TRAGEDIA EN VALENCIA

Hablamos con la chef Pepa Muñoz en la zona cero de la DANA: «Muchísima gente necesita un plato caliente»

Han pasado diez días y Pepa Muñoz sigue en Valencia junto al equipo de la World Central Kitchen. Sin fechas, sin horario, sin límites. Desde por la mañana con el chocolatito caliente hasta la última cena. Se mueven en convoy y reparten la comida sobre el terreno. En Alfafar, Paiporta o Massanassa.

Pepa Muñoz, de World Central Kitchen, en Valencia con los afectados de la DANA: / MILA NIETO

Ángeles Castillo
Ángeles Castillo

Pillamos a Pepa Muñoz en el convoy de World Central Kitchen que mueve siete coches, precisamente, camino de la zona cero. La comunicación con ella se corta hasta tres veces. Oímos cómo pide paso a la guardia civil para entrar en Alfafar, uno de los pueblos devastados por la DANA que asoló Valencia el pasado 29 de octubre. El objetivo incluye también Benetússer y Massanassa.

La alma mater (en latín, madre nutricia; nunca mejor dicho) del restaurante El Qüenco de Pepa lleva ya más de una semana sobre el terreno. «Hoy es el undécimo día», hace recuento. Voló hasta allí cuando su colega el chef José Andrés movilizó a los suyos desde Washington y la impresionante maquinaria de esta ONG se puso a funcionar. Hoy está trabajando a pleno rendimiento con una eficacia asombrosa.

Llevan a bordo una gigantesca despensa en la que no falta de nada. No escatiman en recursos, pero tampoco en sabrosos y planeados menús. Tanto que han tenido en cuenta a la numerosa comunidad musulmana que hay por estos lares y preparan para ellos comida halal. Por descontado, también a la valenciana. No falta la paella, que siempre ha sido motivo de celebración comunitaria. Tampoco platos de cuchara. Muñoz enumera algunos mientras se dirige a destino: ragú de ternera o alubias con arroz blanco, «que también les gustan mucho». «Les hacemos lentejitas. Piden mucho caliente», añade. Todo por los afectados de la catástrofe de la DANA.

Nos podemos imaginar lo que significa poder comer así en una situación como esta. No es comida de batalla para ir tirando. El plato estrella de hoy es «un pavo guisadito con champiñones». Estamos hablando de gente, mucha, que lo ha perdido todo. «Piensa que ha habido barrios muy afectados de gente obrera, gente de campo, de huerta, que se ha quedado sin nada», destaca la cocinera.

A ellos sobre todo van destinadas estas raciones individuales, que «llevamos envasadas, en cambros (contenedores), en neveras». Calientes, pero también frías: « Bocadillos muy buenos, de pollo, de longaniza, de atún -se acuerda de nuevo de los musulmanes-, vegetales. Porque hay gente que no se puede parar a comer sentada».

Se refiere a los bomberos, UME, policías, guardia civil... Pepa Muñoz cita, por ejemplo, a los militares que han venido de Badajoz, «que no tienen aquí su casa ni familia y tienen que comer. Hay que darles un plato caliente. Su trabajo es descomunal». Han llegado a repartir hasta 35.000 comidas.

Desayuno, comida y cena para afectados y voluntarios

En la zona cero no hay horarios. Hubo fecha de entrada, pero no hay de salida. Es una acción humanitaria en toda regla: «Nosotros en emergencias no ponemos fecha. De momento sabemos que esto va para largo. Nos puede llevar meses aquí». ¿Horario?, la pregunta suena inoportuna. «Aquí no hay horario. Esta mañana se han ido temprano a dar chocolate calentito para los que están trabajando en la limpieza. Luego repartimos las comidas y cenas calientes. Es una emergencia, no podemos hablar de horarios», sentencia la chef.

Pepa Muñoz con el chef José Andrés, fudnador de World Central Kitchen, en Valencia. / mila nieto

La WCK tiene sus puntos de distribución en distintos pueblos, zona cero, hasta cubrirlo prácticamente todo. Volvemos los ojos al mapa y encontramos 50 municipios en su línea estratégica. En Paiporta, donde la reina Letizia pudo abrazar a las víctimas de la DANA, hay siete puntos; en Catarroja, cuatro; en Alfafar, tres; en Benetússer, dos. Es y seguirá siendo un no parar: «Vamos incrementando o disminuyendo los puntos de reparto según vemos. Ahora mismo donde estamos hace muchísima falta. No podemos disminuir ninguna comida. Todo lo contrario, estamos aumentando cada vez más».

Ella misma es una máquina. Habla con nosotros y está coordinándolo todo a la vez. «Los cubiertos, me he olvidado los cubiertos», exclama. También los ponen, de plástico, desechables. Más adelante habrá otra interrupción obligada en la conversación: «Espera, que tengo que ir con los chicos, que si no no pasamos el control». El convoy avanza. «Somos de primera necesidad, somos comida caliente, acción humanitaria», repite. Nos acordamos de Bertolt Brecht y su obra incidiendo en la compasión del ser humano. No ha habido guerra, pero el escenario se le parece.

Foodtrucks, comida caliente y muchos bocadillos

Por fortuna, muchas marcas se han volcado con estos voluntarios de los fogones. Una conocida cadena hotelera les ha cedido sus habitaciones, sus cocinas y sus salones de banquete. Y una marca de coches ha puesto a su disposición tres vehículos para la emergencia. Componen una flota en la que hay «otros coches que alquilamos, nuestras foodtrucks y furgonetas refrigeradas también alquiladas».

Con ellos se mueven para distribuir la comida. Son todo un ejército desplegado para llegar a cualquier rincón. El popular chef José Andrés les ha movilizado, igual que a un sinfín de famosos, caso de Rosalía . «En este punto -explica- estamos unos 150 o 200 voluntarios, pero tenemos otro punto en el CdT (Centro de Turismo de Valencia), que es donde hacemos los bocadillos, lo frío. Y allí hay otros ciento y pico voluntarios».

De hecho, están en todas partes. El despliegue es increíble: «Nosotros tenemos nuestro punto de distribución, nuestras carpas y nuestras mesas. Son puntos fijos. Ahora me ven que llego y van a coger la comida caliente allí». Lo narra en directo. La cadena funciona a las mil maravillas: « Son los voluntarios del pueblo los que llevan la comida caliente a quienes no se pueden desplazar: mayores, enfermos, discapacitados». Los voluntarios se cuentan por centenares y ya son ellos los que hacen los pedidos: «Necesitamos siete comidas para tres pisos». Pepa Muñoz no pierde la oportunidad de resaltar cómo se están volcando los jóvenes con la tragedia de la DANA. En efecto, la Generación Z no es de cristal .

Los chefs de Valencia también se movilizan

Esta batallón solidario incluye a los cocineros de Valencia. «World Central Kitchen compra a los chefs locales la ración por un precio módico que se ha acordado y también para mantener a sus equipos y no hacer ningún ERTE. A uno le compramos mil raciones, a otro setecientas, dependiendo de la capacidad del restaurante local». Y tienen, tal y como nos revela, hasta 30 en la lista. Sale a relucir el nombre de Edu Torres, el maestro arrocero de Molino Roca. «Están -matiza- los que pueden funcionar, que no todos pueden hacerlo. No tienen luz, no tienen agua, no tienen gas».

Llegados a este punto, no puede sino recordar que «el gremio está muy dañado, sobre todo los pequeños bares. Muchos no van a volver a abrir. Se va a perder un tejido empresarial importante en estos pueblos. Gente a la que ya no le quedaba nada para jubilarse y lo han perdido todo. No es lo mismo empezar de nuevo con 40 años que con 60. Es tremendo».

Pepa Muñoz, de World Central Kitchen, le lleva una comida a una vecina de los pueblos de Valencia afectados por la DANA. / mila nieto

La WCK ya tiene mucha experiencia en cocina de emergencia, subraya la chef. Aclara que lo suyo «no es trabajo, sino colaboración. Soy voluntaria de Jose (ella le quita el acento y nosotros le ponemos el Andrés), responsable en España desde el principio, desde que llegó aquí con la pandemia. Yo doy mucho, pero a mí me reporta mucho más, sobre todo emocionalmente». La ONG de José Andrés estuvo en la erupción del volcán de La Palma, en la borrasca Filomena en Madrid o en el terremoto de Marrakech, tres de sus intervenciones.

El agradecimiento de las víctimas a Pepa Muñoz

Se acumulan los «momentazos que estamos viviendo». «La gente está contrariada por muchas cosas, lloran, te abrazan, te dan las gracias. Todo el mundo nos da las gracias. No he recibido más gracias en mi vida», agrega. Y eso que está acostumbrada a los halagos por su alabadísimo restaurante.

Viene a cuento recordar ahora que Pepa Muñoz (Madrid, 1969) ya limpiaba calamares y boquerones en el negocio familiar con tan solo 9 años y que acompañaba a su padre, Pepe, en los catering que daba por toda la península. Que siempre ha puesto al agricultor, al pescador, al setero y al ganadero en el centro de su negocio. Y que ha metido en su eslogan la palabra sensibilidad.

Sus palabras son tajantes, certeras, no están para adornar ningún discurso. Sorprende su grandísima motivación y al mismo tiempo su nada edulcorado entusiasmo. «Estamos a tope», han sido sus primeras palabras al conseguir contactar por fin con ella. Los problemas en la zona cero también son de cobertura. «Espera, a ver si me deja pasar la guardia civil». Dice el número del convoy y seguimos.

Lo último ya es para señalar que «cuando hay una emergencia siempre le doy prioridad». Lo puede hacer «gracias a que tengo un equipazo en el restaurante». Al frente de El Qüenco de Pepa se ha quedado su medio centenar de empleados. Las cosas en la zona cero valenciana, fotografía, «van mejorando muy lento, pero van mejorando»

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