos años, pero a Trump le sobra la gasolina. «Tiene mucho dinero, ha recaudado decenas de millones de dólares más y se lo va a gastar para asegurarse de que tiene las mejores opciones de convertirse en el nominado republicano», señala Lippman. Con ese objetivo en mente, viajará sin descanso y se espera que contrate un gran equipo para gestionar su candidatura.

«Aunque no cree en los anuncios de televisión, le encantan los mítines. Le gusta hablar con sus votantes, conectar con las bases», afirma Lippman que cree que asistiremos a una campaña «caótica» en la que los republicanos moderados tratarán de esquivar a Trump para salvaguardar su reputación, pero en la que tampoco faltaran rivales en las primarias.

Los rivales de Donald Trump

El más fuerte y mejor posicionado de todos es el gobernador de Florida Ron DeSantis, antes un trumpista leal y ahora, su nuevo y flamante archienemigo. Con un problema añadido: DeSantis es un rival hecho, prácticamente, a su imagen y semejanza. «Es una estrella del rock entre los donantes conservadores a los que no les gusta Trump, pero sí el trumpismo. Muy anti-woke, le gusta atacar a los liberales en las guerras culturales y logró llegar al corazón de los votantes republicanos cuando durante la pandemia decidió mantener abierto el estado de Florida», recuerda el periodista de Politico.

Ron DeSantis con su familia.

Con un discurso ultraconservador y el puritanismo exacerbado por bandera ideológica, el gobernador de Florida siempre encontró en el presidente una fuente de inspiración populista. « Es una especie de mini Trump. Es lo que vende en sus anuncios electorales en los que enseña a los niños a construir muros con ladrillos. Le encanta todo el espectáculo MAGA [Make America Great Again] y le fascinan las guerras culturales: ha puesto en marcha la conocida como Ley «no decir gay», para que los profesores no hablen sobre orientación sexual en los colegios, y también ha mantenido peleas públicas con Disney», explica Jong-Fast, que cree que el ex vicepresidente Mike Pence (antes miembro del núcleo duro de Trump y desde 2020 enfrentado visceralmente a él) también podría presentarse a un proceso de primarias al que podrían optar Chris Christie, Glenn Youngkin o el senador Ted Cruz.

Calma y continuidad son las palabras que resumen, de momento, la reacción del partido demócrata. «Han salido de las midterms mucho mejor de lo esperado. Lo que han hecho, está funcionando. Hasta la inflación ha bajado. Deben relajarse y dejar que Trump y DeSantis se peleen», explica Jong-Fast. Lippman coincide y añade un elemento más a la ecuación: «Su estrategia está centrada en que Biden sea el candidato. Es el único capaz de enfrentarse a Trump y ganar. No hay otros candidatos demócratas fuertes».

Abrir el melón de la sucesión podría allanar el camino al presidente. El fantasma de 2016 sigue sobrevolando la política norteamericana. Pero, ¿qué aspecto tendría una segunda administración Trump si consiguiera culminar su regreso a la Casa Blanca? «Creo que consistirá en tratar de vengarse de aquellos que sienta que le han hecho daño y de instalar a leales a su alrededor, como hizo cuando perdió en 2020. Será una caza constante de sus enemigos. Y será aterrador», vaticina la analista Molly Jong-Fast.